martes, 30 de octubre de 2012

Lamento de Riforfo Rex


Al parecer, quieren convencerme de eso, no soy un personaje real. Soy ficticio, dicen. Producto de la imaginación de una mente insatisfecha con la monotonía de su vida. Todo cuanto digo, siento, padezco, mi mismo respirar o reír, o mis reflexiones sobre la vida y la muerte, el amor, el pan o la política son, siempre, falsos. No existo. Nadie cree que lo que yo creo lo crea, que lo que yo amo lo ame, que lo que sueño lo sueñe auténticamente. Aunque crea ser sincero, miento, porque no soy yo sino otro el que me ha inventado sincero. Y hasta cuando miento miento y puede que en esos momentos esté expresando alguna verdad.
Esta misma reflexión se vuelve un ejercicio retórico de esa retorcida, insatisfecha mente.

sábado, 27 de octubre de 2012

Uno de los momentos más grandiosos del cine



Esa sensación de que uno es portador de algo grandioso que nadie es capaz de ver. (modestamente)

viernes, 26 de octubre de 2012

Amada


Nuestra amada, aquella que podría hacernos felices, la mujer que preferimos ante las demás, descrita por todas las canciones, por todos los poemas, por todas las historias de amor desde el principio de los tiempos, también quiere vivir un gran amor... con otro.


jueves, 25 de octubre de 2012

Fama póstuma



Soy un escritor de fama póstuma. Sí, la fama me vendrá después de muerto. Alguien, de los pocos que asistan a mi funeral -es muy probable que se haya equivocado y no se de cuenta hasta el último momento- escuchará unos de mis ignorados textos de la voz de alguno de los compungidos amigos que me queden – uno de los dos, los dos leen bien – y eso despertará su interés. No pasará nada en ese momento, porque el “alguien” advertirá que el nombre no coincide y se irá al piso de arriba, ya le extrañaba a él que hubiera tan poca gente del mundillo literario por allí; el muerto no es que fuera un figura, pero todos le conocían y le despreciaban, y además los funerales son una ocasión única para establecer contactos. Ya en su funeral correcto, el “alguien” comentará la anécdota y llamará la atención sobre el texto que fue declamado por mi compungido amigo. Lo comentará y otro dirá que recuerda haber leído un blog de un tal y que tenía buenas cosas. Quien lo dice será un tipo del que nuestro “alguien” es admirador secreto. Nunca se lo confesará porque eso es rebajarse demasiado, pero cualquier recomendación suya es acierto seguro. Así que cuando llegue a casa por la tarde, después de las charlas y las copas tras la inhumación o la incineración, el “alguien” echará un vistazo a mi blog, ya póstumo definitivamente. Y se quedará sorprendido. Le va a temblar el corazón. Verá un filón en todo aquello. Pero primero hay que asegurarse. Imprimirá unas cuantas entradas y se las llevará a un amigo que tiene una editorial donde le publican.
Oye, le dirá, échale un vistazo a esto, para mí que aquí hay algo. Y le explicará su anécdota que, dicho sea de paso, contará infinidad de veces más. Y bien agradecido que me estará porque le haré rico. Se encargará de la publicación de mi obra y de cobrar parte sustanciosa de los derechos, a más de conferencias y publicaciones críticas. Arreglará con mi cónyuga el asunto con un cierto aire desdeñoso, para no despertar su codicia.
Y así se publicará mi primer libro. Algunos meses después de mi muerte. Y aquello será como un incendio en verano. Un librito de relatos cortos con cierto gracejo, mucha picardía, y no poca reflexión sobre las cosas del mundo y demás cosas. Creo que este sería un buen título, largo para que llame la atención y se zafe un poco del rollo mediático que gusta de los nombres cortos e impactantes. Mi obra será principalmente leída por jóvenes, podría llamarse ligera, pero con su punto. Su punto filosófico, su punto cómico, su punto existencial – no sé qué significa, un crítico se especializará en el toque existencial de mi obra-. Será de esas obras que no requieren de grandes campañas publicitarias, sino que prenden de boca a boca. Los telediarios mencionarán el fenómeno Riforfo Rex como “uno de esos casos incomprensibles” y me compararán con el sueco ese de los crímenes. Por supuesto, todo esto ocurrirá primero a nivel local, para saltar inmediatamente a Madrid. Y de ahí a Berlín desde donde se traducirá a la mayoría de las lenguas cultas del mundo.
Y esto será solo con el primer libro. Yo creo que en el blog hay material para otros dos por lo menos. Ya digo, un chollo. Y si consiguen las claves de mi pc, sobre todo el del despacho, creo que podrían sacar otro volumen más con cosas inéditas – es decir, que nunca aparecieron en el blog.
Mis amigos, aparte de aquellos dos que fueron al funeral, que siempre miraron mis cosas con un poco de reluctancia, empezarán a releerme y descubrirán en mi obra lo que antes miraban y no veían, porque ahora estará iluminada con otras luces. Más de uno se comprará mis libros y los mostrará a sus nuevos amigos diciendo que era amigo mío, y que yo era un tipo genial, chispeante, enamoradizo, ocurrente y no sé cuantos calificativos laudatorios más. También dirán que sabían que yo algún día llegaría a alcanzar la fama y que es una pena que me haya muerto para no ver este gran momento.

