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domingo, 22 de febrero de 2026

Sobre el tiempo y el espacio.

 Estaba oyendo un audio libro de la novela La máquina del tiempo, de H.G. Wells. Allí se  habla del tiempo como una cuarta dimensión,  y yo me dije, no puede ser una cuarta dimensión puesto que depende del espacio y, por definición, las dimensiones son variables independientes una de la otra.

El tiempo está indisolublemente atado al espacio. El espacio puede prescindir del tiempo, pero el tiempo no puede prescindir del espacio. Para que exista tiempo debe haber movimiento, transformación, cambio, de otro modo no es posible determinar el tiempo. Por lo tanto existe una atadura entre el tiempo y el espacio. 

Es posible el espacio sin tiempo. Mientras no haya cambio. Y, habiéndolo, es también posible el cambio en el espacio sin necesidad del tiempo, si ese cambio es inmediato. Pero cómo concebir el tiempo sin espacio. Que es un durar de la nada. O un durar de algo que no cambia, ¿cómo se sabe que dura si no cambia?

 Si nos bajamos a las partículas subatómicas resulta que eso de que el electrón pueda estar en todas partes al mismo tiempo podría significar que está sucediendo un movimiento sin tiempo, movimiento inmediato, sin tardanza. Por eso se dice que al observarlo es cuando determinamos la posición, es decir, solo en el momento en que interviene un observador se determina la posición, precisamente, digo yo, porque ese observador somos nosotros, seres temporales, incapaces de percibir ese movimiento sin tiempo. 

El tiempo es un atributo, si no humano, de la vida. Sin vida, y probablemente sin racionalidad, no existe el tiempo. Porque es el ser humano el que se entretiene en esas cosas. El tiempo, al final, es una entidad mental, una idea. La medida del tiempo ha tenido que objetivarse, para que todos la compartamos, en un recorrido espacial, es decir, ha tenido que sustanciarse (siempre he querido utilizar esta palabra, pero nunca he sabido qué significa: “llevar a cabo o hacer material un proyecto, una idea, etc.”, en este caso la idea de medida del tiempo) en el movimiento, en el espacio, puesto que no concebimos otra clase de movimiento. (Ya hemos dudado que de se pueda concebir un desplazamiento en el tiempo, sin espacio. Ese durar es inconcebible, imposible concebir si es mucho, poco o normal (alude a un juego que, cuando éramos pequeños, teníamos con mis hermanos, que consistía en que el otro nos mordía la mano, o nosotros a ellos, y el mordido indicaba el grado de presión). De otro modo cada uno tendría su propia medida del tiempo (mucho, poco o normal, dependía de la capacidad de resistencia de cada uno, pero que no estaba relacionado con la capacidad de apretar del que mordía, que tenía que evaluar, a partir de lo que aquel le decía, si aflojaba más o apretaba menos).

En ese sentido que he tratado de explicar, el tiempo es una percepción, no una magnitud física. ¿Puede eso significar que cambiando nuestra percepción pudiésemos llegar a una especie de universo… se me ocurre que pétreo, ya realizado en todos sus avatares, ya cumplido en todas sus posibilidades? ¿Que podamos comprender y hasta superar eso de que la velocidad de la luz tiene una velocidad constante se la mida por donde se la mida? (Es muy sospechoso que precisamente le hayamos dado ese privilegio de independencia a la velocidad de la luz nosotros, seres mirantes, ¿a qué conclusiones sobre el universo hubiera llegado una especie ciega? Habrían aprendido a escuchar, y a transformar todas esas radiaciones que nos vienen del espacio y tal vez hubieran llegado a las mismas conclusiones por otros caminos, puesto que el Universo sigue siendo el mismo? ¿O sería otro universo puesto que la percepción enfoca otros detalles?

En nada de esto se entretiene Wells, por cierto. A él le basta con avanzar hasta el año 802701 y encontrarse conque la humanidad se dividió en dos especies, una subterránea y otra superficial. La de arriba, al parecer, tuvo una época de esplendor y ahora vivía en un estado poco más o menos que edénico, salvo por el detalle de que los de abajo suben de vez en cuando a llevarse a unos cuantos, seleccionados entre los más adultos, para comérselos. 

Supongo que a estas alturas del siglo veintiuno dudamos de algunas cosas. La primera es que la humanidad alcance tal año, y segundo que el estado de la superficie terrestre pueda llegar a ser un lugar tan edénico y, como mínimo, que los de abajo se lo dejen gozar a los de arriba sin molestarlos demasiado (no estabulándolos, no alimentándolos con productos que los hagan engordar más pronto, etc.)

viernes, 25 de marzo de 2022

Tiempo - Espacio - Movimiento

 Pues dicen que solo si hay algo hay espacio y hay tiempo. Si no hay nada tampoco hay espacio ni tiempo. 

Habiendo algo ya hay espacio. Tiempo no. Porque si ese algo es inmarcesible, no se gasta, no se transforma, no hay manera de medir el tiempo. Ni siquiera, si aparece de repente, se puede medir el tiempo desde que apareció. Es decir, desde que apareció siempre estuvo ahí. (contando con que haya alguien observando todo eso). Aunque haya movimiento, aunque eso que hay se mueva. Al estar solo, no puede llamársele movimiento. No es movimiento de hecho. Solo hay movimiento cuando hay dos y ambos se mueven de manera distinta. Así que hace falta uno para que haya espacio y dos para que haya movimiento. Todavía no tiene por qué haber tiempo. si uno se mueve uniformemente alrededor del otro, bueno sí, algo puede contarse. Pero es un tiempo finito, e inútil. El tiempo es útil para medir los cambios. Pero si esto que hay es inmarcesible, no cambia, pues simplemente sería una cuenta. Sí podríamos responder a ¿Cuánto tiempo hace que existen estos dos planetas?: tantas vueltas. ¿A qué distancia está de este el planeta que da vueltas?, pues a diez, quince veces el diámetro de este planeta.

Si en lugar de dar vueltas uno entorno al otro, pasaran uno junto al otro, se cruzaran, digamos, el tiempo y el movimiento tendría un comienzo y un final.  El comienzo sería desde el momento en que se avistan ambos objetos, se van aproximando, se cruzan, se alejan hasta que se pierden de vista. Por un instante hubo tiempo en ambos, y movimiento. Luego otra vez el puro existir y la quietud en el espacio.

Supongamos que el algo que hay está dando vueltas sobre sí mismo. No lo sabríamos hasta que de pronto apareciera otro algo enfrente. Pero esto vería que ese algo estaría girando entorno a esto, ¿o es al revés? Esto no lo sabría, pero aquel sí, aquel sabría que el otro, al que hemos llamado esto, está quieto con respecto a él y girando sobre sí mismo (en el caso de que esto no fuera una bola perfecta). Pero esto creería que aquello está girando alrededor de él. Tendrían dos ideas distintas del universo. Y si rizamos el rizo y hacemos que aquello gire alrededor de esto a la misma velocidad que este da vueltas sobre sí mismo, ya no tenemos nada, solo dos cosas enfrentadas permanentemente una a la otra, ¿quién va a saber que una está girando sobre sí misma y la otra alrededor de la primera, sino ponemos una tercera?

