martes, 21 de junio de 2022
Ondas desvanecientes o argo asín
El guión es de otra entrada que hay por ahí debajo. Un divertimento que me hacía gracia leer. Es verdad que suena a En Clave de Ja. Qué le vamos a hacer. Uno no puede renunciar a sus referencias aunque no las reconozca.
jueves, 5 de mayo de 2022
Conversación y canciones
—Tu nombre me sabe a yedra.
—¿Qué me quieres decir con eso?
—Es un verso de una canción.
—Conozco la canción, y no dice «yedra», dice «hierba»: tu nombre me sabe a hierba de la que crece en el campo a golpe de sol y de agua, o algo así. Es una imagen hermosa. Evoca el campo como pureza, inocencia, bondad
—No lo había pensado, yo más bien tenía una idea gastronómica o erótica, si se quiere. Lo que de verdad me evoca a mí es al chicle doblemint, ¿te acuerdas?, ese que era verde.
—A veces me pregunto… Deberías donar tu cerebro antes de morirte. Total para lo que lo usas.
—No veo qué diferencia hay entre «yedra» y «hierba». La yedra también es hierba, ¿no?
—La yedra, es decir, la «hiedra», es una planta trepadora que se agarra fuertemente a los cuerpos inmediatos...
—Anda como tú… a veces.
—...que daña y ahoga con su espeso follaje.
—No diría yo tanto como espeso… normalito.
—No te salgas del tema. Dime, a qué viene eso de compararme con una hiedra.
—Yo solo estaba cantando. Ya sabes que nunca me acuerdo bien de las canciones. Recuerda cuando cantaba aquel tango que no decía: arácnido en tu pelo, sino harán nido en tu pelo.
—Eso no te lo equivocaste tú, sino un personaje de un libro que te conté. Y me lo cantabas porque sabes lo asquerosas que me parecen esas inmencionables artrópodas.
—Es que siempre estás a la defensiva. Si supieras menos de todo no te sentirías tan amenazada.
—Ya salió el tema. No puedes soportar que tenga un doctorado y medio y tú solo media carrera.
—Eso es injusto, sabes que no llegué al final por una insuficiencia.
—No fue solo por una. Fueron muchas, por eso te echaron.
—No me echaron. Me fui. Yo tengo una mente libertaria. No estoy hecho para el redil de una cátedra.
—Supongo que será por eso que no distingues la hiedra de la hierba. A saber qué otras cosas estarás comiendo por ahí.
—En cualquier caso ya sabes que yo nunca te quise por tu inteligencia.
—Yo desde luego nunca podré quererte por la tuya.
—Me estás llamando tonto.
—El más tonto. Tontísimo.
—Si no fueras tan guapa...
—Si no fueras tan ciego.
—...te lavarías menos.
—¿Qué?, ¿ahora te metes con mi higiene?
—Llevas una hora en el baño. Hace dos que teníamos que haber salido. Era otra canción: si no fueras tan guapa te lavarías menos.
—Si no fueras tan bruto. La canción dice: si no fueras tan vaga trabajarías menos.
—Pues me suena mejor la mía. Llevo años cantándola así. Y me parece lógico. Los guapos, al saberse guapos, se cuidan, porque obtienen recompensa de su esfuerzo. En cambio los que no tenemos estrella… no es que seamos unos guarros, es que estamos desmotivados.
—Tu lo que no tienes es vergüenza. Será por eso que comes en lugar de la hierba al no estar en el redil de la cátedra. Lo mismo en lugar de comértela deberíamos fumárnosla.
—Ya sabes que no puedo fumar. Por la tensión. Lo mismo tienes razón, tomando tantas pastillas, que si la tensión, que si el colesterol. La única que me da alguna alegría es la de la alergia.
—¡Mira qué curioso!, tienen las mismas letras.
—Es normal que se repitan, solo hay veintisiete.
—Es curioso que teniendo las mismas letras los síntomas sean tan distintos.
—Ya está. Aprovechas cualquier ocasión para mencionar a tu ex.
—Si, es verdad, sin Tomás todo es distinto.
—Y tanto que era distinto. Como que con él no podrías haber iniciado esta conversación. El prefería la música anglosajona.
—Con la inestimable virtud de que no sabía ni papa de inglés y nunca nunca recitaba letras de canciones trastocándolas, bebe un trago.
—Afortunadamente prefirió a la música anglosajona y me dejó a la listilla hispana.
—No te «dejó», bwana. Simplemente fuiste un consolador… sin pilas por cierto.
—Te rescaté de las más profundas cimas de la desesperación, querida… y lo sabes.
—Me querido Julio, no te creía tan leído.
—Me sé unos cuantos títulos más de tu estantería, a saber: Critica la razón, Puta. Este es un panfleto feminista en contra de la lógica patriarcal, de una tal Enmanuelle Cant. Sugerente nombre.
—Si fueras menos burro te ascendería a Clavileño.
—Un honor ser un chocolate.
—Un churro es lo que eres. Un churro frío, por lo que estoy observando.
—Acércame la taza y te hago una merienda.
—No tenemos tiempo. Nos están esperando.
—Esos ya deben haberse comido entre ellos.
Canciones aludidas
miércoles, 1 de diciembre de 2021
Genio de la lámpara
Pide un deseo.
No estar aquí.
Deseo concedido ¡plop!
¿Dónde estoy?
En ningún aquí, es decir, no estás.
Pero sigo siendo. Cómo se puede ser sin estar.
Soy mago.
¿Qué se puede hacer no siendo?
Me temo que no mucho. Pensar.
Voy a probar un rato. … No me sale nada.
Normal.
¿Puedo cambiar de deseo?
Mmm...no, pero puedes pedir otro.
Quiero estar en algún otro sitio.
Imposible. Este no es un sitio así que no hay «otro» sitio.
Pues quiero estar en un sitio.
Concedido ¡plop!
¡Qué falta de imaginación! Estoy donde estaba al principio.
También los magos somos perezosos.
Y muy graciosos.
Es muy aburrido ser mago. En algo hay que entretenerse.
¿No solían ser tres deseos?
Mmm, sí.
No eres muy informativo, tú. ¿No estás obligado a explicármelo desde un principio?
Ha cambiado la normativa. La gente no suele acertar a gestionar tanta información de una vez.
Por lo tanto me queda uno, ¿vale?