miércoles, 24 de octubre de 2012

De la soledad... intelectual

Uno se cree el tipo más peculiar del mundo, razón indudable por la cual nadie le comprende. Nadie es capaz de penetrar sus más hondos misterios. Normal, uno es un tipo peculiar y eso le condena a la soledad. Tal vez no a una soledad absoluta, porque uno tampoco es que sea una bestia, pero sí una soledad, digamos, intelectual. Esto de la soledad intelectual no me lo he inventado, lo acabo de leer en una entrevista al escritor David Foster Wallace. Pues bien, a uno también le da por leer, porque, como dice el mentado escritor, uno encuentra en la literatura esa afinidad que le falta en los otros. No en todo lo que lee, tal vez solo en algo. Pero esas ocasionales situaciones son las que hacen que uno ame la literatura un poquito más que a sus conciudadanos.
Pero lo que me interesa destacar es que uno va y lee en los libros comportamientos y actitudes propias de uno, que, habíamos concluido, era un tipo peculiar. Y ese escritor no nos conoce de nada, vamos hasta habla otro idioma y vive en otro país en el que nunca hemos estado,  con lo cual, lo mismo está describiendo a otro tipo peculiar de su país. Así descubre uno que, oh, dios, no es tan peculiar como se creía. Que, en el fondo, uno viene a ser un tipo más bien vulgar, cuyos comportamientos son perfectamente aplicables a cualquier fulano y describibles por cualquier otro fulano aunque no nos conozca de nada. Al carajo mi peculiaridad. Soy un tipo corriente pues. Todo lo que me pasa le pasa a todo el mundo. Esto podría ser un reconfortante descubrimiento si no fuera porque uno se sigue sintiendo solo, intelectualmente. El escritor que digo también habla de esto, lo llama "soledad existencial". Y es una de las razones por las que leemos.
¿Los que leemos mucho nos sentimos más solos que los que leen menos?, me pregunto. ¿Y qué fue primero, el huevo o la gallina? Y los que no tienen ninguna necesidad de leer, ¿sienten esa soledad existencial? Y si la sienten, ¿cómo la resuelven? El otro día vi una película que me apuntaba a una respuesta a esta última cuestión: Il sorpasso, en italiano, que yo me traduje por, el adelantamiento. Un tipo muy dicharachero conocía a otro tipo que era todo lo contrario, un estudiante de derecho muy formal, que amaba a una chica que vivía en la ventana de enfrente y apenas había hablado con ella dos veces. Lo sacaba de detrás de la mesa de estudio un  domingo por la mañana, quince de agosto, y se lo llevaba a la calle a vivir. Al principio al otro, al tranquilo, aquel comportamiento le parecía reprobable, se resistía, pero era incapaz de negarse a acompañar al dicharachero. Pero poco a poco se fue cuestionando su foma de vivir frente a la del otro, hasta que al final reconoció que aquellos dos alocados días habían sido los más maravillosos de toda su vida. El puñetero del guionista hizo que la última escena fuera un accidente en el que moría este muchacho que acababa de nacer. No sé, no se te queda buen cuerpo.
Mi conclusión es que esa soledad existencial se vence con movimiento, con actividad, con acción, aunque te mueras en el ínterin. Es muy probable que lo que ocurra es que la sensación de soledad necesite un cierto reposo, así que la mejor manera de evitarla es no dejar nunca el cuerpo en reposo, mantenerla disuelta y no dejar que decante.
Ahora que lo pienso, esta conclusión es de lo más trivial. Pero teniendo en cuenta que soy un tipo más bien vulgar, qué otra cosa podía esperarse de mí. Por otra parte nunca suelo seguir mis propios consejos, si es un consejo el corolario que podemos sacar de aquí, lo que no hace necesariamente falsa la proposición.



