Acabo de ver la película de Sean Penn “Hacia rutas salvajes”. Chriss McCandles, ya hablé de él una vez, después de acabar la universidad, dio a una institución de caridad todo el dinero que tenía y se echó a la carretera a vagabundear. Recorrió el país, preparándose para su gran proyecto que era irse a vivir a los bosques de Alaska. Después de dos años se sintió preparado y allá que se fue. Pero no estaba lo suficientemente preparado. Supongo que demasiado romanticismo y poca disposición práctica. Murió de hambre en Alaska. El asunto es que yo no considero su muerte como una derrota, sino como un inconveniente que se le plantó delante. El tipo hizo lo que quería hacer, eso lo tenía muy claro: salirse de un modo de vida que le parecía absurdo. Pero no lo planificó convenientemente, se precipitó, quizá. En modo alguno su muerte es una confirmación de que estaba en un error.
En cambio, esas veces que salgo al balcón, me domina la desagradable sensación de que mi supervivencia no es exactamente una victoria, y echo de menos esa intensidad de vivir y conocer y darle más importancia al camino que a la seguridad de un sueldo, de una pensión cuando sea viejo, de una casa y una familia.
Pero no se engañen: en cuanto regreso del balcón porque se me ha acabado el cigarrito, me preparo un güisqui, lo llevo hasta el sillón, enciendo la lamparita, y me sumerjo plácidamente en remotos paisajes y trepidantes aventuras, hasta que mi mujer, bostezando, regresa del cuarto de la televisión y me pregunta “¿te quedas?” y yo digo, “acabo el capítulo y voy”.
HACIA RUTAS SALVAJES
JON KRAKAUER, ZETA BOLSILLO, 2008
ISBN 9788496778740
La imagen aparece en la película y en el libro. Yo se la he tomado prestada a este blog donde también habla de la película