Correcto.
Quiero…
¿No lo quieres pensar un rato?
Ya lo pensé antes, cuando me puse a pensar.
Dijiste que no te salía nada.
Sí, es verdad. A lo mejor lo he pensado ahora, pero con aquello como experiencia.
Y qué has pensado, a ver.
¿Lo pido ya?
Sip.
Quiero… querer estar aquí.
Concedido.
Qué bien. Qué a gusto. Como si me hubiera tocado la lotería. Pero sin los inconvenientes.
Me alegro. Ahora me voy.
Gracias.
Tú mismo. (la gente es cada vez más estúpida)
Coño, ahora que lo pienso, podía haber pedido que me tocara la lotería.
viernes, 24 de julio de 2020
Distante
¿Tienes ratas?
Tengo sospechas de ratas, aún. No quiero entrar en la certeza absoluta o no podría dormir.
¿Cómo es que tienes rata y no tienes gato?
No quiero tener gatos
Pero tampoco quieres tener ratas. Si tuvieras gatos tal vez no tendrías ratas.
Pero tendría gatos.
¿No te parece mejor tener gatos que tener ratas?
Me parece mejor no tener gatos ni ratas.
Eso es en un mundo ideal. En el mundo real tienes ratas.
Pero no tengo gatos. Supongo que me aproximo al ideal lo mejor que puedo.
No sé. Me daría más confianza tener gato.
A mí, por el momento, me da más confianza tener una banda adhesiva para las ratas. Ten cuidado por las noches.
Me pasa que se me ocurren conversaciones mientras veo películas en versión original con subtítulos. Esta se llamaba Usak, del director turco Nuri Bulge Ceylan, de 2002. El personaje tiene, en efecto, una rata o un ratón en la cocina. Un pariente del pueblo ha llegado para alojarse en su casa mientras consigue un trabajo.
jueves, 19 de marzo de 2020
Ondas desvanecientes o algo asín
Trataba de unos científicos que se metían dentro de la mente de una mujer que estaba en coma. No era para curarla ni nada, solo por el gusto de saber que podían hacerlo. Ya saben cómo son los científicos. El caso es que el tío al que le tocaba la parte activa, que tampoco es que fuera muy activa, porque lo metían dentro de un estanque de aislamiento, se pone en contacto con la muchacha que está en coma, y echan sus polvillos y eso. Pero a los de fuera que solo ven señales y gráficas, no les dice ni mú. Luego la cosa se complica un poquillo.
El caso es que mientras iba mirando la película iba tomando notas. Así que esto que sigue es, aproximadamente una transcripción del guión de la película. Aproximadamente quiere decir que cualquier parecido con la realidad, es lo que tiene, que como todo es realidad, todo se parece un poquillo.
Viaje a la mente de una mujer
Ella, que acaba de salir de la ducha, le mete mano al pibe, que está delante del ordenador to concentrao.
—¡Chacha, déjame tranquilo que estoy trabajando!
—Mentirosillo. Tú lo que quieres es que te deje solo para hacerte una paja mirando porno.
—Tengo que raparme la cabeza. Es pa un esperimento.
—Vale, yo compro una maquinilla cuando vaya al súper.
—¡No hace falta, con jabón y hojilla basta!
—¡Qué bruto es!. Te vas a cortar todo. ¿Y qué experimento es ese?
—¡Oh, uno!
—Misterioso estáis.
—Es que es secreto.
—Pero yo soy tu mujer.
—Por eso. No te lo puedo contar.
—Pues no me lo cuentes.
—Pues vale.
—Me quieren meter dentro de una señora.
—¿De cabeza?
—Nooo. Lo de la cabeza es pa los cables.
—¿Te van a meter cables en la cabeza? ¿Por las cortadas que te has hecho?
—Nooo. Me ponen unas pegatinas.
—¿Unas calcomanías? ¿Te van a tatuar la cabeza?
—¡Que no! Que es todo muy sientífico. Las pegatinas tienen unos cables que van a las máquinas esas y allí se ve too. A mí me meten dentro de una bañera y cierran la puerta.
—Parece un buen curro. ¿Está calentita el agua?
—¡Claro!, ¿y si no, quién aguanta, mujé?
—¿Y la señora quién es?
—No sé, una. No la he visto.
—¿Y te vas a meter dentro de ella sin conocerla? Se va a enfadar. Que yo conozco a las mujeres.
—¡Ah!, yo de eso no sé. Yo hago lo que me manda el jefe.
—Todo eso son cosas muy raras.
—La siensia es ansí.
—Oye, que me estoy follando a la chica esta.
—¿No decías que no la veías?
—Y no la he visto. A lo mejor ni siquiera es la misma. Como es por dentro.
—Y oye, digo yo. ¿Se te empalma allí dentro?, porque lo que es aquí fuera.
—Pues sí.
—¡Anda qué suerte! ¿Y cómo es ella?
—Pues, está muy bien. Es monilla.
—Monilla, ¿eh?. ¿Y dices que se te empina?
—Como una barra de hierro. Y ella le saca un rendimiento que no veas. Yo tampoco lo hago mal.
—Ese no eres tú. Si lo sabré yo.
—A lo mejor es que es un super yo, de esos.
—¿Y dónde lo tienes escondido?
—Tú estás celosilla.
—Hombre. No te digo que no me viniera mal una sesión de esas.
—Esto es solo para sientíficos.
—¡Y un rábano! A lo mejor se te queda algo, mira a ver.
—¡Quita, cochina, que tengo que estar consentrao para la sesión de mañana!
—¿Concentrado o descansado para esa golfa?
—No mujé. Que es cosas de la siensia. Tú no lo comprende.
—¿Y cómo va la cosa?
—No sé. Estábamos tan tranquilos, comiendo…
—¿También comen?
—¡Buah!, ostras, purpo, marisco, fresas…
—A ti te dan asco las ostras.
—Pues allí me las como. Y me gustan.
—Será por eso que se te empina. ¿Comes muchas?
—¡Me jarto!
—¿Y no te sientan mal? Mira que las ostras son muy traicioneras.
—Pues no.
—Es por eso, seguro.
— ...pues va y se me pone toa loca a tirarme la comida. Y, claro, yo le respondí. Un desastre hicimos en un momento. Luego me dijo, muérdeme.
—¿Y la mordiste?