Citas malinterpretadas



1- "¿Por qué llevamos todos la carga del deber destruirlo todo, de cambiarlo todo, de entregarlo todo a la caducidad?"

2-"Aquellas palabras no eran más que una exhibición de materia inorgánica"

 3.-(una carta) "Tuvo la virtud de hacer estallar la pompa de mi éxtasis"

 4.-"La persona que ha quedado separada de uno por el tiempo y el espacio se transforma en un ser abstracto"
5.- "Tenía la sensación de que Sonoko fuera un abismo al borde del cual esta yo en pie"
6.- "¿O acaso cabe la posibilidad de que en este mundo haya un hombre que tenga celos de la mujer que le ama debido precisamente a que le ama?"
7.- "Hay una clase de insensibilidad que parece un feroz dolor"
8.- "Quería descubrir en ella una desdicha que fuera eco de la sufrida por mí"

(Mishima: Confesiones de una máscara)

martes, 23 de octubre de 2012

El cínico

A ti te pasa algo. No, no me pasa nada. Oye, que yo sé de esas cosas, a ti te pasa algo. Tienes el aire mustio, y tus chistes apestan a cinismo. Vale, algo me pasa, mis clásicas tonterías. Qué clase de tonterías. Las tonterías de siempre. Mujeres, ¿eh? No, no soy tan pretencioso, solo una. Lo que me figuraba, siempre estás igual, qué envidia te tengo. Sí, eso es lo que vengo rumiando, qué tipo más envidiable soy. ¿Ves lo que te decía, cínico? Sí, ganas de meterme en un tonel y echarme cuesta abajo tengo. Y autodestructivo, síntomas inequívocos. ¿Te han dejado? No, no me han dejado, ese es el problema. ¿Es un juego de palabras? Lo es. Muy fino, sí señor, muy fino. Con que no te ha dejado, ¿eh? No, ni siquiera un poquito. No es la primera vez que te pasa. Pues estoy como la primera vez, ¿por qué no me pasa esto con otras cosas? ¿Qué cosa? Vivir algo como si fuera la primera vez, sentir exactamente lo mismo. Pues no lo había pensado nunca, es cierto, las amarguras siempre se sienten de la misma manera, no se habitúa uno nunca a ellas. En cambio a la felicidad sí, enseguida se la pone uno bajo los pies y cree que eso es el suelo. Cierto. De ahí los batacazos que nos pegamos cada dos por tres. Mismamente. Pero oye, aún seguimos subiendo. No aprendemos. Otros, mas “sabios”, han decidido no volver a experimentar con esas cosas. Sí, hay gente juiciosa por el mundo, dicen. Dicen. (juntos) ¡Bah!