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Me acabo de enterar de que la gravedad no es una fuerza. No hay un campo gravitatorio. Según la explicación, nosotros, todos los que estamos sobre la Tierra, aceleramos hacia arriba con una aceleración g. Cuando caemos es cuando, por decirlo de algún modo, estamos en reposo, es el planeta el que viene hacia nosotros y ¡plaf! se nos cae encima. Yo tampoco lo entiendo, pero es maravilloso. Como si de repente llegáramos a las antípodas y descubriéramos que allí no andan cabeza abajo como todos sabemos que hacen, sino que caminan igual que nosotros, con los pies en la tierra. 

Pues la gravedad viene a cuento porque eso que llamamos espacio y eso que llamamos gravedad son lo mismo. Resulta que el espacio no es un plano -- pero qué es un plano en medio de la nada, donde no hay arriba ni abajo ni dentro ni fuera, ni a un lado ni al otro -- Lo que se quiere decir es que cuando un objeto existe crea el espacio y no solo lo crea sino que si existiera otro objeto, cerca o lejos, ambos lo notarían, notarían que algo ha sucedido, aunque no sean testigos de la aparición de ese segundo objeto, aunque no lo vean, de algún modo lo sienten, mi presencia aquí y ahora afecta al concepto de espacio, no simplemente porque lo rellene --y bien relleno-- sino porque redefino, le añado matices, curvaturas --me pregunto si se deberá a esto mi imposibilidad de acercamiento a las chicas--. Últimamente han descubierto la presencia de "ondas gravitacionales", que probablemente significa que se estan creando o están desapareciendo objetos en el espacio. 

Si utilizamos la representación  del espacio como una tela elástica de modo que no habiendo nada en él es un plano, pero desde el momento en que ponemos un objeto en ella, se hunde, la deforma y deforma todo el plano haciendo notar su presencia, esa presencia notaría una segunda presencia en el espacio lo mismo que ese objeto de la cama elástica notaría si otro chiquillo saltara en otro lado.

Yo no sé muy bien qué diferencia hay entre que exista fuerza gravitatoria o no exista, cómo afecta eso a las fórmulas y a los desplazamientos. A mí me parece lo mismo, lo mismo que le parecería lo mismo a Newton si se lo explicaran, es como en lugar de mirarlo desde un punto de vista, lo miramos desde otro. 

Pero es que luego viene lo del tiempo. Uf, lo del tiempo ya me desborda. El tiempo y el movimiento parecen estar relacionados y también el espacio mismo. ¿Han oído hablar de que si viajan a la velocidad de la luz se expanderían hasta el infinito?, también parece un símbolo, algo así como que viajar a la velocidad de la luz es ya estar en todas partes al mismo tiempo, es reducir el tiempo a cero. Pero aún así la velocidad de la luz es algo ridículo en el universo donde las distancias se miden por miles, millones de años luz.

Me he perdido. Me quedé mirando la luz de la pantalla y me he perdido. Supongo que no vale como excusa pero ahí lo dejo. 


martes, 15 de junio de 2021

Túnel Cuántico

 


Explicándomelo a mí, el efecto túnel viene a ser un suceso que ocurre sin pasar estrictamente por todas las fases por las que tiene que atravesar «normalmente» para alcanzar ese estado, y lo que es más importante, sin necesitar el aporte de energía que necesitaría para alcanzar ese estado desde un estado inicial. 

El ejemplo que te ponen es el de una pelota impulsada hacia arriba por un ladera de una montaña con la intención de que alcance la cima y resbale por el otro lado. Se necesita darle un buen patadón para eso (energía) pero puede ocurrir que sin llegar a darle tan fuerte, la pelota, habiendo alcanzado solo una parte del recorrido hacia la cima, aparezca ya rodando por el otro lado cuesta abajo. Como si hubiera atravesado un túnel a través de la montaña. 

No es un hecho inexplicable. Al parecer tiene que ver con la naturaleza de onda que tienen las partículas subatómicas. Si pensamos en las partículas como pequeños pedruscos, la cosa nos parece imposible, pero si pensamos en las partículas como formas de onda, pues poco más o menos viene a ser como si una onda de sonido llega y choca contra una pared, una parte de la onda rebotará en la pared pero otra parte, tal vez pequeñísima, avanzará por la pared y eventualmente saldrá por el otro lado por donde la vecina está tejiendo la bufanda de la nietilla con el oído atento.  

Tras escribir lo de arriba, hice un movimiento y cayó algo al suelo. Por el sonido deduje que se trataba de una regla con la que poco antes había estado midiendo un clavo (9,2 centímetros de largo y 3,5 milímetros de diámetro en el cuerpo del clavo, la cabeza no la medí. Me lo encontré al bajar del coche cuando iba a desayunar. Estaba nuevito, me agaché a recogerlo y me lo eché al bolsillo de la chaqueta. Lo recogí porque era algo útil y estaba nuevo, tal vez más porque estaba nuevo que porque era algo útil, aunque apenas tenga valor. Tan poco que al que se le cayó no lo echará de menos, y tal vez hasta lo oyó caer y ni se preocupó de recogerlo. Ahora está aquí, en mi mesa de despacho junto a las plumas, bolígrafos, rotuladores, lápices. Definitivamente ahora es un Objeto Fuera De Lugar –¿OFL?, ¿fuera de Sitio?, OFS, mejor–  que podría convertirse en una obra de arte o un ready made de esos. ¿Qué hace un clavo en medio de esta gente?, preguntará el observador. Y empezará a meditar sobre el sentido de la obra. El sentido es un invento de la imaginación. Es ella la que genera la duda y luego trata de satisfacerla. La realidad simplemente está ahí. Ocurre y ya está. La imaginación no puede soportar esta falta de misterio de lo que sucede. Lo que sucede ya no puede ser de otra manera. El camino es la única elección efectivamente realizada de todas las posibilidades que había de llegar desde A hasta B. La vida también es un camino). La regla se me cayó, pensé, y me agaché a buscarla. No la encontré. Aparté la silla y miré dentro de la papelera, pero nada. La regla había desaparecido. Por un instante imaginé que, por consecuencia del nuevo concepto que había introducido en mi existencia, el nuevo conocimiento había encendido nuevas luces en mi percepción de la realidad que me rodea, teniendo como consecuencia que llegase a apreciar nuevos matices de esa realidad, y que una expresión de eso era la desaparición de la regla justo después de caer, no sé tal vez trasladándose de dimensión por alguna especie de efecto túnel causado por una improbabilísima forma de golpearse contra el suelo, de modo que el yo de ese universo paralelo se encontraría, al agacharse a recoger la regla, con que habían dos reglas exactamente iguales. Fue un segundo en el que vislumbré el misterio y luego la puerta se cerró, recobré mis facultades naturales, me arrastré por el suelo y encontré la regla, medio camuflada contra las baldosas negras gracias a su transparencia. 