—Un poquito.
—¿Y qué?
—Dijo, más fuerte.
—¿Cómo va la chica?
—Se está poniendo rara. En plan dramática.
—Esta va a querer algo serio. ¿Tú le has dicho que estás casado?
—¡Si no hablamos!
—¿Todo el rato es toma y daca?
—Todo el rato no. A veces descansamos. Pero no hablamos mucho.
—Esa es una lagarta.
—¡No seas así, mujé! Es solo en la cabeza.
—Que me llevó a una orgía.
—¿Una de esas de machos y hembras todos desnudos?
—Yo no toqué ninguna cosa rara. Creo que todo eran mujeres. Se restregaban entre ellas como en un nido de babosas o de serpientes.
—Tú no has visto una serpiente en tu vida.
—Eso no es verdad. Acuérdate de cuando fuimos a Galda. Pero yo me refiero a eso de las películas cuando se ven todas revueltas, que se mueven unas por encima y otras por debajo y luego se dan la vuelta, y sacan la lengua.
—¡Chico, qué asco!
—Ya te digo. Me dio asco y me fui.
—Y luego quieres que hagamos un trio con Laura.
—Es distinto. Solo son dos.
—A mí me parece que hasta yo voy sobrando…
—Ay, mujé. Siempre con esas cosas tuyas.
—A lo mejor podríamos invitar también a Alberto.
—¡Quita pa llá, cochina!
—Oye, ¿tú me quieres?
—¡Anda con lo que me sale esta ahora!
—Es que estás tan raro.
—Es lo del esperimento. Todo empieza a ponerse un poco… raro.
—¿La quieres más que a mí?
—Son amores diferentes.
—La cosa se va aclarando.
—¡Ah, sí!
—Sí. Verás. Yo no soy yo, sino su querío.
—Pero no decías que no la conocías de antes.
—En su mente, boba. Ella cree que yo soy su querío.
—¡Ah, claro!, por eso se te empina.
—Bueno…
—Ya me parecía a mí muy raro.
—Y como él la palmó, pues ella lo echa de menos.
—Y entonces llegaste tú.
—Un gorrino que hubiera llegado, una puerta, una señal de tráfico….
—Que te tocó. A otros les toca la lotería.
—En nombre de la ciencia cualquier sacrificio.
—Ella se despertó.
—¿Dormía?
—Estaba en coma, ¿no te lo dije?
—Al principio era una señora. Luego una chica. Eso es todo lo que sé.
—¡Venga, bah!, si ya se va a acabar.
—¿No dices que despertó?
—No es tan guapa, eh, no creas.
—Ya la viste.
—De refilón.
—Hueles a tabaco, ¿ahora fumas?
—¿Yo?, qué va.
—Todo esto es muy raro. ¿Te enteraste de que mataron a una prostituta ahí debajo?
—Yooo, no sé. Estoy tan consentrao en mi trabajo.
—Ya, ya.
—Tustás muy raro.
—Oye, que me han echao.
—¿Y eso?
—Se murió la chica.
—Claro. Tanto meneo.
—Ellos no sabían…
—¿No les contabas lo de los meneos?
—No.
—Con razón.
—Pues tendré que buscar algo.
—El mercadona tiene una lista para entrar de cajero. Como eres científico sabes de números, a lo mejor te cogen.
—Probaré a ver.
—¿Sabes qué? Echo de menos lo de los meneos.
—Con la chica esa.
—No. Así en general.
—Pues anda que yo estoy un poquito harta del dedito.
—¿Y si probamos a ver? Cuando estaba en el estanque tragué un poco de agua. A lo mejor con eso…
—Por probar...
miércoles, 26 de febrero de 2020
La tensión
— ¿Pero así, sin avisar ni nada?
— ¡Hombre!, te estoy avisando, esto es el aviso.
— ¡Ah!, ¿entonces no es ahora mismo; ya, ya?
— No, no. Todavía tienes un tiempo. Aunque no sé si vas a poder aprovecharlo todo.
— Eso me suena mal.
— Es que estás muy malito, tío. Y peor que te vas a poner.
— Pues yo no me noto nada.
— Es que la llaman, la muerte silenciosa.
— A quien.
— A la tensión alta.
— ¡Acabáramos! ¿Lo que tengo es la tensión alta?
— Altísima.
— ¿Y eso es malo?
— Malísimo.
— ¿Y no se quita?
— ¿El qué?
— La altura. ¡Yo qué sé!, tú eres el médico.
— No, no. Todavía no se sabe cómo quitarla. Si adelgazaras un poquito, a lo mejor… ¡Pero a lo mejor, eh, no prometo nada!
— Nada, nada, adelagazo.
— Si dejaras de fumar…
— Pero si no fumo.
— Pues no fumes menos.
— Lo intentaré. ¿Algo más?
— Nada de sal, nada de grasas, nada de café.
— No es problema.
— Nada de alcohol.
— Eso va a ser un problema. Uno tiene una reputación.
— Nada de alcohol, salvo un poquito.
— Así puede sobrellevarse. ¿Y así no me muero?
— Pues… no sé. A lo mejor no.
— ¿Y si sí?
— Pues, supongo que te morirás con unas ganas locas, porque la vida que tienes que llevar …
— Sí, eso sí. ¿Ustedes lo tienen todo pensado, eh?
— Se intenta. Son años y años de estudio.
sábado, 27 de abril de 2019
Concierto en el CAAM
— Hola, ¿es aquí el consierto?
— Hola, buenas tardes. ¿Concierto?, ¿se refiere a la intervención sonora?
— ¿Interve qué...?, ¿no había un consierto?
— Si, bueno… exactamente un concierto no es, quiero decir que no es exactamente música…
— ¿'tonse qué eh?
— Es… una composición con materiales sonoros…
— ¡Música!
— Bueno…, estrictamente hablando… Digamos que no se utiliza el sonido a la manera tradicional…
— ¡Vamo!, que no va a habé violine, ni piano, ni flauta, ni trinos de señoras gordas.
— Podrían aparecer, al fin y al cabo son materiales sonoros, pero no de una manera continua.
— ¿'tonse qué suena?
— Ruido blanco, chirridos, chasquidos, suspiros, plaf, plop, going, alaridos, etc.
— ¡Ah!, como cuando se me rompe la lavaora.