lunes, 22 de octubre de 2012

La verdadera historia

No habrá pan para los parados ¿Estais listos para el dolor? No, No, espera un poco todavía. Tengamos paciencia. Meretrices que fuman. Mi espíritu se revuelve en mi cuerpo, está inquieto. Tu espíritu, tu espíritu, ¡mie usté qué jechura! ¡Señora, que yo no he faltao! Excúsame, mi niño, a veces me sale el genio. ¿De manera que usted tiene genio pero yo no puedo tener espíritu? Tenga usted lo que se le apetezca. Alabad al señor. ¿A qué señor? Alabado sea usted, caballero. Me temo que haya una confusión. Disculpe, soy nuevo en esta confesión. El hermano Jeremías sea bienvenido. (Todos). "Bienvenido, Jeremías". La gente no nos comprende. ¿A tí te comprende la gente? En geranios, sí. Sin embargo yo no comprendo a la gente, ¡son tantos! Muchísimos, y todos diferentes. Diferentísimos. Pero yo soy un simple, un simple; ¿cómo no van a comprender eso? Cálmate, no te exaltes, cómete esta chocolatina, que dicen que el chocolate es bueno para no sé qué. No estoy exaltado, hablo así; si me llamas la atención coartarás mi libertad de expresión, y ...¡cuidado, eso es delito! Amigo, amiguísimo, modera tu expresión. Toda esta gente que hay ahora mismo en mi cabeza, ¿de dónde ha salido? Han estado ahí siempre, son todos tú. Y, dime, ¿duermo o velo? ¿Tengo que elegir? Tienes, es imperativo. Duerme, pues, los velos no son muy viriles. ¿A mí me vienes a hablar de virilidad? (Todos, gesto estupefacto). ¡A él le ha hablado de virilidad! (Sucesión de imágenes: toro, grulla, bellota, carnero, albóndiga, tren circulando, cisnes, gaviotas, un cohete espacial, una silla mecedora en fantasmal vaivén, tú con gesto estupefacto. Fundido a negro. Música fúnebre interrumpida por orquesta charanga) 

Fin

Puzzle-Cuento


viernes, 19 de octubre de 2012

Obituario

Enmanuelle



Con diez años yo, ella tenía veintiuno
Con veintiuno yo, ella treinta y dos
Todos la quisimos amar, pero ¿alguien la amó?
Todos saludamos su cuerpo con frenéticos movimientos de antebrazo
Todos pronunciamos su nombre con delectación
Y ni siquiera se llamaba así
Ahora ya está muerta y todos, los de entonces, somos más viejos por eso
Porque lo somos, más viejos, y también porque ella definitivamente ya está muerta
Y su muerte de ayer nos ha recordado nuestras pajas ilusionadas de entonces



Charlar largo y tendidos



A ver cuándo quedamos para charlar largo y tendidos

Aunque no nos digamos nada nos tenderemos para hablar
Yo sobre ti o tú sobre mi  y nada diremos
Largo y tendidos pero no quietos, no vestidos, charlaremos
Largo, todo lo largo que se pueda y tendidos

Lo de menos es charlar

Escritura automática



Vengo naciendo para traer al mundo felicidad
Miradme tengo en mi alma un faro cegador
Abro corazones y les insuflo vida con un verso
Soy el mesías esperado por todos los tristes.

Voy juntando palabras pequeñitas para ver
si iluminan algo este camino pequeñito
transitado por cuerpos pequeñitos que han de ser
grandes como soles al llegar a su destino

Voy plantando palabritas pequeñitas al azar
sin pensarlo demasiado mientras escribo
no me importa lo que digan de verdad.



(Nota: acabo de leer unos poemas de Nicolás Guillén. Ayer sufrí un rapto de exaltación escuchando a Pablo Milanés cantando a José Martí. Y, en fin, por las mañanas al llegar al despacho le quito la modorra a las plumas escribiendo tonterías en papeles sucios que luego tiro a la papelera. Hoy he salvado esto)

jueves, 18 de octubre de 2012

¿Me estaré volviendo emo-siniestro a mi edad?





sal del fondo del cisne Blancazul, que sobras




La carne de este amor muerto se va pudriendo y queda el esqueleto seco –mero recuerdo de lo que fue- con algún andrajo de emoción colgándole todavía de los huesos rotos. Y ese esqueleto se reducirá a polvo de olvido y ya ni olor dará si no es el de la humedad de las cosas viejas, enterradas bajo montones de tiempo y silencio





 

martes, 16 de octubre de 2012

El huevo

De repente, comiéndome un huevo frito en el almuerzo, me he dado cuenta de que los huevos son la menstruación de la gallina.