La regla cayó y yo imaginé y me fui más allá de la realidad palpable, mecánica, contante. Tal vez eso es también el efecto túnel. Ese aventurarse más allá pero no físicamente sino en otra dimensión como es la dimensión de la imaginación. Otro ejemplo que te ponen para hacerte comprender el efecto túnel es una masa o nube de puntos que representa a una partícula, y que avanza hacia una pared. Cuando choca contra la pared, rebota y comienza a avanzar en sentido contrario, pero una especie de nube fantasma parece haber atravesado la pared y continuar en la misma dirección y sentido por el otro lado. Eso es la imaginación que continúa avanzando hasta agotarse o extinguirse. Si en el otro lado hubiera un «repetidor» como se hace con las corrientes eléctricas cuando se van atenuando a causa de la distancia recorrida por el cable, entonces esa entidad doble de la masa de partículas original adquiriría sustancia propia y habríamos conseguido crear un desdoblamiento de la realidad.


En cierto modo esto nos lleva a la idea de que el que quiere puede. Es decir, si tu voluntad de querer algo es lo suficientemente fuerte, ese fantasma que atraviesa la pared resulta más consistente hasta el punto que puedes conseguir llegar a convertirlo en una realidad. La pelota rebota contra la pared porque es demasiado consciente de que la pared es un obstáculo. Olvidando que la pared es algo que se contrapone a su voluntad de seguir avanzando, atravesaría simplemente la pared que ni si quiera verla. En la película (y ensayo-recreativo de Jon Ronson) “Los hombres que miraban fijamente a las cabras” había un personaje que estaba convencido de la verdad de este argumento y se negaba a utilizar la puerta para salir de su despacho, al menos en un primer intento. Con el topetazo, su mente se volvía demasiado consciente de la presencia de la pared como obstáculo y eso le desalentaba para volver a intentarlo.

En el mismo sentido de «el que quiere puede», (en tiempos esto se conseguía por medio de la fe y de la oración, que, decían, podía mover montañas), están los que llegan a decir, aduciendo, no sé si con excesiva extrapolación, argumentos cuánticos como este mismo del efecto túnel y aquel de que hasta que no se observa una partícula no se puede fijar su estado concreto, que es, todos al mismo tiempo( Quiérese decir que las partículas subatómicas parecen estar simultáneamente en todos sus estados y que solo al practicar una medición se las pilla en un estado concreto, por eso se habla de probabilidades y no de cantidades exactas), que la realidad es moldeable por la voluntad, que en sí misma no es más que un sistema de partículas, una matriz de datos, creo que decía Jacobo Grinberg, a la que nuestra mente le da sentido, y que por lo tanto el acto de nuestra mente es el que fija el estado de esas partículas, así que es nuestra mente la que decide.  De ahí por ejemplo las extrañas materializaciones que dicen que son capaces de realizar algunos curanderos mexicanos o algunos otros santones hindúes. ¿Y por qué los demás no podemos? Pues porque, como dice Gurdieff estamos muy lejos de ser Seres Humanos completos (él dice habitualmente Hombres, pero por mor del lenguaje inclusivo, he cambiado el término para que sea más abarcante), aún somos apenas máquinas biológicas que respondemos mecánicamente a estímulos, más o menos complejos, pero no muy lejos de que se hunda el botón cuando lo pulsamos. Nuestra mente, todo lo que somos capaces de concebir es simplemente una copia de patrones que se han instalado en ella y somos incapaces de dudar de la realidad que nos han enseñado a percibir. Si conseguimos refinar nuestra mente, tal vez lleguemos un día, es lo que se sugiere en la película Matrix, a comprender que todos somos representaciones, fantasías de unas mentes que se han creado un mundo fantástico común y que lo han olvidado con el paso del tiempo, acostumbrándose a creer que esta es la una realidad constatable. 

Esos que sueñan, que nos sueñan, ¿dónde están? No en esta realidad, que es su sueño, tal vez en una  realidad como  esta puesto que la sueñan y uno no hace telas con otros hilos que los que conoce, aunque la tela en sí sea otra. 

Cada uno de nosotros somos, hipotéticamente, la representación de dioses dormidos que obran en este mundo de fantasía a través de nosotros.  Cuando morimos, quien nos sueña despierta y comprende que todo ha sido un sueño. Maldice por no acordarse más que de briznas de todo lo que ha soñado, nuestra vida, se levanta, mea y se va a la cocina a hacer un café mientras se rasca la cabeza y bosteza. 

martes, 30 de julio de 2019

Predicciones, cataclismos y ángeles que no vinieron

Al final de curso siempre me acometen los más insospechados miedos. Miedos irracionales a nada concreto. Simplemente miedos. Yo creo que se debe a que se produce el cambio del comienzo de las vacaciones y todo cambio provoca crisis. Yo soy una persona de monotonías muy arraigadas. Me hago un hábito en cinco minutos.
En fin. Que me da por mirar vídeos de profecías apocalípticas. Hoy he descubierto al famosísimo en su tiempo Edgar Cayce que prometía una inversión de los polos para un día de estos. Escuchando y mirando un programa sobre este hombre, mencionan, naturalmente, al famoso Nostradamus, que para este año promete la tercera guerra mundial. En el mismo programa mencionan, muy de pasada a la Madre Shipton, de la cual nunca había oído hablar, que asegura no sé que, porque no me entero
“Los hombres amarillos ganarán gran poder del oso poderoso, a quien ellos ayudarán. Estos tiranos no tendrán éxito en dividir el mundo en dos, mas de estos actos nacerá un gran peligro. Y una fiebre intermitente dejará muchos muertos”. 
Dicen que los amarillos son los chinos y que el oso son los rusos, pero ¿se pelean o se hacen amiguitos o qué? ¿Y dónde está el águila aquí? ¿O el gallo y el toro simbolizando el resurgir de los imperios hispánico-portugueses?.
Más reciente parecen ser las de un tal Scallion que ya promete el maremagnum y la rehostia con una redistribución planetaria de los continentes, hundiéndose unos por aquí y levantándose otros por allá.
Baba Vanga también dice que todo va a ir mal con los chinos.

Lo que me preguntaba leyendo todas estas cosas –en el trabajo, ja, estoy a punto de irme de vacaciones– es: ¿qué sentido tiene avisar a la gente de que le va a sobrevenir un peligro tan inmensurable que le va a resultar imposible tratar de evitar sus consecuencias? ¿No sería más piadoso no decirles nada y que cuando les caiga la piedra en toda la cabeza los pille sonriendo o distraídos mirando la televisión? Por qué ese empeño en avisar de las barbaridades que van a ocurrir, y no anunciar las cosas buenas que podrían pasarnos si dejásemos de ser tan gilipollas. Al menos Chico Xavier esperaba que un ángel bueno viniera a felicitarnos por no habernos matados en estos cincuenta años que nos dio de prueba. Al final el ángel no vino, será que todavía desconfía. No me extraña.