— Por ahí va bien.
— O cuando frena la guagua y se oye el flssssh de la puerta...
— O se cae un piano, o llora un niño...
— O canta una vieja, silba un cojo…
— ¿Por qué un cojo?
— Por la pata de palo.
— ¡Ah, entonces vale! Como ve, en estas condiciones no le podemos llamar concierto. En el último, la señora intérprete usaba plátanos, un paquete de gofio, un papayo.
— ¿Qué era?, ¿frutera?
— No. Esos eran sus instrumentos sonoros.
— ¿Sin violines ni gaitas?
— Ni pianos ni colas.
— Vaaaya por diosss. ¿Y dice usté que eso es música?
— Bueeeno. Es más como un pintor que use otros materiales además de los colores. Que use por ejemplo tierra, o sangre, que los hay. Que use trapos, u objetos que pega en el cuadro. Componiendo así una … forma… relacionada con la pintura pero no exactamente o estrictamente pintura tal y como la entendemos tradicionalmente. Pues lo mismo es esta… música...
— ¡Qué curioso! Y este chico de hoy, ¿qué trae?, ¿otra vez fruta o es más de charcutería?…
— No, este chico trae ordenadores.
— ¿Y se va a pone a golpeá los ordenadores, cristiana?
— No hombre, no. Va a programarlos para que de ellos salgan sonidos.
— ¡Ah caramba!
— Sí, señor. Le veo interesado.
— Yo soy mucho de ordenadores. Mi nieta m'enseñó a buscá en interné.
— Pues ya sabrá que es todo un mundo. Este chico construye sonoridades que luego, en el… concierto… va generando y transformando y mezclando para construir un … paisaje sonoro.
— Pues está muy bien eso.
— ¿Entonces?, ¿se queda?
— Es que me esperan a cenar. Si no dura mucho…
— Eso depende del artista. Nunca se puede saber con exactitud. Pero yo creo que en cosa de media hora habrá concluido.
— Bueno, pues me quedaré un rato.
— Siéntese aquí. Ah, mire, aquí llega el artista.
Aplausos, plas plas. El artista se sienta. Empieza a manipular en diferentes ordenadores que tiene delante. Muchos cables salen de ellos que van a otros aparatos que luego alimentan los altavoces. El artista toquetea, pulsa, gira botones. Se oye un pitido agudo que se va haciendo cada vez más grave …
…
— Ya ha terminado. ¿Qué le ha parecido?
— ¿Ya ha terminao? ¿El qué?
— La intervención… el concierto.
— ¿Pero cuando empesó?
viernes, 15 de diciembre de 2017
Entrevista al premio Pepe Ramírez de poesía
Ganar un premio siempre está bien. No voy a decir que me lo merezca más que cualquier otro, pero también me lo merezco, sí señor, y solo tengo agradecimientos para quienes han reparado en mi obra en esta ocasión.
Esto es un poco como una lotería, ¿no?; quiero decir, entre todas esas obras presentadas, que escojan precisamente la tuya...
Hombre, no es simplemente cogerla, espero. Es, también, leerla, compararla con las otras y decir, pues esta está mejor, por tales y tales razones. Y todo eso sin saber directamente quién es el autor de una y de otra. Y luego convencer a los demás que también han tomado sus propias decisiones. No dudo de que ha ocurrido así y en ese sentido debo sentirme muy orgulloso.
¿Entonces eres el mejor de todos los autores presentados?
Mejor o peor no es una cualidad que yo entienda muy bien. Hay momentos, hay ambientes, hay impresiones que cambian de un instante al siguiente. Hay humores de los lectores, hay mil cosas que hacen que tú decidas que hoy te gusta mucho esto y que, a lo mejor, mañana, ya no te guste tanto, o te guste aún más. No. No soy el mejor. Soy el que ha tenido la fortuna de que su obra estuviera en el lugar oportuno en el momento adecuado. Y de pronto me doy cuenta de que, en efecto, un poco sí que es una lotería, como tú decías al principio. No me creo el mejor de todos los poetas presentados, ni mucho menos. Pero no temo decir que me considero tan bueno como cualquiera de ellos.
¿De no haber sido tú, a qué otro poeta que no haya sido premiado aún le concederías este premio?
Qué pregunta más poco elegante, de verdad. Pues te diré, hay muchos autores ahora mismo en nuestro escenario literario. Unos más protagonistas y otros menos secundarios, símil que solo alude a su notoriedad, a su presencia en primera línea social, no a su calidad. Si yo fuera a escoger prepotentemente uno que me gustase para concederle este mismo premio, escogería sin dudarlo, aunque la sombra de la amistad que nos une hiciera recaer sospechas de parcialidad extraliteraria sobre esta decisión, a Luis...
¿Por qué cree que no le han concedido a él el premio?
Indudablemente, lo que me habrá favorecido, porque no se ha presentado. Y en segundo lugar porque yo no formaba parte del jurado. Dándose esas dos condiciones, hubiera ganado él seguro, aunque hubiera tenido que liarme a tortazos, dialécticos, sólo dialécticos, con el resto del jurado.
Serás, en la siguiente convocatoria de este premio, parte del jurado. ¿Crees que podrás ser imparcial?
No. Lo que creo es que podré ser honesto. Imparcial nunca. Precisamente se trata de usar tu parcialidad para escoger un ganador. La honestidad está en trabajar todo lo a ciegas que te permite el sistema de plica. Y a ese respecto yo me comprometo a completa honestidad.
Háblanos de tu poesía. Háblanos del libro premiado. Invítanos a leerlo.
Creo que el jurado ya hace eso, invitarles a leerlo. Este es, dicen , de todos estos, el libro que más nos ha gustado, léanlo.
Por mi parte solo puedo decir que mi poesía es... una preparación de la conciencia, gozosa o intentando que lo parezca para que lo sea, para afrontar la muerte, para morir en paz y sosiego. Todos mis poemas dicen horror, voy a morir, y luego, venga, vamos, serénate; sí, vas a morir, afrontémoslo. Qué nos falta, hagamos las cuentas.
¿Y cómo salen las cuentas?
Pues a veces resulta una clamorosa bancarrota. En cualquier caso pérdidas. Pero si lo consideramos en términos más serenos, sin beneficios, pero manteniendo el negocio.
No te has enriquecido.
