lunes, 2 de febrero de 2026

Marcos 2

 Como la gente se acumulaba en torno a la casa donde estaba Jesús predicando, pues se había extendido la noticia de que sanaba enfermos, unos hombres se encaramaron al tejado, abrieron un hueco e hicieron descender por él a un paralítico.

Jesús le dijo al paralítico:”Grande es tu fe y por ello tus pecados te son perdonados”

A lo que el paralítico replicó: No es que desprecie tu magnánimo gesto, Señor, pero soy paralítico desde que era niño, te conozco de aquellos primeros juegos, pues somos de la misma edad, nos hemos tirado piedras uno al otro, me habrás ganado boliches, haciendo trampas o no, y probablemente nuestras cometas compitieron por la propiedad del cielo. 

Casi treinta años llevo en esta condición que, como comprenderás, no me permite pecar ni poco ni nada. Tus buenas intenciones con respecto a mis pecados, que aprecio en lo que valen, me caen como la lluvia en pedregal, perdona la parábola, lava la piedra pero no hace germinar virtudes. Si me vas a perdonar los pecados, resumo, permíteme cometerlos primero. 

No blasfemes –dijo un sacerdote, que no había podido resistir la tentación de venir a comprobar las exageraciones que de este nuevo mesías se proclamaban por todas partes–, se peca con el espíritu, el cuerpo es solo el instrumento que firma el pecado ya cometido. La intención es lo que cuenta. 

Y tú –dirigiéndose a Jesús–, falso mesías, no te apresures a atribuirte poderes que solo la mano de Dios tiene la grandeza suficiente de sujetar.  

Entonces, Jesús, dirigiéndose al sacerdote le dijo: Osea, que a ti te parece que es más temerario decir «tus pecados te son perdonados», que, por ejemplo, –y dirigiéndose al paralítico– toma tu camilla y echa a andar. Firma todos tus pecados, que ya haremos cuentas a las puertas del cielo. 

El asombro fue general cuando, después de un titubeo, el paralítico se incorporó; ayudado por los que estaban junto a él, consiguió ponerse en pie, tomó los palos y la tela en que lo habían traído, que aquellos le tendían y se alejó, incrédulo de cada paso que daba en medio del pasillo humano que se había abierto para dejarle salir. Echaba, de cuando en cuando, una mirada hacia atrás como temiendo que lo llamaran y le exigieran que volviera a su sitio y su condición.

Tu magia es visible y desde luego espectacular, interrumpió el sacerdote el asombrado silencio reinante, a la vista está. Tienes poderes, o, como poco, habilidades extraordinarias. Pero meras habilidades terrenales, hechas con barro. Las otras, las del espíritu esas no puedes manejarlas a tu voluntad. No se perdonan los pecados como quien dice «levántate y anda». Esa promesa que le has hecho a ese hombre lo pone ahora en serio peligro de condenarse para toda la eternidad, pues si fía de tu palabra, obrará en la seguridad de que ninguno de sus actos, por contrario a la ley que fuere, tendrá castigo. Esta es claramente la forma de obrar del demonio, que, disfrazándolo de convenientes favores se asegura el alma del confiado. ¡YO TE CONMINO A QUE TE DESCUBRAS, SATANÁS!

En cuanto dijo estas palabras, Jesús quedó envuelto en un ceniciento humo pestilente a azufre y metano –ese día había almorzado judías– del que brotó un gruñido furioso que se transformó en una tenebrosa carcajada. El lugar que había ocupado el impostor quedó impregnado con una mancha con forma de nalgas de en medio de las cuales brotaba una cola terminada en punta. 

En el silencio aterrado que se hizo a continuación, el sacerdote se levantó, se sacudió la sotana dándose algunos manotazos aquí y allá y se marchó silbando bajito por entre el pasillo que la multitud volvió a abrir para darle paso. 

Días después el pueblo volvía a animarse con la noticia de un joven acribillado a tiros por la policía en un prostíbulo, después de que este hubiera atracado una casa de monedas hiriendo de muerte a uno de los usureros. 


Una tarde que el cura se paseaba por las asoladas calles del pueblo para bajar la comida rehuyendo la siesta porque se estaba poniendo muy gordo, oyó ruido de festejos en la posada y se acercó a ver qué ocurría. Había una reunión de publicanos y pecadores entre los cuales el menos relajiento no era el mismísimo Jesús. El sacerdote entró y conminó a este: ¿Qué es esto? Tú comiendo y bebiendo con publicanos y pecadores. Al oír esto, Jesús, sonriendo, le saludó alzando una copa y replico: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores. El sacerdote, satisfecho con la respuesta, saludó inclinando levemente la cabeza y, sonriendo, continuó su paseo. 


martes, 20 de enero de 2026

La llegada


En La Llegada, unos extraterrestres llegan a la Tierra para ofrecerles un instrumento, su lenguaje, a los humanos, de modo que, dentro de 3000 años los humanos puedan ayudarles a ellos a resolver una crisis.

¿Y cómo saben los extraterrestres que dentro de 3000 años necesitarán la ayuda humana?

Pues porque ellos perciben el tiempo como quien mira un plano, abarcándolo todo de una mirada (presente, pasado, futuro; y, supuestamente, varias posibilidades del suceder). A diferencia de los seres humanos que experimentamos el tiempo de un modo lineal y unidireccional (y por lo tanto irremediable). 

¿Y cómo vamos a poder ayudarlos dentro de 3000 años, tiempo que ni siquiera estamos nosotros seguros de alcanzar como especie, al menos como civilización?

Dada su capacidad o modo de percibir la realidad espacio temporal, tal vez es que ellos ya nos han «visto» ayudándoles en ese lejano futuro (tan lejano como la aparición de las primeras sociedades organizadas de seres humanos). En cuanto a cómo, lo único que sabemos es que ellos esperan que por medio del aprendizaje de su lenguaje, que pacientemente nos han ayudado a conocer, nosotros modifiquemos nuestra manera de percibir la realidad, y, como consecuencia, de actuar sobre ella, y que eso nos capacite, después de 3000 años, para ayudarlos en su crisis. 

Y siendo ellos capaces  de percibir el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo, ¿cómo es que no actúan para soslayar estos sucesos futuros que los pondrán en crisis?

Tal vez, a pesar de que son capaces de tener una concepción intemporal de su existencia, esta misma sigue siendo impredecible e irremediable, y que entra dentro de su manera de actuar el resolver los problemas que les van apareciendo en el futuro acudiendo al pasado para modificar determinados parámetros. Y esto es lo que han hecho, se han encontrado en el futuro con un conflicto y se han dicho, ¿cómo lo resolvemos?, pues vamos a buscar una forma de vida en el universo que pueda ayudarnos o al menos que podamos adiestrar para, cuando alcancen esta época, tengan capacidad de hacerlo. Y eso es lo que han hecho. 


Aventuro que esta capacidad de percibir la realidad de manera intemporal, es individual, y por lo tanto limitada a cada individuo. Es decir, un individuo no es capaz de ver más allá ni más acá de su propia existencia, pero sí abarca toda su existencia de una forma unitaria. Tal vez no inamovible. Quiero decir, que de alguna manera siga existiendo un suceder causal. Cada acto del individuo hoy puede modificar su perspectiva futura, y el individuo puede volver al pasado y cambiar su actuación. El futuro en cambio siempre está por definir, en cada instante de su existencia, de ahí esa idea de plano. Metámonos dentro de eso: yo puedo revivir literalmente cada instante de mi pasado. Es decir mi consciencia es consciencia de mí en cada uno de los instantes que he vivido, que estoy viviendo en este momento. Pero no más allá de este momento. Pero soy consciente de que en el futuro soy consciente simultáneamente de este momento y de todo lo que ha sucedido después de este momento. Esto lo sé de una forma racional, por deducción, pero mi experiencia me dice que nada sé de lo que pueda sucederme mañana.


Pero volviendo a la película, la mujer, que acaba por aprender el idioma de los extraterrestres, y siguiendo un principio que mencionan en la propia película que viene a decir que el lenguaje condiciona cómo percibimos la realidad, luego, aprender un lenguaje nuevo modifica nuestro cerebro y con él nuestra mente (me gusta distinguirlos) de modo que percibimos (cuando aprendemos ese nuevo lenguaje) la realidad de una manera distinta. (En realidad creo haber leído en alguna parte que precisamente es imposible, para alguien que se ha criado en una lengua llegar a adquirir completamente el modo de percibir el mundo, y hablar, otra lengua,  como lo percibe la cultura de la que es originaria esa otra lengua, pero esta hipótesis se cargaría la película). Pues esa mujer empieza a tener extrañas ensoñaciones en las que se ve a sí misma en el futuro con una hija, con un marido… Incluso llega a saber, de antemano, antes ni siquiera de haber flirteado con el tipo con el que se va a casar, que la hija que va a tener va a morir en la adolescencia de una enfermedad rara. 

Esto es todo lo contrario a mi hipótesis de la mente de los extraterrestres, es decir, la mujer no está presente en cada instante su pasado sino de su futuro. Esto, para la película es absolutamente necesario porque precisamente esa capacidad es la que va a permitir a la mujer “salvar” la situación actual de crisis en la que acaba de entrar la humanidad con el despliegue de hostilidad de los humanos contra las naves espaciales. Esta es la paradoja que siempre encontramos en todas las películas que tratan sobre el viaje en el tiempo, veamos lo que ocurre en este caso: La mujer tiene el recuerdo futuro de que el general chino, en una celebración relacionada con el lenguaje extraterrestre, le agradece la llamada, en el pasado, cuando la crisis de las naves espaciales, que fue la que le convenció de abandonar las hostilidades contra las naves. La mujer en el futuro todavía no recuerda haber hecho esa llamada y le pregunta a qué teléfono hizo la supuesta llamada, y entonces el general le da su número de teléfono. En ese momento, en el pasado, la mujer recuerda, recuerdo de futuro, ese encuentro y llama al general chino. Gracias a esta llamada, las hostilidades que podían haber desencadenado una guerra mundial, bien contra las naves o bien entre las diferentes potencias recelosas, fueron desactivadas. Todas se unieron para estudiar la información que les habían dejado los extraterrestres (que habían tenido la precaución de dividir en doce partes, porque doce eran las potencias que habían decidido que recibieran esa información, y que necesitarían compartir para tener todos la información completa) y así alcanzaron ese futuro de concordia en el que fue posible que el general chino se encontrase con la mujer. 


Lo que me llama la atención es esta idea de que una causa futura provoca un efecto en el pasado que permite que concurran las circunstancias para que se de esa causa futura. 

No es lo mismo que viajar al pasado y matar al padre antes de que conozca a la madre, con lo cual nunca habrían tenido a este hijo. ¿Desaparecería? Si desapareciera no podría haber ocurrido ese viaje en el tiempo y por lo tanto no habría ocurrido ese crimen y por lo tanto existiría y sí lo habría hecho. Oscilación infinita. 


A uno, es decir, a mí, me gustaría creer que existen esas formas alternativas de percepción de la realidad, aunque no las comprenda ni las conciba realmente, más que desde mi pobre capacidad perceptiva. Otra idea genial que se dice en la película es que uno está limitado a comprender y expresar con los elementos de que dispone, en nuestro caso la mente, regida por esas concretas interconexiones sinápticas de tan alta complejidad. Y  no podemos ir más allá. Cuando soñamos solo podemos soñar con imágenes y palabras y sentimientos que en realidad responden a esas interconexiones sinápticas en “reposo” por así decirlo. Como un reloj en el que, estando en reposo su mecanismo, las manecillas dan vueltas alocadamente, dando sin embargo horas sintácticamente coherentes. Lo mismo que un reloj no puede emitir palabras, nuestra mente está presa en nuestro sistema causal de pensamiento. Y aunque verbalmente podamos expresar paradojas, no las «entendemos» como realidades posibles. 


La gracia está en que somos capaces de concebirlas. Somos capaces de fantasear más allá de lo que somos capaces de vivir. Hasta un cierto límite. Como los relojes, podemos dar secuencias completamente aleatorias de horas:minutos, pero no podemos decir “hola”. Estamos encerrados en nuestro mecanismo que es capaz de fantasear con que hay un “ahí fuera”. Este sí que es “el sentimiento trágico de la vida” y no el de Unamuno