domingo, 14 de octubre de 2012

El tiempo


Hace 15 horas
Hace 2 horas
Hace 2 minutos
Hace 3 años
Hace 1 segundo
Hace 10 siglos
 “Hola, ¿Cómo estás?”· Hace 1 minuto aproximadamente.

sábado, 13 de octubre de 2012

MO YAN Nóbel de literatura

Leí en el País que hay críticas con esta concesión debido a que al escritor no se le ve oponerse activamente al régimen. No es justo que se nos exija a todos ser santos guerreros, los pusilánimes y los cobardes también tenemos algunos méritos. El premio Nóbel de literatura se supone un premio de literatura no un premio de ardor guerrero y valor en la lucha contra la injusticia. A ese respecto, de todas maneras, las novelas que leí de Mo Yan no estaban exentas de crítica contra los malos tiempos heróicos de Mao y contra los buenos tiempos de progreso de hoy. Cumplían con su cometido de hacernos vivir vidas ajenas y darnos con ello nuevas referencias para mirar con cierto distanciamiento nuestra propia realidad. Qué más se le puede pedir a un escritor. Otra cosa fuera que hubiera otros, chinos o no chinos, que se lo mereciesen más, ¡somos tantos los que merecemos el premio Nóbel de literatura!


La vida y la muerte me están desgastando

Las baladas del ajo

jueves, 11 de octubre de 2012

Simplemente se trata de… ¿de qué se trata?





No lo sé. Unas veces creo que es todo muy simple. La rutina. Y en medio de la rutina el sueño. Y ya está. Esa ventana del cuarto de los trastos que da al cielo infinito. Pero otras veces deseo salir de ahí. Y sé que el cielo infinito no me aceptaría, pero, al menos, salir del cuarto de los trastos. Y me asomo a la puerta y hasta me aventuro a dar un par de pasos en el pasillo que lleva al salón y a la cocina, a los dormitorios… a la puerta de la calle. No imagino cómo será abrir esa puerta.

lunes, 8 de octubre de 2012

renuencias

Competir no compito. Sin pito no pito, repito, no compito. Competencia, sin petencia. Solo apetencia. ¿Eficiencia?, más bien deficiencia.
¿Cómo puedo alegrarte?
Libérame de compromisos. No quiero tener que demostrar nada a nadie.
Concedido, pero tendrás que morir.
No es exactamente lo que había pensado. ¿No podrías hacerme rico?
Lo siento, eso es de otro departamento.

¿una vulgar experiencia infantil?

Hacía ya un año que sufría la infantil angustia de poseer un curioso juguete. Tenía doce años. Este juguete aumentaba de volumen a la menor oportunidad y parecía insinuar que, debidamente utilizado, podía ser fuente de delicias.

...

Mis manos, de forma totalmente inconsciente, iniciaron unos movimientos que nadie les había enseñado. Sentí que algo secreto y radiante se elevaba, con paso rápido, para atacarme desde dentro de mí. De repente estalló y trajo consigo una cegadora embriaguez...

Mishima, Confesiones de una máscara

jueves, 4 de octubre de 2012

Conclusión inequívoca

Todo esto conduce a nada,
como queríamos demostrar.
Y, como corolario, podemos concluir
que definitivamente nunca.

martes, 2 de octubre de 2012

¿Y usted se pregunta cual es el sentido de la vida?



No sé por qué te preocupas tanto.
Si no me preocupo, eso es precisamente lo que me preocupa.
Pues precisamente eso es lo que no tendría que preocuparte. Ya que no te preocupas, pues no te preocupes.
Ya, te comprendo, pero, oye, me preocupa no preocuparme lo que de verdad tendría que preocuparme.
Pero qué es lo que te preocupa exactamente.
Me preocupa mi falta de preocupación. No sé si me entiendes. Soy un completo irresponsable, tío, y esto me va a llevar al carajo algún día.
Coño, pues ten un poco de preocupación por lo que tienes que preocuparte.
Si es que lo intento, tío, pero es que todo me importa un carajo.
Pues si todo te importa un carajo, entonces ¿por qué te preocupas?
¡Coño!, pues porque, no sé, así no se puede vivir, importándole a uno todo un carajo, qué clase de vida es esa.
Pues sería una vida clara y feliz si no fueras un gilipoyas.
Oye, sin faltar que yo no he faltao.