Post y tal:
Después de estos acontecimientos habrá una época de bendición.
Aquellos, quienes la vivirán serán muy felices y bienaventurados.
Pero la gente tendrá que empezar ahí, donde sus abuelos empezaron. (Alois Irlmaier)

miércoles, 22 de febrero de 2017

El pato de Vaucanson

Leyendo Mason y Dixon, de Pynchon

En el camino hacia Filadelfia, en una posada donde deben alojarse durante varios días debido a las malas condiciones ambientales para continuar el viaje, nuestros amigos conocen a un chef francés que tuvo que huir de París a causa de la persecución a que lo sometía un pato. Esto sonará menos extraño si tenemos en cuenta que el tal chef había ganado un prestigio notable precisamente elaborando exquisitas recetas cuyo principal ingrediente era el pato. Lo que verdaderamente debe sorprender es que el animal que lo perseguía a él no era un pato corriente que hubiera asumido el grito de venganza de sus cientos, tal vez miles de congéneres sacrificados, sino un pato mecánico hecho de cobre por un tal
Vaucanson y que tenía la facultad de comer y beber y luego de la pertinente deglución, excretar lo ingerido convenientemente transformado por la digestión.
También tenía la facultad de mover las alas y volar, lo que hacía con tal celeridad que lograba desaparecer de la vista. Así se le escapó a su dueño y deambulaba libre por la ciudad. Pero al igual que el posterior Franquenstein, se sentía único y solo en el mundo, sola en este caso, pues el pato se declaraba pata, y decidió reclamarle a su creador un compañero, que por lo visto este ya había construido y guardaba en una estantería de su laboratorio. Como la pata no se atrevía a hablar directamente con su creador, decidió utilizar un intermediario, y su elección recayó sobre el mentado chef, en parte considerando que de alguna manera debía pagar la deuda que tenía contraída con todos los patos del mundo, incluida ella, aunque estuviera hecha de metal.
El cometido del chef era sencillo: solicitar, en nombre de la pata, permiso a Vaucansón, para que esta invitara a salir al pato de la estantería, para lo cual había reservado una mesa en un coqueto restaurante y posteriormente irían a ver una ópera, espectáculo que deleitaba a este mecánico engendro. El caso es que el chef  no estaba muy dispuesto a servir de alcahuete para la pata mecánica, así que esta le acosaba a todas horas insistiéndole en su reclamación. Aprovechando esa facultad de desaparecer gracias al velocísimo aleteo, lo que conseguía sin ni siquiera estar en vuelo, aparecía y desaparecía en los momentos más inoportunos perturbando las relaciones sociales y laborales del chef, que terminó por ser rechazado laboral y socialmente por sus conciudadanos.  Lo peor es que la pata acabó cobrándole cierto afecto exigente al cocinero y ya no le abandonaba de día ni de noche, o al menos esa era la obsesión que poseyó al chef y le inspiró la idea de huir a América. Algo bueno había en todo esto, la pata se convirtió en una especie de Ángel de la Guarda del chef, y en varias ocasiones lo libró, surgiendo de la nada y volviéndose a ella una vez realizado el prodigio, de una muerte previsible en caso de que hubiera permitido desarrollar el dictado del destino. 

martes, 18 de octubre de 2016

Cuarta dimensión

Admitiendo que vivamos en una tercera dimensión, o que, mejor dicho, nuestra percepción y experiencia del mundo ocurra en una tercera dimensión, más una dimensión tiempo que no podemos nombrar exactamente como cuarta. ¿Cómo sería una cuarta dimensión?
Si partimos del punto, entendido como un objeto sin dimensiones, el desplazamiento del punto en una dirección que resulta imposible para el punto, que no conoce direcciones, que no conoce otra cosa que el punto, y si en ese desplazamiento se va dejando un rastro, eso que creamos es la línea, es decir, un objeto en un espacio bidimensional.
Así que, como dice Ouspenski, ascender de dimensión es desplazarse en una dirección desconocida, imposible para el estado de cosas en la dimensión de partida, y ser capaz de percibir las infinitas posiciones que se van adoptando a lo largo del desplazamiento.
Si la línea se desplaza lateralmente y es capaz de percibir cada una de sus posiciones simultáneamente, esa línea observa que forma un plano. Si un plano se desplaza lateralmente y es capaz de percibir todas y cada una de esas posiciones que adopta en ese desplazamiento, entonces tenemos que ese plano percibe que se ha convertido en un volumen.
Y si un volumen se desplaza lateralmente, lo que quiera que esto signifique, y es capaz de percibir todas y cada una de las posiciones en ese desplazamiento, ya tenemos aquí la cuarta dimensión. Todo esto, obviamente son elucubraciones, pero qué maravilla que nuestra mente sea capaz de elucubrar de esta manera.

Cual puede ser nuestra dimensión desconocida. Podría ser el tiempo y podría ser que nuestro objetivo para entrar en la cuarta dimensión sea precisamente conseguir percibir nuestro desplazamiento en esa dimensión alternativa a las otras tres que es el tiempo. Si nuestra mente fuera capaz de percibir todas y cada una de nuestras “posiciones” a lo largo del tiempo de nuestra vida, el tiempo se detendría para nosotros, seríamos una única unidad existencial con unos límites de comienzo y final. Pero para ser capaces de percibir esto, la mente debe saltar se su concepción de tiempo que esencialmente es una estricta compartimentación entre Pasado, Presente, y Futuro.

Nosotros concebimos que vivimos en el presente. Entendemos el presente como este instante, que aún no ha sido pensado y ya pasó. Podríamos representar el Presente como un punto adimensional.  Si el presente es un punto adimensional, nuestra existencia es una línea. No es infinita porque tenemos un comienzo y tenemos un fin, es pues un segmento. Pero nosotros somos incapaces de concebir el completo de nuestra vida, apenas recordamos, tergiversadamente, el pasado y nada sabemos del futuro hasta que no ha ocurrido. Si fuéramos capaces de ser conscientes de toda nuestra vida en cualquier instante (en realidad si fuéramos capaces de concebir toda nuestra vida, ya no existirían los instantes) podríamos decir que toda nuestra vida es un elemento, una entidad de cuarta dimensión. Y por ahí podría continuar nuestra elucubración dimensional. ¿Qué significaría desplazar esta línea lateralmente? Si una línea es el conjunto de nuestra vida, cada línea representa una vida distinta que nosotros podríamos haber vivido. De nuevo, si fuéramos capaces de abarcar conscientemente no solo una de nuestras vidas al completo, sino todas las posibles vidas que podíamos haber vivido, cada una de esas vidas sería una línea y el conjunto de esas vidas sería un plano. Por similitud hemos de deducir que no es infinito el conjunto de posibles vidas que una sola entidad, yo, puede vivir. Así que ya hemos alcanzado la quinta dimensión, somos un volumen integrado (el cuerpo) en un plano en el tiempo (todas las posibles vidas que podría vivir ese cuerpo) Ya sabemos el siguiente paso, ese plano debe desplazarse lateralmente, pero, ¿cómo explicarnos esto?
Ese plano representa una individualidad. Todos los otros individuos son también uno de esos planos. No solo los individuos vivos, sino también los individuos inertes, todo lo que existe es un plano en esa quinta dimensión. Así que tenemos muchos planos en la quinta dimensión. Pero somos cosas distintas, creemos. ¿Qué tal si en realidad todos esos planos de la quinta dimensión fuéramos una única entidad en la sexta dimensión?

