jueves, 26 de septiembre de 2013

Kaka Barbosa

Incluso sin poder tocar tu mano,
tu gesto y tu femínea silueta,
te amo con el fuerte gusto cansado de tanto amar.



De un poema de Kaka Barbosa, poeta caboverdiano que estuvo hace poco por Canarias, en su blog


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Harapiento de estrellas

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Muérete bien a tiempo

Kofi Awoonor

Nunca conocí al poeta ghanés Kofi Awoonor. Nunca leí ninguno de sus poemas. No hubiera sabido de él si no lo hubieran matado en un asalto terrorista a un centro comercial en Kenia. No sé los nombres de los otros muertos en ese asalto ni por qué han asaltado ese centro comercial de Nairobi. Por no saber no sé en qué otros lugares, pero estoy completamente seguro de que están muriendo otros muchos, poetas y no poetas, por todo el mundo, asesinados, explícitamente, pero también por otras causas no menos violentas y no menos estúpidas. Porque para un ser humano, matar no necesita razones inteligentes al parecer -para escribir poesía tampoco se necesitan, y espero que haya más gente dedicada a escribir poesía que a matar, aunque tengo mis dudas-. Pero ha muerto un poeta. Un poeta conocido que yo no conocía. Y su nombre ha trascendido. Y ahora ya conozco otra frontera de mi ignorancia poética. No sé qué sentido tiene todo esto. Y creo que no lo sé principalmente porque todo esto no tiene sentido ninguno. Es solo que ayer estuve en una lectura de poesía donde otros poetas leían y escuchaban leer. Poetas que, a lo mejor, si los matasen en un centro comercial de Las Palmas, no tendrían ninguna repercusión internacional. Y he pensado que qué curioso que, hasta esta noticia, no me había interesado mayormente por el asunto del asalto al centro comercial de Kenia, que está tan lejos. Y que todo el tiempo están matándose por ahí, bien individualmente bien en masa, y ya uno casi no le presta atención a esas cosas si están lo suficientemente lejos. Y por eso, tal vez, me ha entristecido -un poquito, porque en general soy un tipo triste, y ya casi no noto una gota de agua en este mar- la muerte de este poeta que no conocía y que ahora conozco porque lo han matado por razones inexplicables a nadie que tenga un poco de sentido común en un centro comercial de Nairobi, Kenia. Saludo a todos los poetas del mundo que no conozco, y espero no conocer nunca, si para ello van a conservar sus vidas hasta que la muerte natural los separe de su poesía. Y saludo a todos los que mueren todos los días porque hay otro que cree que matando manifiesta una especie de superioridad de algún tipo sobre los demás. Supongo que es obvio que alguien que mate a otro, incluso a un poeta, es más fuerte que ese otro, aunque solo sea porque solo uno sigue vivo  ya no es posible la comparación, pero eso ¿de qué sirve? -si vamos a eso, escribir poesía tampoco sirve para mucho, ¿por qué no cambiar una cosa por otra?-. Yo creo que si le hubieran preguntado, lo mismo no le hubiera hecho falta matarlo, hay poetas muy humildes que no tienen inconveniente en admitir que ellos sólo son poetas y que lo demás pueden quedárselo. Pero no creo que le preguntaran. Ni siquiera creo que supieran que era un poeta. Un poeta famoso cuyo nombre sería de los pocos que trascendiera de entre los muertos anónimos de ese asalto. Y sí, qué extraño, ayer no sabía nada de este poeta de Ghana, y apenas me había interesado por el asalto al centro comercial de Nairobi, Kenia, y hoy ya sé que un tipo que murió en ese asalto se llamaba Kofi Awoonor y era poeta. Son misteriosas las vías que sigue el conocimiento. Esta vía se queda aquí. Mañana ya no me acordaría más de este poeta, ni de Nairobi, ni de toda Kenia, si no estuviera ahora un poco más melancólico que lo habitual y no se me hubiera ocurrido escribir esto para, al menos, por inútil que sea, recordarlo todo.


Postdata: Se me ha ocurrido la absurda idea de que cuánto mejor hubiera sido que una banda de poetas hubiera asaltado un centro comercial, en cualquier sitio, y le hubieran leído poesía a los rehenes y que a las noticias internacionales hubiera saltado el nombre de un terrorista famoso, aunque desconocido por mí hasta este momento, que se hubiera vuelto pacífico como consecuencia de escuchar esos poemas.

