lunes, 3 de noviembre de 2008

Platón, Guenón, Spengler

Me gusta la idea de que lo que somos y la realidad que vivimos y que creemos que es “el todo” no es más que la sombra de otra realidad superior.

Esta creo que es la idea apuntada por Platón con el mito de la caverna (nunca he leído esa obra de Platón, para ser exactos sólo he leído El Banquete) y que las civilizaciones posteriores han trivializado para convertirla únicamente en un modelo del pensamiento, cuando, me atrevería a sugerir, en lo que pensaba Platón cuando la exponía se aproximaba más a lo que yo apunto que a establecer meramente ese modelo.

Creo que René Guenón, que se queja de cuánto hemos descendido – se refiere al Hombre en general - en el conocimiento del “Conocimiento”, opina de esta manera - aunque tampoco se hacía muchas ilusiones con los griegos y su excesivo interés por la naturaleza-, pues él (al que le atrae mucho las filosofías de la India) piensa que “El Hombre” ha atravesado por una serie de eras cada una descendiente (en el sentido explícito de bajar) de la anterior, tal una caída, desde el espíritu hacia la materia. Esa primera era, mucho más vasta que nuestra pobre y limitada realidad por infinita que sea.

Spengler me daría o no la razón en mi opinión sobre lo que pensaría Platón cuando concibió su teoría. Para Spengler, a un ciudadano de nuestra época le resulta prácticamente imposible comprender a Platón en su verdad, y todo lo más que es capaz de hacer es trasladar el envoltorio de las reflexiones de Platón a nuestra época y envolver con él unos conceptos que realmente pertenecen a nuestro tiempo.

Volviendo a Spengler, considera éste que nuestra época, llamada por él Fáustica en honor a Goethe, al cual se remite en muchas ocasiones (otra gran laguna en mi conocimiento), está determinada por una tendencia hacia el infinito. Sin embargo observo que en la definición de verdad propia de nuestro tiempo es determinante el concepto de “cadena causal” (una verdad sería un hecho cuya cadena causal – de causas y efectos – es indiscutible) lo cual se me asocia con atadura, que igualmente se me antoja contrario a infinito. Quiero decir que nuestro tiempo en efecto pretende abarcar el infinito, pero extendiendo los límites de la naturaleza conocida, mientras que, otras épocas – como la época mágica que nos precedió – directamente concebían ya la realidad como infinita tan sólo limitada por Dios, de la cual la naturaleza sólo era una parte.



La decadencia de Occidente. Oswald Spengler

La crisis del mundo moderno. René Guenón

La República. Platón

No hay comentarios:

Publicar un comentario