¿A que da vértigo?

martes, 12 de julio de 2016

Esoterismo

Lo que subyace a las lecturas que vengo haciendo últimamente, desde Papus, o Madame Blavatsky, Manly P. Hall, Graham Hancock, Louis Charpentier o José Luis Espejo, incluso alguna esporádica lectura del arqueólogo Pedro Bosch Gimpera (y alguna más que se me escapa) es que detrás de la relativa, si se quiere, homogeneidad de los mitos y dentro de la incomprensible monumentalidad de muchas construcciones antigua, desde las pirámides egipcias hasta las ciudades de Teotihuacán, Machu Pichu o Tiahuanaco, por mencionar las que siempre nos son familiares, y dejando atrás ciertas misteriosas construcciones en Japón –Yonagumi–, Angkor en Camboya, o pirámides aún no exploradas, o al menos no conocida su exploración en occidente, en China, etc., etc., etc., se codifica un mensaje, una información de carácter científico, en concreto relacionado con nuestra situación planetaria. Grahan, y algunos vídeos de Youtube que no recuerdo ahora –maldigo mi bajísima disciplina científica, tengo que acostumbrarme a anotar y describir todos los documentos que visite– se decanta por lo que sería una, algo así como advertencia de posibles peligros futuros del tipo: movimientos extraños del eje planetario, o desplazamientos bruscos de los polos magnéticos, o ciclos, tipo precesión o nutación, que provocan catástrofes naturales cada largos periodos de tiempo (recordar las aproximadamente cíclicas, pero al menos recurrentes, extinciones que, por diferente causa, han ocurrido a lo largo de existencia de vida en este planeta).
Esa información habría sido codificada por una civilización anterior a las más antiguas que admitimos razonablemente, sin necesidad de que sean extraterrestres o habitantes del inframundo, cuya «superioridad» cultural, es, sobre todo, relativa al resto de los habitantes del planeta en aquellos momentos, y, en cualquier caso, de carácter diferente a nuestra forma de entender la naturaleza y el concepto de progreso,  y que se habría extinguido a causa de una de estas hecatombes, las cuales, a pesar de su posible previsión, son inevitables, sobreviviendo unos pocos individuos que conservarían y acelerarían el proceso tecnológico-cultural del resto de supervivientes que aún estarían en una fase muy primitiva.
Los que estudian los documentos se decantan por una información matemática precisa que sería necesario descubrir estudiando los mitos y los monumentos mencionados, además de los que aún pudieran descubrirse (sí, aún se descubren cosas, hace poco dicen haber hallado localizaciones de ciudades mayas enterradas en la selva basándose en correlacionar las localizaciones de las ciudades conocidas con la disposición de las estrellas de determinadas constelaciones. Sin ir más lejos, hace unos pocos años se ha descubierto la atención que nuestros antepasados prestaban a sucesos como los solsticios y los equinoccios, y quien sabe si también pondrían su atención en determinadas estrellas, de esto todavía no me he enterado de nada).
Los esotéricos se decantan por una información de carácter más trascendental, más orientada a cambiar nuestras percepción del mundo, nuestro sistema cultural, que no solo estaría codificada en esos elementos, sino que  habría una enseñanza que sería transmitida directamente de unos seres humanos a otros, los cuales estarían integrados en sociedades secretas, y que serían los únicos competentes para «leer» adecuadamente esa información. Incluso relacionarían estas sociedades secretas con las diversas religiones y creencias desperdigadas por el mundo, que, a fuerza de ignorancia y superficialidad, habrían olvidado el verdadero sentido de estas enseñanzas, aunque, inexorablemente, y a pesar de la destrucción sistemática de documentos y evidencias, sobre todo debido a enfrentamientos entre las diferentes creencias, permanecería codificada en los más variopintos soportes que ellas siguen conservando, aunque ignorando su verdadero significado hasta que los «verdaderos iniciados» salgan de nuevo a la luz para interpretarlos y dar las soluciones pertinentes a los graves problemas del mundo.

Este, a mi juicio, es el fundamento de lo que podríamos denominar: disciplina esotérica. La cual, como otras disciplinas atrae a los más variopintos practicantes, desde los que la entienden como una alternativa científica de conocimiento del medio hasta los que la practican con fines meramente mercantiles buscando obtener beneficios inmediatos de su explotación interesada, bien vendiendo humo, bien buscando en ella, medios de acrecentar su «poder» (en un sentido lato) sobre los demás y sobre la propia naturaleza.
http://abajocomoarriba.blogspot.com.es/2015/05/el-mito-de-la-caja-de-pandora.html
(*)Una excusa para poner chicas medio desnudas. Supuestamente, Pandora satisfaciendo su curiosidad
(*)La imagen la he robado del blog Símbolos, Mitos y Arquetipos

jueves, 26 de mayo de 2016

Eras

He leído por ahí que al principio, cuando se estaba formando la Tierra, justo en su misma órbita se formó otro proyecto de planeta. Debe ser que no estaban sincronizados en sus movimientos que llegó un momento en que ambos chocaron y ganó la Tierra. El choque no fue sin consecuencias, la Luna podría ser un trozo desprendido de la Tierra o lo que queda de ese planeta que perdió la contienda. Pero también se podría haber derivado de ese choque la inclinación actual de nuestro eje de rotación y esos otros movimientos que tenemos que se llaman precesión y nutación.

La precesión es un bamboleo del eje de rotación cuyos extremos giran en círculos durando cada giro completo unos 26000 años. Que gire o se bambolee el eje de giro de la Tierra significa que el plano de giro de la tierra se balancea así como cuando se nos cae un plato al suelo  y empieza a dar vueltas como si danzara apoyando su borde en el suelo.

La tierra gira alrededor del sol siguiendo una trayectoria siempre en el mismo plano. A ese plano se le llama la eclíptica. Ahora colocamos el plano de giro de la tierra que avanza por la trayectoria de traslación  y podemos observar que en invierno y en verano el plano de giro de la tierra es tangente, solo toca en un punto a la eclíptica, y ese punto es su centro.

El plano de giro de la Tierra podemos llamarlo plano del ecuador terrestre y sería un plano perpendicular al eje de giro que corta a la tierra por la mitad. Un plano como el descrito que se extendiera hasta el infinito sería el ecuador celeste. El ecuador celeste es lo que vemos mirando hacia el cielo desde el ecuador. Ese paisaje va cambiando a lo largo del año pero claro, se repite cada año, aproximadamente.

Volviendo a la Tierra, podemos observar que a lo largo del año el sol se va moviendo por el horizonte; desde el hemisferio norte percibimos que en invierno el sol anda por allá abajo, por el sur, y que en verano se mueve por aquí arriba, por el norte. Hay un momento, en realidad dos, cuando está subiendo y cuando está bajando, que lo pillamos justo en el centro. En ese punto, cuando el sol está en el centro, en los equinoccios, el plano de rotación de la tierra se alinea con el sol. Es fácil de percibir, aunque hasta ahora no lo había comprendido, porque el Sol sube por la línea del ecuador de la Tierra, línea que marca el punto de corte del plano de rotación de la Tierra con la propia Tierra.

Esto ocurre exactamente en dos punto de la eclíptica a lo largo del movimiento de la Tierra por ella, en dos puntos concretos que dependen de la inclinación del plano de rotación terrestre con respecto a la eclíptica. Como este plano se está bamboleando en círculos (recuerden el plato), debido a la precesión, esos puntos van desplazándose a lo largo del tiempo.