Algo se ha roto

Estaba fumando, ahora mismo, ahí debajo. Y ha llamado mi atención no sé si un movimiento de una sombra de los coches que pasan o el hecho mismo, pero la sensación que he tenido es de que asistía al preciso instante en que este trozo de zócalo se caía de espaldas.


martes, 24 de septiembre de 2013

Empusas, lamias o mormolicias ¿dónde?

Pues una vez que caminaba él solo por el camino de Cencreas, se le presentó una aparición y se convirtió en mujer. Lo tomó de la mano, asegurándole que lo amaba hacía tiempo; que era fenicia y vivía en un arrabal de Corinto. Dándole el nombre del arrabal, añadió:
-Si vas a la tarde, habrá para ti una canción, pues yo te cantaré, y vino como nunca lo bebiste. Además, no te molestará ningún competidor; sino que yo hermosa, viviré con un hombre hermoso.
Seducido por eso, el joven, que para la filosofía en general poseía gran vigor, pero que de lo amoroso era un esclavo, la visitó por la tarde, y la frecuentó en adelante como a su amiga, sin reconocer al fantasma.
Pero Apolonio, mirando a Menipo al modo de un escultor, delineó al joven y lo escrutó, así que, llegando a una conclusión negativa, dijo:
-Tú, hermoso sin duda, y objeto de acecho de las mujeres hermosas, acaricias una serpiente, y una serpiente a ti – y, ante la sorpresa de Menipo, añadió– Porque tu mujer no es una esposa. ¿Qué? ¿Piensas que eres amado por ella?
-Sí, por Zeus –contestó- , puesto que se comporta conmigo como quien ama.
-¿Y te casarías con ella –añadió.
-Efectivamente, sería grato casarse con la que nos ama.
Así pues, preguntó:
-¿Y las bodas, cuando?
-Prontas -contestó-, quizá mañana.
Así que Apolonio, acechando el momento del banquete y presentándose a los comensales recién llegados les dijo:
-¿Dónde está esa elegante dama por la que habéis venido?
-Allí -dijo Menipo, y al tiempo se levantó ruborizado.
-¿Y la plata, el oro y lo demás con lo que está adornada la sala del banquete, de quién de vosotros es?
-De mi mujer, pues esto es todo lo mío –contestó, señalado su mando de filósofo.
Apolonio dijo:
-¿Conocéis los jardines de Tántalo, que son, pero no son? Pensad eso de esta ornamentación. Pues no es materia, sino apariencia de materia.Y para que sepáis lo que quiero decir, la buena novia es una de las empusas, a las que la gente considera lamias o mormolicias. Esas pueden amar, y aman los placeres sexuales, pero sobre todo la carne humana, y seducen con los placeres sexuales a quienes desean devorar. (Apolonio de Tiana, de Filóstrato)

No hemos sido hermosos, aunque sí algo filósofos, queremos creer. Y no hemos merecido la aparición, en uno de nuestros paseos solitarios, de una de estas empusas con ansia de colmarnos de placeres sexuales y riquezas a cambio del ridículo precio de entregarles nuestro joven cuerpo y nuestra fresca y pura sangre.
 ¡Ay, qué malos tiempos nos ha tocado vivir!

sábado, 21 de septiembre de 2013

El muerto y ser feliz.

He envejecido al mismo tiempo que José Sacristán. Tengo la misma edad que él. Él a mi edad, era mucho más joven que yo. Ahora tenemos la misma edad. Lo acabo de ver saliendo de la bañera. Me ha recordado a mi padre. Y era yo.
Película: El muerto y ser feliz, Javier Reboyo 2012

Ah, qué recuerdos

Conversación a la hora del desayuno:

-¿Te acuerdas de una vez que nos pintamos la cara como putas y nos hicimos fotos?
-Sí.
-...
-Tu y yo haríamos unas magníficas putas
-...

Una larva amarilla y taciturna

Un fragmento del cuento Noche Terrible de Roberto Arlt. Leído por Riforfo Rex. Amenizado por estimulantes imágenes de serpientes.