Yo personalmente no, pero tampoco estoy tan seguro de que sean muchos los que lo hayan conseguido al cerrar el periodo. Creo que hay quien falsifica las cuentas, simula beneficios que no tuvo con el objetivo de subir la cotización de las acciones.
Lo siento, me he perdido
Quiero decir que en absoluto. Y en ese sentido soy bastante pesimista. Alguno hay que alardea de llegar al final completamente satisfecho, enriquecido de todo. Bueno... creeremos en su palabra, pero yo no puedo creer que de esto se salga enriquecido. La vida no da para eso. La vida no da para nada, si no es más que esto.
¿Qué otra cosa puede ser?
Pues eso que dicen las religiones, solo un pasito de un larguísimo camino que continúa después de la muerte.
¿Cambiaría algo si así fuera?
Ya lo creo que cambiaría. Cambiaría la actitud, cambiaría la forma de plantearse la vida, cambiaría mi poesía que se volvería... no sé cómo.
¿Cómo?
Más reflexiva..., más... incisiva, más obsesiva... Por de pronto en lugar de temer, ansiaría llegar a la transición. Me prepararía mucho más a conciencia para ese momento. Perdería menos el tiempo en toda la cantidad de estupideces que hacemos en esta vida simplemente para eso, para hacer tiempo, aparte de las que ya hacemos para mantenernos vivos y con salud.
¿Pero no le llamas muerte, sino transición?
Exacto, ya no es final. Y eso lo cambia todo.
Pero oye. Nos estamos desviando. Hablemos de poesía.
Yo no sé nada de poesía. Aspiro a saber un poco de vida, y utilizo la poesía como instrumento para eso. Nada más.
Y nada menos. ¿Cuánto te dan por este premio?
Unos bizcochos.
miércoles, 5 de abril de 2017
Las cosas que NO me pasan cuando voy al cine.
Al encenderse las luces de la sala observé que la chica que estaba sentada a mi lado – entró tarde, a oscuras, y me había obligado a levantarme para dejarle paso – era la misma que en la sesión de ayer se había sentado delante; antes de sentarse se giró hacia mí mientras se quitaba el abrigo y como nuestras miradas se cruzaron nos saludamos, ella sonrió acogedoramente.
Tratando de pasar desapercibido la miré de reojo, pero me pilló el gesto y me saludó:
– Hola. Otra vez coincidimos.
– Hola. Sí, va a ser que tenemos los mismos gustos cinematográficos.
– O que estamos igual de locos, porque mira que era raro esto que nos acabamos de tragar.
– Yo vengo buscando precisamente eso. Para ver normalidad salgo a la calle que me resulta más barato.
– Tienes razón.
Y, claro, salimos juntos de la sala. Al principio en silencio, pero luego noté que quería decir algo y como que no se decidía. Al fin arrancó.
– La verdad es que te he observado. Vas siempre leyendo mientras caminas. Y cuando llegas a algún sitio y levantas la vista, tu mirada parece velada, como si aún siguieras dentro.
– Dentro de qué.
– No sé, donde quiera que andes. En esa otra dimensión a la que te llevan las páginas del libro. Por cierto, ¿qué lees?
– Todo lo que pillo. No soy muy selectivo.
– Me refiero a ahora mismo.
– Ah, esto es un libro de … poemas, serán.
– ¿No lo sabes?
– No muy bien. ¿Frases cortadas a mitad que siguen debajo son necesariamente poemas?
– No soy experta en arquitectura literaria.
– Yo tampoco. En cualquier caso, se trata de un poeta, por lo visto, canario, exiliado y enterrado ya en Costa Rica. Me gustan las cosas acerca de las que reflexiona y la manera de hacerlo.
– ¿Y qué cosas son?
– Pues... el ser, la identidad... lo típico.
– Ajá. Lo típico.
– Pues aunque lo parezca no me considero despistado. Estoy muy atento a lo que pasa, no te creas. Aunque, a decir verdad, no me había percatado de que me estuvieran observando.
– Soy muy discreta. ¿Vas a la siguiente sesión?
– Hoy no tenía previsto nada más, pero si me sugieres alguna otra película rara, lo puedo reconsiderar, no hay que desdeñar los consejos del azar.
– Estefanía.
– ¿Qué?
– Mi nombre, que no es Azahar, sino Estefanía.
– Dije az... Vale. Una manera muy astuta de introducir la cuestión de las presentaciones. Yo soy Riforfo.
– No podía ser menos, tipo raro, nombre raro.
– Eh, que mis padres lo eligieron con un cuidado exquisito.
– Suerte que no fueron también mis padres o a estas alturas yo me llamaría Estofado.
– Pobres viejitos, están quedando fatal. Discúlpalos, ellos no tuvieron la culpa de vivir en unos tiempos tan oscuros.
– Pues volviendo a lo de antes, yo tampoco tenía previsto ver otra. La siguiente sesión termina ya demasiado tarde para mí, al menos entre semana.
– Pues, nada, hasta que coincidamos de nuevo... Yo me voy a tomar una cervecita antes de regresar a casa, que tengo la boca seca del paseo lector.
– A eso me apunto. Vamos, si no tienes inconveniente.
– Al contrario, has picado el anzuelo tan sabiamente tendido.
– Es que el engode estaba muy bien elegido.
– No puedo decir que sea un veterano pescador.
– Ni yo que sea una inocente pescadilla.
– Entonces encajamos bien, mi falta de experiencia la suple tu sobra de malicia.
– Tampoco me sobra tanto.
– Me estaba haciendo ilusiones.
– No te cortes.
– Tanta predisposición me hace sospechar. ¿No serás una de esas psicópatas que seducen a hombres maduros con sus juveniles encantos para acabar asesinándolos follando hasta matarlos?
– No. Solo soy lo que aparento.
– Si me permites, el que debe decidir lo que aparentas, en este caso concreto, al menos, soy yo, y soy una persona con una imaginación exuberante.
– Pues para concretar, me temo que no soy ninguna psicópata, por el momento.
– Vaya. Soy un hombre sin suerte.
– Ahora que... si no te importa quedar simplemente herido.
– Eso despliega nuevas posibilidades nada desdeñables, como que debas intentarlo todas las veces que haga falta hasta lograr tu maléfico objetivo.
– Tengo una voluntad de hierro. Cuando me empeño en algo puedo ser muy persistente.
