No es que notara nada. Me siento strong como decía aquel personaje de Las verdes praderas de José Luis Garci. Me me llamaron para una ecografía que me pidieron en 2024 y no era cuestión de dejarla pasar, lo mismo estaba enfermo en ese tiempo y yo a estas alturas y sin saberlo todavía. El médico era un tipo muy campechano al que poco antes le había oído gritar a un compañero "sí, sí, todo lo que yo sé te lo debo a ti, muchas gracias" y luego un portazo. Entonces llegó el tipo me pringó el vientre con un chorrete de una baba de extraterrestre y empezó a pasarme el cacharro aquel por todo el vientre. Al principio solo decía "ujum", luego pasó al "mmmm", que me pareció más grave, luego oí un "oooh" apreciativo. Entonces me explicó lo del hígado que brillaba como un aguaviva en la noche
-¿Usté bebe?
-Lo corriente, doctor.
-¿Y cuánto es lo corriente?
-¿Usted bebe?
-Lo corriente.
-Pues igual que usted.
-Eso va a ser mucho.
-Entonces a lo mejor un poco menos.
-En cuanto a este riñón, me parece que cojea.
-Así notaba yo el chorrito que se desviaba hacia la izquierda, porque el derecho tenía más fuerza.
-No sé yo si eso será un síntoma, pero acertado es.
-Y esto, ¿a qué se debe?
-¿Lo del hígado?, a que bebe usted mucho.
-¿Y lo del riñón?
-A que no bebe usted lo suficiente.
–¿Y no serán lo años, doctor?
–Sin duda. Los años que lleva usted maltratando ese cuerpo con su proceder atrabiliario…
–Nadie más apacible que yo, doctor. Me llaman «el mueble-cama» por mi pasividad.
–Cierto. Erré en la palabra. Quería aludir a su conducta desordenada no necesariamente violenta.
–Tengo yo de juerguista lo que el Dalai Lama. Prefiero verme como un hedonista, un epicúreo si se quiere.
–Su hígado es su biografía, amigo, y está parpadeando en amarillo, a punto de pasar al rojo. Lo mismo digo de su exhausto riñón.
–Siempre he sentido simpatía por la muerte, me parece justa y necesaria; con sus errores, porque la Naturaleza, dentro de cuya causa trabaja, no presta atención al detalle del individuo, pero, dicho esto: no quiero morirme todavía, doctor.
–Esa no es exactamente mi competencia. Yo solo puedo darle algún consejo o algún tratamiento que mejora la estadística, que también trabaja a bulto.
–A bulto trabajaba aquel que dijo «mátenlos a todos que Dios escogerá a los suyos»
–¿Netanyahu?
–Ese también entrará en la Historia por la parte trasera.
–¿No lo es toda la Historia?
–La que se cuenta, sí, pero yo diría que la que se cuenta no es toda la que cuenta. Quiero decir que algo mejoramos aunque ciclo tras ciclo vayamos repitiendo los mismos errores
–Y eso que sabemos Historia.
–Yo creo que saber Historia, más que para evitar repetir los errores nos sirve para repetirlos con más fidelidad. Pero aún así, me gusta pensar que ascendemos.
–Y ahora volvemos a la Naturaleza: ¿ascender hacia dónde, si la Naturaleza no atiende a conceptos de hacia arriba o hacia abajo, en sentido positivo o negativo? Todo lo más le interesa el equilibrio, que es duración. Ese es su positivo y la extinción su negativo.
–Pues me deja sin palabras, porque es verdad que nuestra presencia no es más que fuente de incomodidades para el resto de las especies que pueblan el planeta.
–Afortunadamente a algunos parece que le somos beneficiosos, por lo bien que se prodigan, como las ratas y las cucarachas, pero son la excepción. Somos una plaga, tal y como nosotros mismos la entendemos, una especie invasora.