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viernes, 20 de septiembre de 2013

Recuerdos de mi cama desnuda esperándome con las sábanas abiertas.
Soy de goma; 
un muñequito indestructible.
 No me rompo. 
No me quiebro. 
Simplemente me gasto. 
Y acabo en la basura 
por aburrimiento. 
Descolorido, pero funcional.
¿Qué quieres que te haga?
Yo también te sigo queriendo.
¿Para qué?
No lo sé.
5
55
días555días
55
5
=
0
+1=0 
si lo necesitas...
lo necesito, pero puedo vivir sin ello
por desgracia
 

jueves, 19 de septiembre de 2013




Un día más.
Ya ha pasado.
Eso es todo.
Hemos hecho todo lo posible.
O tal vez no todo.
Eso es todo.
Tal vez mañana

habrá más suerte.

Georges Perec

Los libros te sirven para comprender o más bien para confirmar lo que ya sabías sobre ti. Pero luego no haces nada con ese conocimiento. Cierras el libro y pasas a otra cosa. 


Durante mucho tiempo has construido y destruido tus refugios: el orden o la inacción, la deriva o el sueño, las rondas nocturnas los instantes neutros, la fuga de las luces y las sombras.Quizá podrías, aún durante mucho tiempo, continuar mintiéndote, embruteciéndote, emperrándote. Pero el juego ha terminado, la gran juerga, la ebriedad falaz de la vida suspendida. El mundo no se ha movido y tú no has cambiado. La indiferencia no te ha dejado indiferente.
No estás muerto. No te has vuelto loco.
Los desastres no existen, están en otra parte. La menor de las catástrofes quizá habría bastado para salvarte: lo habrías perdido todo, habrías tenido algo para defender, palabras que decir para convencer, para conmover. Pero ni siquiera estás enfermo. Ni tus días ni tus noches están en peligro. Tus ojos ven, tu mano no tiembla, tu pulso es regular, tu corazón late. Si fueses feo, quizá tu fealdad sería fascinante, pero ni siquiera eres feo, ni jorobado, ni tartamudo, ni manco, ni tullido, y ni siquiera cojo.
Ninguna maldición te pesa sobre los hombros. Quizá seas un monstruo, pero no un monstruo de los Infiernos. No necesitas retorcerte, aullar. No te espera ninguna prueba, ninguna roca de Sísifo, no se te dará ninguna copa para de inmediato retirártela, ningún cuervo te sacará tus globos oculares, a ningún buitre se le ha infligido la indigesta pena de manducarte el hígado mañana, tarde y noche. No tienes que arrastrarte ante tus jueces suplicando clemencia, implorando piedad. Nadie te condena y no has cometido falta alguna. Nadie te mira para girarse horrorizado de inmediato.
El tiempo, que vela todo, ha dado la solución, a tu pesar. El tiempo, que conoce la respuesta, ha seguido transcurriendo.
En un día como este, algo más tarde o más temprano, todo vuelve a empezar, todo empieza, todo continúa. 
Deja de hablar como un hombre que sueña.
Un hombre que duerme. Georges Perec (trad. Mercedes Cebrian)
                                               

jueves, 12 de septiembre de 2013

Oda al fracaso

 No se puede fracasar 
cuando no se ha tenido ningún propósito. 
A nada he llegado 
luego, ¡lo conseguí!

Me doy

Me doy por perdido.
Me doy por supuesto.
Me doy, por supuesto.
Me doy por saber, no por sabido. Ni yo me sé.
Me doy, por tanto, y no por tanto.
También me doy por culo, metafóricamente,
que si no sería un prodigio.
Me doy por bueno, con mis dudas.
Me doy por hecho, por incapacidad de mejorar.
Me doy por sentado, por pura pereza.
Me doy por descontado, restando de mí.
Y, a veces, me doy por terminado, pero luego sigo.
Me doy mucho por saco, bien lo sé.
Me doy, por ti, muro mío, de cabeza.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Hipólita

 A modo de homenaje a Roberto Arlt y su obra.


Hipólita solo quería encontrar
un hombre que la hiciera feliz.
Pero nunca halló a ninguno
que mereciera rebanarle el pescuezo a los demás.