Supermán Pérez



Mi padre me lo dijo el día que cumplí los catorce años: mira hijo, tú en realidad no eres hijo nuestro. Ocurrió, hoy hacen exactamente catorce años, que una gran piedra cayó del cielo. Hizo un hueco tremendo que luego aprovechamos para construir el embalse ese de ahí detrás. Pues dentro de la piedra estabas tú. Ni más ni menos. Osea que viniste del cielo. Todas esas facultades que tienes, y que siempre te hemos recomendado que ocultes lo mejor que puedas, no pertenecen a este mundo. Ahora ya lo sabes. Quizá estés predestinado para hacer grandes cosas. Quizá sólo seas un exilado del espacio exterior, un emigrante interestelar. En fin. Utiliza tus capacidades para hacer el bien. Y sigue procurando no revelarlas demasiado si no quieres acabar en uno de esos manicomios de tipos raros en los que terminan siempre los tipos raros de Expediente X.
Y así fue como me hice oficinista. Administrativo, se dice ahora, pero oficinista queda como más neutro, más oscuro, como de menos valor. Porque lo que hago no sirve para nada. Trabajo en un despacho varios niveles por encima del nivel de la calle, tanto figurativa, como realmente. Los documentos que manejo sólo tienen relación con hechos reales en un segundo o tercer grado. Documentos que hacen referencia a documentos que hacen referencia a documentos que en algunos casos hacen referencias a hechos reales como que alguien tenía que mover una determinada caja desde un lugar en una estantería hasta otro lugar en otra estantería. También trato con documentos que hacen referencia a documentos que hacen referencia a documentos que informan que aquella acción no se realizó o se realizó con posterioridad o anterioridad a lo especificado en el documento original. En fin. Quizá me tomé demasiado a pecho el consejo de mi padre de no manifestar en exceso mis capacidades. Sin embargo en este despacho no temo en absoluto que alguien descubra mi verdadera personalidad. Nadie pasa nunca por aquí. En realidad dudaría que alguien supiera que existe esta oficina si no fuera porque siguen llegando documentos que hacen referencia a documentos que ... etc. No he dicho que yo también genero documentos, que a su vez hacen referencia a aquellos que recibo. Este trajín de entrada y salida de documentos se realiza vía buzones. Tengo un buzón de salida y otro de entrada. Cada cierto tiempo abro el de entrada y recojo un paquete de documentos que deposito sobre mi, a menudo, atestada mesa. No atiendo al trabajo, lo reconozco, con la diligencia que requiere. Sin embargo esto es una apreciación mía, porque nunca he recibido, ni directa ni vía un documento específico, ninguna queja. Cada cierto tiempo empleo mi super velocidad y resuelvo todo el papeleo acumulado y luego me dedico a hacer otras cosas. Escribo, dibujo, observo con mi super visión lo que ocurre en la calle. También he tratado de observar en los despachos vecinos, pero los muros que nos separan tienen un alto contenido en plomo que por alguna razón me impide la superobservación.
Cuando me aburro de estar sentado aquí abro la ventana y me tiro por ella. Es otra de mis supercapacidades, vuelo. Yo más bien creo que es la confianza que pongo en el acto de abrir la ventana y lanzarme fuera sin titubear. No dejo que mi mente se pregunte si es lo adecuado salir como si tal cosa por la ventana, sencillamente lo hago. Quizá por eso no caigo, sino que avanzo en el aire, y luego ya tomo una corriente que se eleva y me impulso hacia arriba, por encima de los edificios. Lo que me gusta es observar la ciudad desde el aire. Auténtica vista de pájaro. Sin medios mecánicos que me sostengan. Lo cierto es que hasta los propios pájaros me miran sorprendidos, casi diría que molestos de verme ocupar su espacio de aire durante tanto tiempo.