Este es un descubrimiento que a mí personalmente me ha dejado sorprendido. Hubo un tiempo en que creía que el invierno se daba porque estábamos más alejados del sol y el verano porque estábamos más cercanos al sol. Hasta que me enteré de que en otras partes del mundo era verano cuando aquí era invierno y viceversa. Entonces supe que la condición de invierno y verano se debía al hecho de que precisamente disfrutáramos de esta anomalía de que el plano de giro estuviera inclinado con respecto al plano de traslación, lo que permitía que en unas épocas los rayos del sol llegaran más directos a una parte del planeta y alcanzaran otras partes del planeta de manera más oblicua (así me lo explicaron en su momento y no he profundizado más) y en otras épocas del año ocurriera exactamente lo contrario. Por lo tanto no depende de la distancia al sol sino de la inclinación del planeta con respecto a este el que haya más calor o más frío y por supuesto la existencia de las estaciones.

Y como ocurre que ese plano de rotación terrestre no está fijo, sino que se bambolea, pues los momentos a lo largo del recorrido de traslación sobre la eclíptica en los que para un hemisferio es invierno y para otro es verano y viceversa, van desplazándose. Es decir, que si fijamos ahora en la eclíptica el punto en el que este año estamos en pleno invierno, es decir, en el solsticio de diciembre, dentro de 13 000 años, en este mismo punto de la eclíptica estaremos en el medio del verano, es decir, también en el solsticio, pero de junio. (De esto no estoy seguro todavía)

Bien. Pues esto ya está explicado, poco más o menos. Ahora vamos a por lo del zodíaco.
Cada una de las figuras del zodíaco representa una constelación de estrellas. Es sorprendente cómo estos señores antiguos se daban cuenta de estas cosas. Primero sería darse cuenta de que cada noche se repetía en cierta medida el paisaje del cielo -y que se movía-. Después darse cuenta de que esa parte que no se repetía cada noche, sí que se repetía cada año. Luego se pondrían a asignarles formas y nombres y ya estaba todo montado. Esta minuciosa observación les permitió, a algunos, determinar ciclos realmente importantes, como es el de la precesión esta de nuestros pecados. Vamos a ver qué relación tiene con el zodíaco.

Resulta que si miramos al cielo poco antes de amanecer justo por la zona por donde prevemos que va a salir el sol, esa constelación que veríamos ahí sería una del zodíaco, la que tocara. Digamos que trazamos una flecha que va desde nuestro planeta hasta el sol y la prolongamos más allá del sol, pues esas estrellas que señalan la flecha son las que estamos mirando. Como se puede ver nuestra flecha es paralela al plano de la eclíptica y por lo tanto esa constelación estaría poco más o menos en ese plano. Como la tierra se mueve, la recta se mueve a lo largo del año y va señalando otras constelaciones, así hasta barrer toda la elipse de la eclíptica. Pues bien, desde muy antiguo identificaron doce constelaciones que se repartían a lo largo de la eclíptica y se convirtieron en el zodíaco. Es decir, a lo largo del año, esa flecha hipotética que mencionábamos va barriendo la eclíptica y señalando por turno cada constelación del zodíaco durante un periodo de tiempo de más o menos un mes, como un reloj, y por eso decimos que estamos en capricornio, acuario, piscis. Que es como decir que estamos en enero, febrero, marzo o lo que sea.

Pero ya sabemos que hay dos posiciones importantes en el recorrido de la Tierra por la eclíptica, que ocurren cuando el plano de rotación de la Tierra se alinea con el sol, en ese momento el sol parece estar exactamente en el centro de su recorrido por el horizonte a lo largo del año. Pues para los antiguos ese punto del recorrido era muy importante, mayúsculo cuando regresaba del sur, el sol, después de haber pasado el invierno. Y por eso, el signo del zodíaco que se podía ver en ese instante del recorrido del sol era relevante. Fijándose, fijándose, los tíos se dieron cuenta de que a medida que pasaba el tiempo el signo del zodíaco que se veía en esa posición del sol tan específica iba cambiando a lo largo del tiempo y que se repetía con un ciclo de 26000 años. No me preguntes cómo descubrieron esto, pero lo sabían. ¿Lo sabían?. Ahora sabemos que esto se debe a la precesión, a ese extraño movimiento de rotación bamboleante de nuestro planeta, pero ellos averiguaron todo eso solo a base de mirar y contárselo a sus hijos que siguieron mirando y contándoselo a los suyos.
Así decidieron que además de días, meses y años, también existían otros ciclos, que llamaron Eras. Cada Era estaba determinada o identificada por el signo del zodíaco que se podía ver detrás del sol justo en el equinoccio de primavera. Actualmente, dicho sea sin confirmar, como todo lo demás, creo que estamos en la era de Piscis, porque los últimos coletazos de Piscis es lo que se ve detrás del sol en estos momentos en ese día señalado, y la siguiente era sería la de Acuario. Debido al movimiento de precesión, el orden que siguen las figuras del zodíaco en las Eras es exactamente inverso al que siguen durante ciclo anual del zodíaco.


Resumiendo todo, si resulta que el ciclo de precesión dura unos 26000 años y tenemos 12 figuras zodiacales, 26000/12= 2166 años duraría cada una de las eras. Si actualmente estamos en Piscis, sea al principio sea al final, entonces (2016-2166=-150) en 150 adC estaríamos en la Era de Aries, regida por un carnero. Y (-150-2166=-2316) en 2316 adC estaríamos en la Era de Tauro. Anteriormente en la Era de Géminis en (-2316-2166=-4482) 4482 adC;y aún antes, en (-4482-2166=-6648) 6648 adC en la de Cáncer, para partir de Leo en (-6648-2166=-8814) 8814 adC.

Me planto ahí porque quiero volver al libro de Louis Charpentier, Los gigantes y el misterio de los orígenes. Ahí, en un memorable capítulo que sigue al que cuenta las gestas de Hércules, al que me he referido en una entrada anterior, se pregunta si estas historias míticas no tendrán un significado más preciso que servir como entretenimiento o aleccionamiento moral o heroico. Si no contendrán un relato histórico con su datación más o menos implícita. Y entonces realiza una magistral interpretación señalándonos que las gestas de Hércules comienzan con el estrangulamiento de un león, y terminan con la instalación de las dos columnas a ambos lados del estrecho recién abierto. Y la adivinanza es: ¿En qué Era transcurrieron las gestas de Hércules?: entre la muerte del león y el nacimiento de las columnas gemelas.
 Nos dice que tal vez las eras rigen la figura totémica que es representativa de los ritos sagrados en cada momento, y que, tal vez, que se adore al toro en determinadas historias nos esté hablando de que lo que se cuenta alrededor de eso transcurrió durante la Era de Tauro, como ocurría en la civilización Minoica. Y tal vez que Roma fuera fundada por dos gemelos nos esté apuntando a una época más remota de la que pensábamos para la fundación de ese noble pueblo. (O que tal vez robaran esa imagen a los Etruscos que estaban antes que ellos y poco se sabe de dónde venían, a no ser que fueran los Ligures que dicen que poblaban toda la zona costera europea, o tal vez los vascos que están convencidos de que son los primeros que despertaron a la conciencia, o incluso los bereberes que llegaron a Europa, y las Canarias, huyendo de no se sabe qué cataclismos  - el rellenado del mar Mediterráneo, seguramente, tras el hercúleo esfuerzo, que con el ímpetu de las aguas provocó serias inundaciones en zonas que hasta entonces eran tierra firme-, y aún más atrás de los atlantes, que a causa de ese cataclismo u otro, poblaron los Andes, el monte Atlas, Andalucía, etc) Y tal vez las columnas que presidían el Templo de Salomón no lo fueran exactamente. Y la piel de carnero que fueron a buscar los argonautas a no sé dónde no fuera más que una simple historia de depredación que ocurrió entre 2356 y 150 adC. Tal vez, que los cristianos adoptasen un pez como símbolo de su religión no fuera simplemente porque sus acólitos iniciales eran pescadores. Tal vez, como creen algunos, la esfinge de Guiza sea algo tan simple como un número de calendario.

