viernes, 8 de enero de 2021

Mis reseñas

 Estaba leyendo reseñas ajenas y comparándolas con las mías que vuelco algunas veces aquí y otras en Hablando de literatura en Las Palmas o algo así y me doy cuenta de que soy incapaz, y puedo demostrar que lo intento, de escribir reseñas. Al menos de escribir reseñas publicables en medios de difusión comerciales o con un mínimo de intención profesional. Mis reseñas son excesivamente personalizadas, no dan confianza, no abofetean al lector con mi opinión incuestionable. Y tampoco consiguen tener ese estilo neutro, sin compromiso, cuidando en cada palabra pisar en llano y no herir ninguna sensibilidad, pisar ningún callo, ni mostrar ninguna emoción personal, utilizando los vocablos al uso para catalogar las obras (ritmo, intensidad, riqueza estilística, pulso poético, puñetazo en el estómago, estilo conciso y directo...). No sé, me siento muy insatisfecho de mis reseñas. Pienso que eso me hace pobre como profesional de la escritura, por eso me dedico a otra cosa, afortunadamente. De otro modo, si tuviera que escribir reseñas o prospectos me acabarían saliendo cosas como lo que escribe Manuel Mandeb (Alejandro Dolina) para jabones. No. Hay profesionales de la escritura y habemos escribidores aficionados. Y aquellos grandes contrastan con estos pequeños y en eso está su grandeza y nuestra pequeñez. Claro que, también me gustaría llegar algún día a escribir alguna cosa de suficiente entidad con la que pudiera llegar a medirse, al menos, mi pequeñez, pero todo se andará... o no, vaya usted a saber.

Pero toda incapacidad es en cierto modo un rechazo. No puedo hablar de mis incapacidades sin advertir que debajo de todo siempre está mi incapacidad de ser como todo el mundo. Y en este caso incapacidad tiene una connotación de voluntariedad. Tengo una aversión profunda a ser como los demás. A imitar. En cuanto me noto una semejanza con cualquier otro ardo en vergüenza y trato de cambiar. Es peor aún, en cuanto me percibo igual al mi mismo me siento atrapado, limitado y trato de ser de otra manera. Dentro de los límites del ser uno, que son muy estrechos. Y para mi gusto, estos estilos neutros, equilibrados, higiénicos, son como esos vinos muertos que ya han perdido todo su aroma, aunque siguen sabiendo a vino, y refrescan en verano y calientan por dentro en invierno, pero ya no se saborean, simplemente se beben durante las comidas y a otra cosa. Creo que prefiero ser escupido porque sepo mal (este verbo irregular seguramente no tiene esta forma nominal), a ser tragado porque no sepo a nada.



2 comentarios:

  1. La frase final es destacable. A mí tus reseñas me valen mucho precisamente porque son personales e incluyes joyas como la reflexión de cómo has leído de forma diferente con la edad que te echas al final de la reseña sobre el libro de Luis Alemany que, por cierto, gracias a ti ya le pedí a Canaima (sé que tú la tienes pero he vuelto a caer en la bibliomanía). Un comentario personal y no sé si este es el medio. No te plantees tanto cómo te leen o ven los demás porque nadie nos hace ni puto caso, cada cual va a lo suyo. La edad, la tripa y la calva ayuda a volvernos aún más transparente, y sigo. En la reseña de Alemany alabas los textos escritos con pulcritud, repasados, etc. Pues eso

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  2. Tus reseñas, y sigo, además exploran el mundo de la literatura canaria "clásica" y eso hace falta. Los libros actuales no han pasado el filtro del tiempo, tienen muchos patrocinadores expúrios que muchas veces no se los merecen. Los "clásicos" están descatalogados, totalmente fuera del expositor de novedades y como nadie va a ganar un duro con ellos en es desierto. Pero ahí estás tú y tus reseñas.

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