Nos echamos a sus pies,
apoyamos la cabeza en su regazo
y le narramos nuestras penas:
“yo siempre fui un niño triste. Por favor
sálvame tú ahora
de esta vida miserable”.
Así transcurre la noche y llega el día.
Salimos del cuarto en silencio,
dejamos el dinero sobre la mesa.
Ya vamos pergeñando,
bajando las sucias escaleras,
la historia que  vamos a contar:
“No veas cómo gemía.
Al final no me quiso cobrar”.

lunes, 9 de septiembre de 2013

GUÍA DEL SUICIDA DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. LUGARES CON ENCANTO PARA UN SUICIDIO CON CLASE.

(Falso Prólogo del autor)

Este libro nació como consecuencia de una depresión. Una mujer decidió que yo no era lo bastante bueno y yo decidí darle la razón. Como consecuencia de ello tomé la determinación de acabar con mi vida. Pero no lo haría de cualquier manera.
Siempre había imaginado que algún día daría el Gran Salto simbólico que cambiaría radicalmente el rumbo de mi existencia, ese momento en que todo lo que uno ha sido, todo en lo que uno creía y por lo que uno vivía es echado de lado y se empieza de nuevo, pero ahora no como recién nacido, una nueva vida. Lo había visto en muchas películas y había leído incontables relatos que hablaban de personas que habían alcanzado ese momento. Yo había esperado mi ocasión todos estos años y creí que me había llegado cuando conocí a aquella mujer. Pero aquella mujer no compartió mi opinión.  Entonces decidí cambiar el salto simbólico por un salto verídico. Tal vez ese sería el único salto importante que daría en mi vida.
Empecé a planearlo. Porque no podía ser un acto impulsivo realizado de cualquier manera y en cualquier recóndito trastero. Para ello busqué un lugar adecuado. Un lugar que convirtiera un sórdido suicidio en un acto estético de poesía y muerte.
Empecé a buscar por la ciudad lugares que me parecieran idóneos para dar mi Gran Salto.  Y así me vi recorriendo los rincones más extraordinarios mirando con otros ojos lo que siempre había percibido de manera apagada, sin intención. Buscando alturas con las más bellas vistas que pudiera  encontrar, que me acercaran al cielo y al mismo tiempo fueran mi tope simbólico. Hasta aquí alcancé, ahora retorno a la tierra.
Tomaba fotos y medidas para luego, en la tranquilidad del hogar establecer comparaciones. Así reuní la incontable documentación de la cual he extraído este libro. Y conocí de la manera más íntima esta ciudad en la que he habitado toda la vida y apenas saludaba al pasar como a un vecino distante.
Al mismo tiempo pensé que un salto consistía no simplemente dar un paso y dejarse caer. También en eso debía tener un estilo acorde al lugar que seleccionase. Me apunté en un club de natación y empecé a practicar salto de altura.
Los entrenadores me veían, con mis cuarenta y cinco años, algo talludito para empezar en esta actividad deportiva, y me trataron como a un loco caprichoso en la crisis de los cincuenta. No obstante me enseñaron lo que pudieron y fui buen aprendiz. En algunos meses me gané su admiración,  y yo mi propia auto estima. Jamás pensé que en mí estuvieran tales habilidades. Como ocurre con las alergias, uno nunca sabe qué habilidades es capaz de desarrollar hasta que no se expone a la acción. En apenas un año me propusieron para participar en los Juegos Sénior Regionales, en los cuales obtuve una medalla y luego me escalaron para participar en los Juegos Sénior Nacionales, lo que acepté sin dudar, fingiendo, para mí mismo, posponer mis propósitos suicidas, pero en realidad arrinconándolos definitivamente.
Cinco años después mi vertiginosa carrera en la competición de saltos acabó con una lesión de rodilla y una preciosa mujercita quince años menor que yo cuidándome los primeros meses y luego compartiendo mi hogar "para el resto de su vida", según reza tiernamente por las noches cuando nos vamos a acostar; yo, algo cínico le aclaro, que en todo caso para el resto de la mía.
A consecuencia de la lesión me indemnizaron sustanciosamente y pude retirarme con cincuenta años. Decidí que tenía que rellenar de alguna manera el tiempo libre que me dejaban las generosas atenciones de mi mujercita y me puse a escribir.
Fue ella la que, a la vista del material que yo había reunido con vistas a mi último Gran Salto, me sugirió que con parte de ese material podía componer un curioso libro, estando precisamente su curiosidad, en lo políticamente incorrecto de su título: GUÍA DEL SUICIDA DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. LUGARES CON ENCANTO PARA UN SUICIDIO CON CLASE. Compuse el libro y se lo ofrecí a un editor arriesgado, que no tuvo inconveniente en enviarlo a la imprenta previo pago.
Esta es la historia de este libro que tienes en sus manos, lector; que,  como ves,  es la mía propia. En él no solo encontrarás una peculiar guía turística, sino una guía espiritual en la que he volcado toda la sabiduría que estos últimos cinco años me han permitido destilar de todo lo pensado y vivido miserablemente en los anteriores cuarenta y cinco. Bueno, tampoco quiero exagerar, pienso que tuve una buena infancia, pero eso, lector, espero contártelo en otro libro.
Espero que ninguna de mis propuestas te parezca adecuada para tus propósitos y que si así ocurriera, mis humildes reflexiones al respecto sepan disuadirte de ello. En cualquier caso esta es una visita íntima a nuestra ciudad, descubrirás, como mínimo, que eso que hasta ahora llamabas todo, no era más que una mínima parte y que basta un cambio de iluminación, una mirada distinta para que el mundo se amplíe y las oportunidades que siempre has estado esperando te llamen desde los rincones. Escúchalas.