Sea como fuere, esto, estudiar e interpretar los mitos bajo otras luces distintas que la que dan las piedras, me parece muchísimo más divertido.

lunes, 22 de febrero de 2016

Ondas gravitacionales

Han inventado un aparato que detecta «ondas» gravitacionales, que, por lo que dicen, provocan una perturbación en el continuo espacio-tiempo, vamos, que el espacio se encoje por un momento. Dicen que el mérito está en que por fin se ha constatado de manera física una consecuencia de la Teoría de la Relatividad. Lo que en realidad ha afectado al curioso aparato es un frente de ondas gravitacionales provocado por un choque colosal de dos agujeros negros que tuvo lugar hace mucho tiempo en un lugar remotísimo; las tales ondas han estado viajando por el tiempo y el espacio hasta alcanzarnos y hacer tilín en el aparatito. El aparatito, compuesto de rayos láser, es capaz de detectar, no me explico cómo si él está también inmerso en el continuo espacio-tiempo afectado por esas ondas, una microscópica variación en las distancias. No podemos estar hablando de que se hayan acercado y luego alejado porque eso sería un «movimiento», sino de otra cosa, algo más trascendental que, solo así puedo entenderlo, implica estar fuera del propio espacio-tiempo. (¿Tecnología extraterrestre inconfesada?).
Lo que implica eso de haber inventado un aparatito que detecta ondas gravitacionales es que con él podríamos observar el universo de una manera diferente, sin depender de la luz o −siendo más genéricos− del espectro electromagnético. Esta dependencia nos limita las observaciones a focos de «luz», es decir, estrellas. En cuanto a los planetas, dependemos de sus disposición a reflejar la luz de los soles cercanos, lo que nos lleva a incoherencias como que descubramos planetas que orbitan alrededor de soles que nunca podremos alcanzar y, sin embargo, desconozcamos lo que orbita en las capas más alejadas de nuestro propio sistema solar por no llegarnos −llegarles a ellos− luz suficiente del sol reflejada.
Por ejemplo, descubriríamos si en verdad hay un planeta en la parte exterior del Cinturón de Kuiper, −dicen que anunciado desde el comienzo de los días por los sumerios− que se intuye solo porque el dicho cinturón acaba abruptamente en un «acantilado» −me encantan estas nomenclaturas−.
Si se mejora esta tecnología ya podremos mirar lo que tenemos delante de las narices, como cuando te pones unas gafas para el astigmatismo. «Veremos» por fin el planeta X (Nibiru), si es que lo hay, y profundizaremos en esa fascinante Nube de Oort que −creo entenderlo así− rodea a todo nuestro sistema solar. 

jueves, 28 de enero de 2016

Bacon y Shakespeare

Francis Bacon era un erudito del siglo XVII que se destacó en su tiempo por su labor en política, y, para la posteridad, por sus obras, que trataban, entre otras cosas, sobre teoría del conocimiento; también se considera pionero del método científico actual. En otro orden de cosas, ideó un método de encriptación o más bien de esteganografía, que consiste en esconder un texto dentro de otro de modo que un lector no avisado únicamente percibiría unas ligeras irregularidades, en concreto unas ligerísimas diferencias entre las letras, mientras que un lector que estuviera en el secreto podría decodificar el texto oculto prestando atención precisamente a esas irregularidades. El método consistía en codificar cada letra del abecedario con lo que hoy llamaríamos un código binario de cinco bits; Bacon utilizaba, como bits, las letras a y b. Por ejemplo, la letra a, estaría codificada como "aaaaa", la letra b sería "aaaab" y así sucesivamente -en binario, si hacemos corresponder la a con el cero y la be con el uno, la a se codificaría "00000" y la b "00001", que serían los códigos de cinco bits para cero y para uno. Así que lo primero que había que hacer es codificar el texto que queríamos ocultar con este código. Tendríamos una larga secuencia de aes y bes intercaladas. A continuación obteníamos un texto base en que el ocultar nuestro texto secreto. Cada letra de ese texto base podía adoptar una de dos tipografías, que se diferenciarían entre sí lo suficiente como para que un observador entrenado supiera distinguirlas, pero no tanto que resaltasen demasiado en el texto. A continuación tomaríamos el texto secreto ya codificado, de cinco en cinco bits, y por cada bit decidiríamos qué tipografía asignar a la letra del texto explícito. Si el primer bit contiene un cero, la letra del texto explícito adoptaría la tipografía 1, si el primer bit contuviera un 1, entonces la tipografía seleccionada sería la 2. Ya tenemos cinco letras del texto original que codifican el primer carácter del texto oculto. Así continuamos con todos los caracteres a codificar. Lo que tendríamos sería un texto con una apariencia algo extraña, debido a la diversidad de tipografías, pero que precisamente en esa extraña apariencia ocultaría el mensaje. Este texto que están leyendo oculta un mensaje secreto utilizando, a mi manera, el código de Bacon. Mi manera es que en lugar de utilizar cinco bits he utilizado 28. La razón es que voy a utilizar la tipografía normal y la cursiva y quiero que las cursiva estén lo suficientemente separadas unas de otras para que no resalten mucho en el texto. 28 es porque son veintiocho las letras, incluyo el espacio, que quiero codificar, así, cada código tendrá un solo bit a uno, que tendrá la cursiva, y 27 bits a cero, esto me permitirá separar las cursivas en el texto, aunque la separación entre dos cursivas depende de las dos letras consecutivas a codificar. El único inconveniente es que tengo que tener un texto base que debe ser como mínimo 28 veces mayor que el texto a codificar. En realidad más porque yo solo codifico en los caracteres alfabéticos y no en los números o signos tipográficos. Respecto a lo de Shakespeare, realmente, no sé qué pensar.
Bacon utilizaba un dibujo de cerdo para representarse simbólicamente 