Voy de allá para acá mirando las azoteas y las basuras que la gente acumula en ellas, las azoteas de los viejos edificios son las que más me gustan; volar por encima de Vegueta es como volar por el pasado porque las azoteas siempre permanecen aun cuando las fachadas y los interiores se modifican. También miro por las ventanas de los últimos pisos de los edificios altos, y si alguien me descubre disimulo sacándome el pañuelo y haciendo como que limpio el cristal. Una vez vi a un jefe tirándose a su secretaria sobre la mesa del despacho, como en las películas, la lástima es que lo que tenía enfrente era exactamente el peludo culo del tipo con los pantalones bajados moviéndose hacia adelante y hacia atrás. Cuando toqué en el cristal y el tipo miró por encima del hombro con cara de susto, me dio la risa pensando lo rápido que se le habría bajado la erección y la desesperación de la chica al ver que aquello se iba a terminar dejándola a medias.
Otras veces sencillamente recorro las calles a treinta o cuarenta metros sobre el suelo, tratando de identificar alguna dirección desde lo alto. A veces, solo a veces, invado la propiedad privada posándome en alguna azotea a observar en el interior de algún cuarto que me llama la atención.
Después de estar volando un rato vuelvo a mi despacho entrando por la misma ventana por la que salí y trato de continuar mi trabajo, que en realidad es no hacer nada a la espera de que llegue la hora de salida.
Lo cierto es que no me desespero particularmente en esta espera, pero tampoco me demoro en cuanto se hacen las tres en salir por la puerta del despacho, saludar a mis compañeros que me imitan lacónicamente y meterme en el ascensor junto a ellos. En diez años que llevo trabajando en esta empresa -de la cual he olvidado ya hasta el nombre y su verdadero objetivo comercial- nunca nos hemos dirigido la palabra para algo más que el saludo matutino y el vespertino. Tampoco he observado nunca en ellos un ligero cambio en su estricta vestimenta. Sospecho que son trabajadores serios y ordenados que probablemente mantendrán la documentación de entrada y salida al día, y me sonrío imaginándome en comparación con ellos, descamisado y jugando a imitar animalitos en mi despacho mientras dejo que se vayan acumulando papeles. A veces incluso me da por desvestirme completamente y revolcarme desnudo entre los papeles esparcidos por todo cuarto. Me excito  y acabo masturbándome sobre la mesa y limpiándome con cualquier albarán. Imaginando esto, una vez se me escapó una risita en el estricto silencio del ascensor en descenso. Ambos me observaron muy serios durante unos segundos y por unos instantes quise entender que luchaban por relajar sus serios rostros y dirigirme la palabra. Entonces se detuvo el ascensor y nos precipitamos los tres fuera en el mismo silencio.
Al salir del edificio me despojo de la chaqueta. Para mí es un símbolo. A partir de ese instante olvido completamente lo ocurrido en esa mañana. Y este olvido se suma al olvido de todas las mañanas de días laborables de diez años atrás. Desde el lado de la calle todas esas mañanas para mí están completamente en negro en mi memoria. Y sólo las recupero cada mañana al entrar de nuevo en mi despacho. De vuelta a casa me siento absolutamente una persona. Desde el despacho mi concepción de mí se limita a aquel despacho, más allá del cual solo puedo pensar en mí como un escapado que necesariamente acabará volviendo. Ya en la calle, el horizonte es mucho más amplio para mí y las posibilidades de qué hacer con mi vida mucho más numerosas. Sin embargo esto no significa que realice grandes gestas. Me limito a volver a casa en guagua, dormir, leer, meditar, ver la tele o ir al cine. Esa misma sensación de libertad, de poder hacer, me inhibe de utilizar mis poderes por miedo a ser descubierto y tratado como un tipo raro. No es que viva en permanente miedo a ser descubierto, al contrario, sencillamente ignoro todas las potencialidades extrahumanas que poseo en favor de una vida tranquilamente libre y particular.

lunes, 1 de octubre de 2012

Naufragio



La isla surge en el horizonte como un amanecer de esperanza. La sed sujeta la alegría. En los ojos prende un poco de luz.