viernes, 6 de septiembre de 2013

Un sueño, y posterior reflexión.

Me desperté del sueño y en el duerme vela previo a despertar pensé esta frase:

"La bondad que nace de la debilidad y no de ninguna clase de virtud"

La frase ya la había leído en Los Lanzallamas, el libro que estoy leyendo de Roberto Arlt. En el sueño me arrepentía de un acto que en realidad no había cometido pero había dejado cometer a otros sin oponerme. Es gracioso, pero el audio del sueño era latino. Los personajes hablaban con acento estándar sudamericano. También al despertar me vino a la mente la película El Lector (2008, Stephen Daldry), de la mujer aquella, acusada de haber sido vigilanta de un campo de concentración. Un gran momento es cuando le pregunta, ella,  al juez que la inquiere con tono acusador y despreciativo: "¿y usted qué hubiera hecho?". Yo qué hubiera hecho, nos deberíamos preguntar todos. Y cuántos, sinceramente, responderíamos que nos hubiéramos opuesto a aquella barbaridad.
Lo mismo que no somos conscientes de nuestras capacidades hasta que no nos vemos en el mismo instante de emplearlas o sucumbir, tampoco somos, realmente, conscientes de nuestras debilidades hasta que nos vemos en el momento de tomar una decisión, y sabemos que el miedo nos va a hacer tomar "la decisión más razonable", la que más nos avergonzará después.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Corazón


El hombre se llevó la mano al pecho y se extrajo un corazón peludo que palpitaba. Lo miraba horrorizado hincharse y deshincharse en su mano hasta que, asqueado, lo arrojó al suelo. Allí lo contempló unos instantes presa de un incontenible horror. Luego lo pisoteó con rabia.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Un poema de Joan Margarit (en Es perd el senyal)


Nubes blancas en el aire azul.

Así, a veces, es de limpio mi recuerdo.
Tu no ser es luminoso como tú,
por eso no he buscado nunca más consuelo
que sostener el hilo de tu sonrisa.
Por no perderte, hoy no necesito cerrar
tan fuerte el puño como el día de tu muerte.
Pero sucederá.
Será cuando, un día de mucho viento,
deje ir el hilo de tu estrella, Joana.

Núvols blancs en l'aire blau

Així es a vegades de net el meu record.
El teu no ser és lluminós com tú,
per això no he buscat cap més consol
que sostenir el fil del teu somriure.
Per no perdre't, avui no em cal tancar
tan fort el puny com a la teva mort.
Però succeirà.
Serà quan, en un dia de molt vent,
deixi anar el fil del teu estel, Joana


El desierto

Hoy me he levantado con este poema en la cabeza. De Borges.

El desierto


Antes de entrar en el desierto
los soldados bebieron largamente el agua de la cisterna.
Hierocles derramó en la tierra
el agua de su cántaro y dijo:
Si hemos de entrar en el desierto,
ya estoy en el desierto.
Si la sed va a abrasarme,
que ya me abrase.