– Yo soy una víctima fácil. Me entrego sin lucha.
– Eso le quita emoción a la aventura del crimen.
– Pues lucharé, lucharé.
– Pues arreglado, ¿firmamos un contrato o algo?
– Un beso bastará, somos personas honorables.
miércoles, 13 de abril de 2016
Contratos Temporales
Àbrame la puerta, Samuel.
Lo siento, señor, yo no soy Samuel.
¿No está Samuel?, no importa, yo soy su jefe, ábrame la puerta. ¿Dónde está Samuel?
Excúseme, señor, pero yo ignoro si usted es o no mi jefe. A mí me han ordenado que no le abra la puerta a nadie. Respecto a Samuel, parece que lo despidieron. Un ajuste de plantilla.
Ah, sí. ¿Y va a cumplir usted esa orden cuando yo soy su jefe?
Sí, señor.
Pero esto es absurdo. ¿Cuánto tiempo me va a tener aquí?
¿Cómo dice?
Digo que en algún momento tendrán que sustituirle. Es usted el guardián nocturno, ¿no? ¿Cuándo vienen a sustituirle?
Ah, sí. Me han dicho que a las ocho en punto de la mañana vendrán a sustituirme.
Son las siete y media y ya estoy aquí. Ábrame.
¿Es usted mi sustituto?
Sí, sí, y ya estoy aquí, ábrame de una vez.
Antes dijo que era mi jefe.
También soy su jefe. Yo le he contratado.
Se lo agradezco, señor, necesitaba de verdad este trabajo. Por mal pagado que esté.
Ábrame la puerta y agradézcamelo personalmente.
No puedo, señor, hasta las ocho en punto no debo abrir la puerta. Esa es la orden que me han dado: a nadie hasta las ocho de la mañana.
Pero yo ya estoy aquí, ya puede usted marcharse.
Se lo agradezco, señor, pero apenas quedan unos minutos.
¿Y me va a abrir la puerta a las ocho así sin más, sin conocerme?
Bueno, en cuanto usted me diga la contraseña, claro.
¿Y si no me sé la contraseña?
No abro.
Bueno. Al menos parece que el sistema de seguridad funciona.
Son las ocho, señor, ¿se sabe usted la contraseña?
No me la sé. No soy su sustituto, idiota, ya le he dicho que soy su jefe, el presidente de la empresa.
Encantado, señor. ¿Hay alguien junto a usted que se sepa la contraseña?
No, no hay nadie.
Pues mi jornada se ha acabado, me voy. Buenos días.
Oiga, ¿qué hace?. ¿No va a esperar a su sustituto?
A mí nadie me dijo que tuviera que esperar.
Pero, ¿qué ha hecho, loco? ¿No sabe que no hay llave para entrar? Tiene que esperar a que su sustituto entre antes de usted salir. Ahora ha cerrado la puerta y no se puede abrir desde fuera.
Nadie me dijo nada de esperar. Me dijeron: de ocho a ocho. Ya son las ocho.
Insensato, acaba usted de desgraciarme. ¿Cómo entramos ahora?
Yo no tengo que entrar, por eso he salido.
Es usted un completo idiota. Está despedido.
Hola, perdonen el retraso.
Y usted, ¿quién es?
Soy el vigilante.
Ah, mi sustituto. Llega usted tarde.
Sí, lo siento.
Este idiota ha cerrado la puerta.
Pues que la abra otra vez.
No se puede. ¿Usted también es nuevo?
Sí, señor, es mi primer día.
Pues mal empieza.
Es el jefe.
Encantado.
No se alegre, queda usted despedido también.
¿A mí también me ha despedido?
Hace un momento.
Eh, oiga, que yo he cumplido con mi deber.
Pero ha cerrado la puerta, idiota.
A mí nadie me dijo nada de la puerta.
¿Qué pasa con la puerta?
Que no se abre desde fuera
¿Y no se puede entrar por ninguna otra parte?
¡Claro que no! ¿Qué clase de seguridad sería entonces?
¿Y entonces para qué es el agujero que hay en el muro, ahí detrás?
¿Cómo? ¿Qué agujero?
Ah, sí.
¿Cómo que 'ah, sí'? ¿Sabía usted que había un agujero?
¡No lo voy a saber! A las tres de la mañana armaron un escándalo tremendo.
¿Y usted no se lo impidió?
¿Yo?, no, ¿por qué?
¡Es su trabajo, para eso es vigilante!
A mí solo me dijeron de vigilar la puerta. Que no entrara nadie y eso.
Bueno, pues yo ya estoy aquí dentro. ¿Usted es don Rodrigo?. Pues en cuanto se identifique ya puede entrar. Es lo primero que me han dicho, cuando llegue don Rodrigo, le dejas entrar.
¿Qué? ¿Pero cómo ha entrado usted?
Por el agujero, claro. !Como la puerta no se podía abrir!
¿Pero quién los ha contratado a ustedes?
¿No dice que usted es el jefe? Aunque, ahora que recuerdo... antes me dijo que era mi sustituto.
No puede ser, su sustituto soy yo. Ya me ve.
¡¡Cómo?? ¿Están ustedes locos?
Esto me huele muy raro. Yo voy a llamar a la policía. A mí me dijeron que si algo me olía raro que llamara enseguida a la policía.
A mí también, pero yo no olí nada durante la noche. Pero ahora... ahora sí.
Eso, eso, sí. Le ordeno que llame usted a la policía. Esto se va a aclarar. Esto es gravísimo.
¿Hola, buenos días? ¿Han llamado a la policía?
Sí, ha llamado el vigilante.
¿Es usted el vigilante?
Claro, no me ve, aquí detrás de la puerta.
Ya veo. Para qué llamó a la policía.
No, quién ha llamado a la policía he sido yo. Señor agente. Quiero que interrogue a estos dos hombres.
A ver, aclárense. ¿Qué es lo que pasa aquí?
Creo que este señor es un impostor. Primero dijo que era el vigilante sustituto...
Pero el vigilante sustituto soy yo, ya ve.
...Luego dijo que era el jefe, y más tarde se ascendió a presidente.
Pero ¡ES QUE SOY EL PRESIDENTE!
Además está lo del agujero del muro.
¿Qué agujero?
Eso, que se aclare lo del agujero.