martes, 13 de octubre de 2015

El misterio de las piedras imán



Toda la vida hemos conocido la extraordinaria facultad de estas piedras o metales o lo que sean –por óxido de hierro dicen que están compuestas–. Atraen a los metales –una clase de metales, los que llaman ferromagnéticos– y a otros imanes. Con sus semejantes tienen un comportamiento peculiar. Resulta que todo imán tiene dos «hemisferios», llamémosles así, de modo que si dos imanes enfrentan el mismo hemisferio, se repelen, pero si enfrentan distintos hemisferios entonces se atraen. Técnicamente a esos hemisferios los llaman polos. Y más curioso aún es que si tomamos un imán y lo dividimos exactamente por la mitad, pretendiendo separar los hemisferios, cada una de esas partes vuelve a comportarse como un imán completo, es decir, que cada una volverá a tener dos hemisferios o polos y se atraerán o repelerán según la regla descrita arriba.  Esto viene a decir que la piedra en sí tiene características homogéneas, no hay una composición diferente en cada hemisferio,   el comportamiento del imán no está inscrito en sus características morfológicas sino que es algo más espiritual. (En esoterismo habría que hablar de alma que está más ligada al cuerpo físico como lo está esta característica del comportamiento del imán, mientras que espíritu ya sería algo más trascendental; no sé si los imanes tienen espíritu, pero alma tienen si convenimos en que alma sería ese comportamiento)
La Tierra misma es un imán. En este caso no es exactamente un imán natural, quiero decir que al parecer el efecto imán se produce debido a una cuestión mecánica, derivada de un frotamiento de diferentes capas con diversa densidad que provoca una carga eléctrica que acaba creando un campo magnético. Si nombramos polo sur a uno de sus polos y polo norte a otro, al tomar un imán, una aguja de una brújula, por ejemplo, el polo sur de la brújula apuntará al polo norte de la Tierra y viceversa. Esto supongo que es un convenio, lo de llamar a uno sur y a otro norte o a uno positivo y a otro negativo. Si la Tierra no fuera magnética descubriríamos cuál es el polo positivo y el polo negativo de un imán solo cuando lo enfrentáramos a otro imán. ¿Cambia la polaridad de un imán? Al parecer un fuerte impacto puede apagar las magneticidad de un elemento imantado. En el caso de la Tierra se sabe que esa polaridad se va desplazando debido a la peculiar manera en que se forma, por eso el polo magnético está ligeramente separado del polo geográfico. Sería una desgracia que dejara de haber campo magnético en la Tierra, porque entonces entrarían en nuestra atmósfera un fleje de partículas provenientes del sol que no nos sentarían nada bien, ni a nosotros ni al resto de bichos vivientes.  También es posible crear imanes artificiales, todos lo hemos hecho con una aguja, frotándola contra un imán. Luego, ya en el siglo diecinueve, se descubrió que había una relación entre el flujo de corriente y la imantación, y así se pudo crear imanes temporales, gobernando su imantación a voluntad –las grúas estas de los almacenes de chatarras, que se ven en las películas americanas utilizan esta funcionalidad–. Gracias al imán también y a esta posibilidad de gobernar la imantación de un trozo de metal funcionan los motores eléctricos.
Si nos metemos en las causas del magnetismo, dicen que puede tratarse, no sé si lo afirman enfáticamente, de que las partículas que conforman el material son en sí mismas pequeños imanes (ojo, las partículas a su vez tienen una carga eléctrica y se atraen y repelen conforme a su leyes, esta propiedad magnética sería otra cosa) y que, en estos materiales, las partículas están, ¡coño, qué casualidad!, orientadas todas o en su mayor parte de la misma manera en cuanto a su polaridad, sumando todos sus pequeños campos magnéticos para resultar el gran campo magnético de la piedra en su conjunto. ¿Y cómo es que ha ocurrido esto?, porque en la mayoría de los materiales no pasa,  al no estar todas las partículas con una misma orientación, unos micro campos magnéticos se anulan con otros dando un resultado cero o muy pequeñín. Por eso una piedra cualquiera no tiene propiedades magnéticas. No es casualidad que el imán natural esté formado por algo así como óxido de hierro; uno imagina que estas partículas son susceptibles de verse afectadas por el campo magnético de la Tierra, es decir, que ya están orientadas por esta fuerza que se les impone, si juntamos muchas de esas partículas, que empiezan a unirse unas a otras por la atracción magnética y que a media que van aumentando en número van incrementado su capacidad de atracción, pues se formarán unos grandes conglomerados que luego son prensados por las fuerzas geológicas y ya tenemos una piedra imán.
En el siglo diecinueve el asunto del magnetismo, esta propiedad espiritual del imán, gustaba mucho a los esotéricos, inventándose una ciencia que llamaban magnetismo, bajo la cual situaban, por ejemplo, el hipnotismo (el gran Mesmer). En verdad todo bicho viviente está formado también de partículas, las cuales también podrían verse afectadas por esto del campo magnético. Los científicos que estudian el comportamiento del cerebro, lo hacen poniendo en la cabeza unos detectores de minúsculas corrientes eléctricas, que, como ya hemos dicho, generan campos magnéticos. Es probable que haya un desorden de corrientes, de sentidos de esas corrientes, de manera que los posibles campos magnéticos que se generen se anulen unos con otros, pero, ¿sería posible que se ordenasen esos flujos de partículas –neurotransmisores cargados eléctricamente– hasta generar un campo magnético apreciable? Hombre, puei sé, tanto como que un mono (inmortal y con toda la eternidad por delante) escribiendo aleatoriamente en una máquina de escribir termine por redactar el Quijote; como posibilidad no queda descartada. O no.
Hablar del imán y no hablar de las fuerzas de la naturaleza es un olvido imperdonable. Parece que nuestros amiguitos los científicos dicen que en la naturaleza hay cuatro tipo de fuerzas por medio de las cuales interactúa todo lo existente: La fuerza Gravitacional, la fuerza Electromagnética, la fuerza Nuclear Fuerte y la fuerza Nuclear Débil. En fuerza Electromagnética incluyen tanto esa fuerza de atracción repulsión debida a las cargas de las partículas –recordar lo de los protones y los electrones– como a esta de que tratamos tan informalmente aquí. La fuerza Gravitacional es la derivada del hecho de tener masa las partículas, aunque a niveles microscópicos  no parece que sea muy relevante, y luego están otras fuerzas que hacen que el núcleo, a pesar de estar formado de cargas de un mismo signo, permanezca unido. La última, la Nuclear Débil, bueno, ahí les faltaba algo para que se cumpliera lo que tenía que cumplirse y como no lo veían claro van y dicen, esto va a ser porque...y se inventaron otra fuerza, aquí con partícula y todo, el neutrino, sin masa ni carga ni nada que soporte el nombre tan pequeñín que tiene. Pero esto, si eso, va a ser otra historia.
Esta imagen representa los estrechos límites de la ciencia (o de mi conocimiento sobre ella) También representaría a la alegoría Segismundo, en este caso Segismunda, que sería la ciencia, encerrada en su torre onírica.
 ¡Chica, la verdad está ahí fuera!

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Teoría de la Evolución-Creación del Hombre

Teoría elaborada por mi hija acerca de la evolución-creación del Hombre que compatibiliza el Creacionismo con la Evolución Darwiniana.

Dios creo a Adán y a Eva, (Ref: Génesis) pero éstos sólo tuvieron hijos, así que la especie se extinguió. Los hombres actuales provienen del mono (Ref: Darwin)