domingo, 15 de febrero de 2026

En-amor

 Hace tiempo que no me en-amoro. (enamorarse es entrar en amor por algo o alguien. Entrar en amor es, no amar, sino estar en disposición de hacerlo, esperar en el vestíbulo con el ramo de rosas en la mano ilusionado. Es querer que suceda, pero no saber qué tenga que suceder, es que haya sucedido siempre pero que nosotros no estábamos allí y al fin hemos llegado ). No ya de una persona, que conocer gente nueva se vuelve cada vez más precario–con la edad, me refiero, uno cada vez tiene más perfeccionado el encasillamiento de las personas, y es muy raro que aparezca alguien que no encaje en alguna de esas casillas. Y en cuanto uno cataloga algo, ya pierde su misterio, ya es otro miembro más de esa clase. No creo que uno pueda enamorarse de alguien que ya tiene perfectamente clasificado. Aunque las personas dan sorpresas: de pronto alguien rompe una cáscara y sale otra persona completamente diferente, y entonces sí, entonces uno tiene esperanzas de nuevo, pero ¿cuántas veces se da uno oportunidad de re-conocer algo que ya le resultaba demasiado conocido, que no se había preocupado de ahondar y era, tal vez todos lo somos para casi todos, demasiado superficialmente conocidos?–, sino de una música, de un autor, de una película o un director. Esa sensación  de haber conocido siempre –de haber querido conocer siempre– algo que acabas de conocer–que no sabías que existía, pero en cuanto lo has descubierto, has comprendido que siempre–, o esa más grata sensación –porque implica que tú has cambiado, que has mirado de otra forma, tal vez– de re-descubrir algo que hasta ahora te era completamente indiferente–esa cáscara que se rompe ante tus ojos y que te descubre, detrás de la apariencia cotidiana, indiferente, aburrida, un milagro, una luz–.

Y cuando ocurre…

La angustia de haber pasado toda tu vida sin haber sabido de eso, de haber perdido tu vida sin haberlo conocido, sin haber estado a su lado bebiéndole cada instante, la sensación de vida desaprovechada por no haberla vivido a su lado. Y el temor por cada momento que te perderás de estar junto a ella. El miedo a gastarlo de tanto uso, no sea que pierdas el estado de gracia; las reservas, las retenciones; y el constante deseo de volver a su lado.

Espero –ya no busco, pero aún espero. Supongo que hacerse mayor significa dejar de creer en los espacios en blanco de los mapas–, constantemente reencontrar esa sensación de sufrimiento delicioso– en el caso de las personas, deliciosas puñaladas; sin sangre, sin muerte y volviendo siempre a por más–, en los libros, en las canciones, en los actos mismos–una afición, un hábito–. Y sí, aún miro a las personas por si reconozco a alguna. Y en la esperanza–no, imposible esperanza– de que ella me reconozca a mí. Supongo que por eso uno sigue leyendo a nuevos autores y mirando películas raras y escuchando experimentos sonoros que a veces hay que dudar si llamar música. Supongo que por eso sigo soñando –no haciéndolo, desconfío de este viejo cuerpo, y de esa gastada realidad–con caminar. Supongo que por eso, aún le tengo aprecio a esta vieja vida.

Hay mucho engaño en esto. Muchas veces uno quiere haber encontrado. Y se esfuerza por que sea. Leyendo con atención el libro. Escuchando una y otra vez la canción. Mirándose dentro y queriendo sentirlo crecer, obligándolo casi a crecer. Pero pasa el tiempo y la semilla no brota. La has regado–tal vez con mucho entusiasmo–, has contado los días–veintiuno han pasado ya–, y la semilla no brota. Y entonces aparcas la canción en la carpeta–136 elementos–, aparcas el libro en la estantería–doble fila vertical y algunos en horizontal aprovechando el hueco de arriba–, vuelves a saludarla con los ojos de diario, “hola, qué tal”, y sigues viviendo como siempre, sin estado de gracia, sin nubes en los pies, sin saturación de colores. Como siempre. 




Escuché la canción en una película de Nanni Moretti. Y la tengo constantemente dándome vueltas en la cabeza. Es una de esas llamadas... podría ser.... Pero, no sé, seguí escuchando canciones de ella y no prendió como habían prendido antes Francesco de Gregori, Franco Battiato, Fiorella Mannoia, Edoardo Bennato, Richard Cocciante, Angelo Branduardi. Esto son mis "amores" italianos. 

 Y Kerouac, y Jerome Charyn, y Luis Landero, y Manuel Rivas, y Pessoa, y John Irving, y Isaac de Vega, y Camus, y Luis Mateo, y Alfanhui, y Platero, y La nave de los locos (Perirossi), y Pamuk, y Joyce, ....

Y todas las chicas de las que me enamoré, siempre como un tonto.

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