Hicieron un agujero en el muro
¿Así que ha intentado entrar por un agujero? Eso es allanamiento, amigo mío, con escalo.
¿Quee?. ¡Yo no he intentado nada. Soy el presidente, ¿me entiende?
Yo solo entiendo que aquí pasa algo muy raro. Y usted está muy nervioso. Será mejor que venga conmigo y lo aclaremos en la comisaría.
¿Cómo?¿Me va a detener a mí? ¿Y estos dos locos se quedan tan panchos sin decir nada? Yo solo quería entrar en mi empresa. Empezar a trabajar que hoy tenía un día muy duro. Un día muy duro.
¿Y cómo quería entrar?, ¿haciendo un agujero en el muro? ¡Pero qué bruto! Bastaba con llamar y decir la contraseña.
Ah, sí, claro, la contraseña. Se me olvidaba. Bastaba con decir. "Hola, soy el jefe, la clave es mariposa", y le hubiera dejado entrar. No hacía falta que hiciera un agujero.
Pero si yo no he hecho ningún agujero. Esto es de locos, señor agente.
Cálmese. Venga conmigo. Se le van a acabar los días de hacer agujeros, amigo.
¡Pero yo no...!
No se resista.
Bueno. Si no hay nada más, yo me retiro, señor guardia.
Sí, sí, retírese. Ya le llamaremos para declarar contra este pillo.
¡Pero, oiga!
Con su permiso, agente. Yo también me retiro que es mi hora del bocadillo.
Continúe su servicio, amigo.
Pero oiga, esto es un atropello. Usted no sabe quién soy yo.
Vamos, vamos. Se te va a caer el pelo.
martes, 29 de octubre de 2013
La dialéctica amansa a las fieras.
-¿Y a ti qué te pasa, maricón?
-Yo prefiero el término gueis.
-Y a mí qué, maricón, te llamo como quiera.
-Creo que es más respetuoso.
-Que te respete tu puta madre, maricón.
-Preferiría que moderara su expresión, no quisiera entrar en una dialéctica airada.
-Qué estás diciendo, maricón.
-Si persiste, tendré que tomar medidas defensivas. Orales por supuesto, no soy partidario de la violencia.
-Qué vas a hacer, maricón, ¿me la vas a chupar?
-No, llamaré a ese amigo mío para que te corte la polla y te la meta en la garganta hasta que te asfixies. Es un experto haciendo esas cosas. Trabajó para un Cárter colombiano. Un espectáculo fascinante. Apostamos a ver de qué mueres primero, si asfixiado o desangrado. Casi siempre pierdo, él tiene más experiencia. Y muchos mueren del corazón, será cosa de la impresión.
-Bueno, tampoco es para ponerse así. Solo estaba bromeando.
-No. Si yo me he divertido.
-Bueno, pues, si no dispone de otra cosa… me voy
-Encantado de conocerte, muchacho. No me olvidaré de ti.
sábado, 21 de septiembre de 2013
Ah, qué recuerdos
-¿Te acuerdas de una vez que nos pintamos la cara como putas y nos hicimos fotos?
-Sí.
-...
-Tu y yo haríamos unas magníficas putas
-...
sábado, 20 de julio de 2013
Anosmia
-He perdido el olor, doctor.
-¡Eso no se pierde así como así!
-Yo no sé cómo lo he perdido, cuando me he venido a dar cuenta, ya no estaba.
-Suele suceder, uno no le presta atención a las cosas pequeñas, hasta que no están.
-Es cierto, y entonces se vuelven imprescindibles. No vea cómo lo echo de menos, doctor.
-Le comprendo, a mí me pasa lo mismo con mi mujer. Desde que no está, me siento desoladamente perdido.
-¿Se murió?
-No, se fue de casa. El caso es que me vine a dar cuenta ayer, pero, fijándome en el fregadero, hace por lo menos tres días que nadie friega un plato.
-No parece que usted y su mujer tuvieran una relación muy estrecha.
-Yo creía que éramos una pareja muy liberal.
… (breve silencio)
-¿Y con mi nariz qué hacemos?
-Déjela como está, yo no la veo mal.
-Me refiero al olor, doctor.
-¡nsh!¡nsh! Yo no huelo nada.
-El que no huele soy yo, ¿se acuerda?
-¡Ah, sí!, perdone. No hay nada que hacer. Una vez que se va, ya no hay nada que hacer.
-¿Está hablando otra vez de su mujer?
-No, no. Me refiero a su olfato. Se llama “anosmia”, y es crónico.
-Pero, ¿me lo dice así, sin reconocerme ni nada?
-Si quiere le hago un reconocimiento, vaya quitándose la ropa. Pero no va a ser necesario, es un caso de libro. Mírelo, aquí: “anosmia: lo-siento-pero-no-hay-na-da-que-ha-cer”
-¡Oiga!, no bromee. Acabo de perder la mitad de los placeres de la vida: comida, bebida, aromas… Es una tragedia.
-Siempre le quedará el sexo.
-Esa es otra consulta que tenía que hacerle. Me temo que tengo erecciones irregulares.
-Y qué opina de eso su mujer.
-Ella ni se ha dado cuenta.
-¿Es que es partidaria del sexo oral?
-Más bien es partidaria del sexo de boquilla. Yo creo que tiene otro.
-¿Otro pene?
-El paquete completo, quiero decir que tiene un amante.
-Esto va a ser una epidemia.
-¿Cómo dice?
-Nada, me acordaba de mi mujer.
-Como ve, doctor, me estoy consumiendo. ¿Qué será lo próximo: el oído, la vista, la voz?
-Va a tener usted que hacerse budista.
-Lo dice por lo de ir poniendo mi conciencia en paz.
-No, lo digo porque si sigue perdiendo sentidos, lo de la ausencia de deseo le va a salir a usted muy natural.
viernes, 14 de junio de 2013
Unos años después
Escribir es copiar en un papel lo que dices.
¿Y eso se puede hacer? Joder, mano, ¡cómo es la ciencia! ¿Y tú sabes?
Sí.
¿A ver, enséñame?
Mira.
¿Estas rayas?
Sí.
¿Y qué dice?
Lo que tú acabas de decir. Mira, aquí: “Escribir. ¡Qué palabra, mano! Escribir. ¿Qué significará?”.
Joder, mano. Eso es magia. Es lo que dije. Igual. Bueno, no sé porque ya no me acuerdo de lo que dije exactamente.
Pues exactamente es esto.
Y si yo digo. Hola.
Aquí está: “Hola”.
¿Esto es un poco magia, no?
Un poco.
¿Y dices que los antiguos lo hacían?
Los muy antiguos.
Joder, mano. ¿Y para qué?
Pues tú lo has dicho, para acordarse. Para acordarse de lo que habían dicho.
Pues está muy bien. Muy buena idea.
Si. Eso pensaban ellos.
¿Y por qué ya nadie se acuerda?
Pues. Vinieron unos tiempos en que dejó de hacer falta porque todo lo hacían las máquinas.
Las máquinas, anda que te inventas tú cada palabrita. ¿Eso qué es?
miércoles, 30 de enero de 2013
viernes, 15 de julio de 2011
Otra forma de contar un chiste.
- No.
- Un hombre se encuentra a otro que espera a la puerta de su zaguán. Lo saluda y sigue de largo.
- No empieza bien. No parece un chiste.
- Calla, que ahora viene lo más interesante. Unas horas después regresa por el mismo camino y el tipo del zaguán sigue allí.
- Joder, como historia es trepidante.
- No me interrumpas, coño, que se pierde el efecto sorpresa: Se para y le pregunta: “oiga, ¿lleva usted aquí toda la mañana?”.
- ¿Tú crees que va a tardar mucho la guagua?
- Precisamente este chiste tiene mucho que ver con el transporte. Verás, el del zaguán responde.
- ¿Cuánto llevamos aquí, una hora, dos horas?
- Yo que se, no tengo reloj. Para mí que el sol no se ha movido de ahí en todo el rato. Debe ser la misma hora. Pues el tio responde.
- Pero ¿qué hora era cuando te diste cuenta de eso?
- ¿No te digo que no tengo reloj? Le dice: que he escuchado por televisión que el mundo da vueltas.
- Se me va a hacer tarde.
- Pero si no vamos a ninguna parte. Estabamos sentados aquí simplemente. Esperando.
- Pero se me va a hacer tarde igual.
- ¡Qué enigmático eres a veces, de verdad!
- ¿Ya acabó el chiste?
- ¿Qué chiste?
- Dijiste que ibas a contar un chiste.
- Pero tú dijiste que no. Luego ya no me acuerdo.
- Estabas contando algo. ¿Qué era?
- ¡Ah, sí! Lo del tipo del zaguán. Pues el tipo le responde que estaba mirando la televisión y se enteró de que el mundo estaba girando.
- Uno de esos que ve documentales de la dos. No va a ser un buen chiste.
- Espera, espera, que ahora viene lo bueno. El tio le dice.
- ¿Te he contado cuando, una vez, ví salir el sol en medio de la oscuridad?
- No. Parece apasionante.
- A mí me lo pareció. De pronto se hizo la luz. Fue impresionante.
- Se llama amanecer. Y lleva ocurriendo hace mucho tiempo. Si te levantaras más temprano. O te acostaras más tarde.
- No era eso, no era eso, era… mágico.
- Bueno, ¿sigo?
- ¿Qué?
- Lo del chiste.
- ¿No decías que no estabas contando ningún chiste? Bueno sigue.
- Pues el tipo del zaguán le dijo que como tenía que irse a la oficina. Estaba esperando a ver si su oficina pasaba por allí para meterse dentro de un salto.
- ¡Ajá!
- ¿No lo comprendes? Como el mundo estaba girando, pues la oficina tenía que pasar por allí. ¿No lo entiendes?
- Si. Lo entiendo. Pero no tiene gracia.
- No sé, a mí siempre me ha hecho gracia. Lo vi en una película.
- Tu ves películas muy raras.
jueves, 28 de octubre de 2010
Asaduras
-Bueno, aquí se ve que… ¿bebe usted mucho?
-¿Mucho?, no, no. Bueno sí.
-Hay que beber menos.
-Se intentará. Pero del riñón ¿qué?
-El riñón está bien, bueno, aquí no se ve nada, pero el hígado y el páncreas están un poco tocados.
-Yo no he sido, no me llego tan adentro, en cuanto toco la campanilla me dan arcadas.
-Entiendo, entiendo. Hay que bajar peso y hacer un poquito de dieta.
-Yo como sano, doctor. Potajes, fruta, queso, esas cosas.
-Pues coma menos de cada.
-Se intentará. Entonces ¿no me voy a morir?
-¿Morirse?, sí, morirse se va a morir seguro.
-Si, bueno, pero, ¿Cuándo?
-Aquí no se ve la fecha… No, no se ve.
-¿Entonces estoy como un roble?
-Yo me fijaría más en un cochino.
-¡Doctor!
-Oiga, que los cochinos, fuera de la triquinosis, son unos animales sanísimos.
-¡Ah, bueno!, si es así. Lo que yo quería preguntarle es: si me sigue doliendo ¿qué hago?
-Quéjese.
-Pero con eso no me curo.
-Pero alivia.
-¿Usted cree?
-Hay estudios que así lo aseguran. Además que el dolor le hace perder el respeto a la muerte.
-Y tanto, hasta tiene uno ganas de morirse.
-Ahí está, la gente se agobia mucho con lo de la muerte. Yo siempre les digo: si le doliera más no tendría usted tanto miedo.
-Oiga, ¿usted es doctor, seguro, no?
-No. Yo sólo me licencié. Me daba pereza la investigación.
-Pero se licenció en medicina, ¿no?
-¿Está usted poniendo en duda mi profesionalidad?
-No, Dios me libre, pero de sus conocimiento dudo un poco.
-Pues le voy a mandar un análisis de hígado y otro de páncreas, y una laparoscopia que duele mucho.
-¿Eso no tendrá nada que ver con meterme un bombillo por el culo?
-No, creo que se lo meten por el ombligo.
-¡Pero el ombligo no es un agujero!
-Pues se hace, ahora hay unos taladros cojonudos.
-Me está dando miedo doctor.
-Ahí quería yo llegar, ¿ve como que le duela tampoco es tan malo?
-Visto así. ¿Entonces, cual es el diagnóstico?
-No me quiero arriesgar, yo creo que mejor esperamos a la autopsia.
-¿Y si me muero antes?
-Entonces venga por aquí y le mandamos al especialista.
