martes, 21 de marzo de 2017

Corrientes

Una cosa es dejarse llevar por la corriente y otra cosa es nadar a favor de la corriente.
En el primer caso es un simple abandono. Te sientes satisfecho porque avanzas pero no pones nada de tu parte.
En el segundo caso, incluso vas más rápido que la propia corriente.
Nadar contra corriente es meritorio simplemente porque pones esfuerzo de tu parte, no por lo que en realidad consigas avanzar.
Por último, siempre puedes nadar hasta la orilla. El mérito es el esfuerzo que has puesto en sustraerte a la corriente.
Si al final te quedas quieto tampoco está mal; por lo menos mira el paisaje, no dejes la cabeza metida en el agua.

lunes, 20 de marzo de 2017

No mereces compartir mis defectos

Nuestra hambre es vuestra, os la ofrecemos. ¿Qué quiere decir este tipejo, eh?. Déjelo, patrón, es un pobre diablo. ¡Yo no soy un pobre diablo, hijo de la gran puta! Niños, niños, ¿a qué viene todo esto? Asígnale un número y que se marche de mi vista. Si lo vuelvo a ver me sacaré los ojos y se los daré de comer. No me prive de ese placer, patrón. ¡Zorra, ya sé lo que te gusta! A ver, señor, nos estamos alejando del tema. Alabim, alabam, alabimbombam -se menean las masas de carne sin conciencia. Y un espejo espejito negro reflejó la sombra del caimán. Señorita, sepa que no soy el mismo que usted solía escupir, defecar encima, vomitar y hasta orinarse graciosamente. Me he degradado mucho. Los daños no pasan en balde. Y sin embargo se menea usted tan deliciosamente, con un candor y una... cosa. Sáquesela y se la cortaré en lonchas tan finas que no tendrán mitad. ¡Eeeep pa, mi amigo! Si me he excedido en algún momento, ruego me reembolse el remanente. Tengo frío, la cosa no pinta bien, Marqués. Haremos fuego con estas muñequitas. ¡Déjame que te caliente, bribón, pícaro, bellaco! ¡Un alma!, ¡un alma!, ¡mi reino por un alma! Vamos a ver, vamos a ver -una figura simiesca s'aparese derepente frotándose las mano-, ¿algún color de preferencia, género, número, orden, filo? Solo rosas. Gracias. Las que usted tiene. Estamos tan bien así, juntitos. No puedo abrazarte, me cortaron los brazos. Pues bésame. Si no fuera porque tengo cien años, diría que el tiempo pasa como una exhalación. Y además me gusta. Elevemos al cubo esta relación. Tu nombre no es normal. Y tampoco se come. Pero eres la pastilla de jabón de mi vida. Haces que me sienta amada, querida, soñada y un poquito seducida. Pues entonces será mejor que lo dejemos. ¡Oiga! Y todo terminó el mismo día que empezó. La historia de su vida. Ejemplar, una muchacha ejemplar. Sorbe el zumo de la caja de cartón con un guiño pícaro que duele en las pantorrillas. Ella es así, tan inexpresiva como un jamón york. Casi la quería. ¿Y qué le faltó? Corazón. ¿Estaba muerta? Era su único defecto. Aquí tienes, te entrego cincuenta y tres por un lado y diecinueve por el otro. Excúsame pero me llaman de gerencia. ¡Slam! Ocio transgénico, consumir con precaución o bien desaforadamente. Ya no te quiero, Miguel. La osa mariposa fermenta en su estación. De tren o del año o de iglesia o de. ¡Arre, Manuel! Escapan. Se van. Voy corriendo tras ellos pero el polvo me cansa el cuerpo y la luz me penetra la piel y los pies se hunden en el suelo y el aire se adensa como muro. Una música que trae el viento. No sé. No sé. 

lunes, 13 de marzo de 2017

No me merezco

No me merezco mi desprecio. Y no me los merezco porque yo todo lo que hago lo hago por mí. Desde lo más sublime hasta lo más degradante, si es que se puede llamar así a alguna cosa que haga, que lo dudo, porque yo me respeto muchísimo; todo lo hago por mí. Y todo lo hago pensando en mí y en como lo recibiré yo. Mi único objetivo es agradarme, satisfacerme, hacerme progresar física y mentalmente. Al menos poner todo mi empeño en ello. Pero a veces, ese desprecio mío me duele. Me hiere.
Tal vez en muchas ocasiones me equivoque y no sea eso lo que necesito, tal vez en otras ocasiones me falte brío y no actúe como debiera, pero es entonces cuando debería actuar y decirme, no, oye, no sigas por ahí porque no es eso lo que quiero, o, sí oye, hay que moverse, hay que hacerlo de esta manera. Pero no, me dejo actuar y después, a toro pasado, ya comido el cochino, empiezo a lamentarme de lo mal que lo he hecho, de que tenía que haber obrado de otra manera, que si lo mejor hubiera sido, que si no he obrado bien, que si me he precipitado o no he sido suficiente.
No es justo. No es justo que me venga con todo eso cuando la decisión era de los dos. No es justo que me castigue cuando fallo y no me premie cuando tengo éxito; porque en muchas ocasiones lo hago bien. Y no es justo que no me agradezca o me felicite cuando me proporciono un momento sublime o simplemente feliz. Un qué bien lo he hecho, un hoy lo hemos conseguido, aunque me atribuya el mérito, yo lo comparto conmigo y eso me hace feliz. Pero algo, un golpecito en la espalda. Algo.
No; no me merezco. A veces, de verdad, pienso que no me merezco.
Pero me quiero. Y ya estoy muy acostumbrado a mí. No voy a dejarme, mi mucho menos, pero me pediría un poquito de comprensión, un poquito de sensibilidad conmigo. Que sumemos, coño, y no andemos restando o dividiendo, que con lo poco que hay apenas tocamos a nada.
Ea, ya está dicho. Tenía ganas de echarme este discurso. Sin acritud. Pero con la esperanza de que algo me llegue. Que son muchos años juntos. Un poquito de por favor.

viernes, 10 de marzo de 2017

Exijo

Exijo que esta vida no sea solo material, que haya una vía de escape. Aunque cueste mucho encontrarla, aunque sea casi imposible alcanzarla, aunque solo unos pocos de toda la Humanidad de Todos los Tiempos vayan a conseguir atravesarla y ninguno sea yo, exijo que exista, y exijo saberlo.
(¿o sería mejor que no?)