–Supongo que no es una visión halagüeña, y que por eso hemos inventado la trascendencia, el destino, Dios, cuando lo único que somos es más brutos; sofisticadamente más brutos, eso sí, pero más brutos al fin. Hasta lo impusimos como una ley, la ley del más fuerte, o la ley de la Naturaleza, que todas las culpas se la echamos a ella, y nos auto legalizamos.
–La única ley de la Naturaleza es el equilibrio, y ella es paciente, ya nos llegará el castigo. Por ejemplo, un riñón perezoso y un hígado irritable.
–No cargue sobre mi espalda toda esa culpa, señor Juez, yo solo he vivido como un pobre hombre corriente. A ustedes los médicos les falta un máster en sutileza. Están demasiado habituados a hurgar en las entrañas de la gente y se les olvidan las sensibilidades que están habitándolas.
–Desgraciadamente no nos dejan olvidarlo. Esas sensibilidades, a veces, son bastante irritantes, ignorantes y exigentes, que es la peor combinación. Y a veces se dejan ver venir y está uno preparado, pero otras veces surgen de pronto –el miedo es un buen combustible para que esa combinación estalle –, y no es bueno que nos pillen con la guardia baja.
–Lo entiendo. Pero, de nuevo,y aquí también, el equilibrio es la clave.
–Cuando no está dentro, mal se puede llevar afuera. La sanidad es un campo de batalla y cuando afuera no lo hay, es difícil de construirlo o conservarlo dentro.
–El recurso del ouróboros o la pescadilla que se muerde la cola.
–Deje para los médicos el uso de palabras oscuras. Tiene razón. Es un recurso cómodo, se mete uno en un ciclo y ya solo cree que todo es ciclo.
–Lo único que cuenta, doctor, es la acción individual. Por supuesto que hacen falta muchas acciones individuales para instigar el cambio, pero lo que cuenta es que cada individuo contribuya con su propio ejemplo y acción minúscula.
–En eso subyace la confianza en que exista un propósito común, que todos –cada uno por su cuenta, pero todos –apunten en la misma dirección sin necesidad de un atractor que los magnetice.
–Cierto. Y yo creo que existe, pero hay que cultivarlo. Todos queremos lo mismo: seguridad, satisfacción de necesidades, permanencia, una pizca de aventura…
–Eso está por ver. Pero aunque así fuera, los medios y las medidas que cada uno maneja para lograrlos son muy diferentes, estorbándose unos a otros y dificultando hasta impidiendo el proceso de desarrollo.
–Ese sería el objetivo de vivir en sociedad, que todos tendiéramos hacia unos medios y medidas acordados.
–Y en eso estamos, pero siempre hay elementos discordantes, que para colmo resultas atractores, como usted decía.
–Atraen a los elementos inseguros, que siguen cualquier atractor por perjudicial que les sea. Sobre esos es sobre los que habría que actuar para hacerles conscientes de sus propias valencias. Los otros son inevitables.
–A los otros hay que eliminarlos en cuanto se detectan, porque si se es condescendiente extienden su mal por todo el tejido social.
–¿Eso no será una indirecta sobre mi hígado?
–No se preocupe, no tiene usted cáncer de hígado, aquí no sale, solo mucha grasa en la barriga y un montón de malos hábitos, sospecho. ¿Mucha tertulia filosófica?
–Los jueves nada más, doctor. El resto de la semana filosofeo solo en casa y moderadamente.
–Pues va a tener que moderarse más y dejar la filosofía. Como mucho, apúntese al peripatetismo.
–¿Y en cuanto al riñón?
–Con que a todo lo anterior le sume beber suficiente agua, ya, estadísticamente, vamos aviados. Nunca se sabe cuándo se está del lado bueno de las estadísticas, pero, como en lotería, más vale comprar el número si se quiere lograr el premio.
–Pues nada, abulto, doctor.
–No creo que sea vasco, lo habla muy mal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario