lunes, 14 de septiembre de 2026

Orgullo de ser rancio



Este gusto, tan español, por recordar el pasado idílico, donde todo era mejor, la comida más auténtica, los juegos más variados, los padres más afectuosos y mejores padres porque también eran más duros, el gusto por las buenas viejas carreteras sin asfaltar, los descampados abandonados campos de juegos infantiles, las puertas abiertas sin miedo a los ladrones, la educación que nos enseñaba, ellos sí, a sumar restar multiplicar dividir, y a leer, a palos, es verdad, algunas veces, pero aprendíamos…

Y sin embargo hemos alcanzado este presente, que, con toda seguridad no nos llegó de cielo, tan distinto del aquellos buenos viejos tiempos, ¿por qué los cambiamos tanto si tanto nos gustaban? Y estos jóvenes de hoy, de los que tanto nos quejamos, y nos burlamos, ¿de dónde han salido?, ¿quién los ha educado tan mal?

Ya está bien de quejarse y empecemos a avergonzarnos un poco, pues somos los responsables de todo esto que parecemos deplorar. Este presente lo hemos construido todos y cada uno de nosotros, y si ha salido como ha salido es porque creíamos que así era mejor que como estaba, no nos empujó implacablemente el Carro del Progreso, somos nosotros los burros que tiran de ese carro y hasta aquí lo hemos traído. Y hemos sido nosotros los que hemos educado a nuestros hijos y nietos, los que hemos intervenido en la escuela para exigirles que no se haga esto y sí se haga lo otro, los que les hemos impedido jugar en la calle, y les hemos dado aparatos electrónicos para que se queden en casa, los que les hemos apuntado a las actividades extraordinarias y hemos fomentado que tengan más amigos virtuales que reales.  Y lo hemos hecho así porque nos parecía mejor que como nos habían educado a nosotros, tan rústicos, con cartillas de escritura, catecismos, libros  de relaciones de reyes, historia de la literatura desde el siglo de oro hasta el romanticismo, generación del noventayocho, del ventisiete y ahí se paró el mundo. 

¿A qué viene hablar de aquellos tiempos tristes y miserables como si hubieran sido el Edén del que nos expulsaron? Si los miramos −y solo algunos− con nostalgia es solamente porque ya pasaron y porque tenían el futuro tan prometedor del hoy, cosa que hoy ya no tenemos, porque lo peor del presente es la incertidumbre del futuro. Y también porque fueron los nuestros, lo tiempos sagrados de nuestra infancia −de aquellos para los que la infancia fue un buen tiempo−, pero en modo alguno son mejores, ni peores que el presente, solo inevitables como lo es el presente, al que, si sobrevivimos, recordaremos con la misma nostalgia con que hoy recordamos aquel buen y viejo pasado despojado de todas las amarguras, tantas como hoy, con que sin duda estaba salpicado. 


lunes, 7 de septiembre de 2026

todos los políticos son iguales

 Los extremos se tocan, dice, un extremo es igual de malo que otro extremo, dicen


Extrema izquierda

Extrema derecha

  • Salarios Justos

  • Vivienda asequible

  • Sanidad pública

  • Educación pública

  • Justicia y equilibrio social

  • Pedro Sánchez ta ta ta

  • Fuera los inmigrantes