martes, 14 de abril de 2020

Gatos negros gatos muertos

Es un texto que encontré mirando por ahí mis archivos. Me gustó, me emocionó y pensé, este texto tiene una continuación. Son esos gatitos de ahí, que salen en el vídeo.



Hay una gata que nos ronda. Se deja, más o menos, acariciar y hasta entra en casa si no está Poncho cerca. Viene, a menudo, con otra gata, también negra, negras las dos. La otra es más huraña. Es como si echara a esta delante para que nos engatusara y así seguir teniendo comida. Ayer por la mañana la encontré muerta, a la otra, delante de la puerta de unos vecinos más allá. No me atreví a tocarla. Solo la miré. Poncho la olió y siguió sin moverse. Dicen que la envenenaron. Hay gente que hace eso. Envenena gatos. Está la figura de la loca de los gatos sobradamente conocida y burlada,  y en cambio el envenenador de gatos pasa desapercibido. Se debe tratar de una persona llena de justa razón para matar. De autoridad y de seguridad en sí misma. Los gatos no deben existir. Y si nadie hace nada, lo haré yo. A mí me da un poco de miedo. En general, la gente que mata me da miedo. Prefiero a la gente que alimenta. Aunque alimente a asesinos. Aunque alimente a gatos. Prefiero a la loca de los gatos. Incluso sabiendo que la loca de los gatos ama más a los gatos que a las personas. Tiene toda la razón. Las personas no son amables, los gatos sí. A muchas personas hay que amarlas por imperativo legal o por necesidad o por costumbre. A pocas personas se las ama por amor. Y a veces dan ganas de envenenar personas. Es perfectamente comprensible. A lo mejor esa persona envenena gatos porque no puede envenenar personas. A lo mejor también en eso está equivocado si lo que busca es un mundo mejor. La gatita cariñosa ha vuelto. Está un poco más gorda. Dicen que está preñada. 

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