Ésta es una parábola.
Antes de hundirme en el infierno
los lictores del dios me permitieron que mirara una rosa.
Esa rosa es ahora mi tormento
en el oscuro reino.
A un hombre lo dejó una mujer.
Resolvieron mentir un último encuentro.
El hombre dijo:
Si debo entrar en la soledad
ya estoy solo.
Si la sed va a abrasarme,
que ya me abrase.

Ésta es otra parábola.
Nadie en la tierra
tiene el valor de ser aquel hombre. 



Yo vivo en el desierto. En cierto sentido. Y tengo un pomo de agua, que nunca he de beber. Un pomo de agua virtual. Que es lo que es un recuerdo. Lo miro y recuerdo los días del paraíso.  Carezco del sentido práctico de Hierocles.

Además, dice Erdosain en Los Lanzallamas: Prefiero sentir dolor a sentir vacío. Estoy de acuerdo... a veces.

martes, 3 de septiembre de 2013

Por qué escribo.


Después de leer las Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke me pregunto si yo, de verdad necesito escribir. La palabra necesidad me parece retórica, no alude a algo real salvo cuando hablamos de supervivencia. Uno se crea necesidades que en realidad no lo son. Y, a veces, abusa de esa palabra que, en realidad, muchas veces viene a significar adicción. Pero creo comprender lo que dice Rilke y trato de preguntarme si yo tengo necesidad de escribir. Mi respuesta inmediata es no, luego, no soy escritor. Y sin embargo aquí estoy escribiendo y tratando de elucidar si lo soy o no.

¿Por qué escribo? No creo que lo haga simplemente para darme el pisto entre mis amigos. De todas maneras tengo muy pocos amigos. Evidentemente quiero decir, y quiero contar. Y quiero que eso que digo y cuento sea leído, pero sin embargo no busco lectores. Yo los encuentro, los espero. Los deseo. Pero no los busco. Porque buscarlos significa escribir para ellos y no desde mí. Y si no escribo desde mí, entonces escribir no tiene sentido, al menos el sentido que yo creo que debe tener escribir. Escribo porque no sé hablar, pero quiero decir, y porque dudo de que haya alguien que esté interesado en escucharme. Y escribo de mí, muchas veces, aunque no creo que yo sea solo yo, no me pienso tan especial, y aunque diga yo, somos muchos, tal vez no todos, pero sí muchos y a esos es a los que espero encontrar como lectores. ¿Escribo, tal vez, porque busco semejantes?

Y sin embargo tampoco puede nadie creer que el yo que brota de lo que escribo soy yo, muchos desengaños nos habremos llevado los lectores/escritores con eso. Sí una parte de mí, tal vez la más pura, la más inocente, o la más terrible, pero que al subir a la superficie de la cotidianidad, a la superficie de ser solo un hombre, llega ya muy descafeinada, des-sentimentalizada, manchada de humanidad.

Los Lanzallamas

Hipólita no puede amar a Erdosain porque “me da la impresión de ser una pobre cosa a la que se puede manosear como se quiere”. (En Los Lanzallamas, de Roberto Arlt)
Más tarde me viene a la cabeza la reflexión “estaría bien ser capaz de sentirse así: si no me amas me mato. Y ser capaz de matarse. Y matarse.”
Pero la misma reflexión denota tres cosas: 1-no soy capaz de sentirme así: si no me amas me mato –soy excesivamente comprensivo. 2-no soy capaz de matarme –soy excesivamente cobarde. 3- No me mataré. Victor Antia, cuando se lo cargaron, dijo: Me han jodido. No seré nunca feliz (También en Los Lanzallamas, de Roberto Arlt).

domingo, 1 de septiembre de 2013

Perder peso viendo la liga BBVA con Kim Cardashian en la cama de un hotel de lujo barato en Miami

¿A quién le importa qué es lo que sigue a continuación después de un título como el que antecede? A mí no. Yo lo que quiero son lectores. No gente que me lea, sino gente que pulse "me gusta", y que figure en mis estadísticas como que ha pasado por aquí. No importa que ni siquiera llegue a este saludo: "Hola, intelectual". Pero me parece que este texto está resultando demasiado erudito para el título que tiene así que vamos a buscar alguna imagen para compensar.