miércoles, 14 de diciembre de 2011

Sobre el trabajo. Un pasaje de René Guenon

"Contrariamente a lo que piensan los modernos, no importa cuál trabajo, hecho indistintamente por no importa quién, y únicamente por el placer de actuar o por necesidad de «ganarse la vida», no merece ser exaltado de ninguna manera, y ni siquiera puede ser considerado más que como una cosa anormal, opuesta al orden que debería regir las instituciones humanas, hasta tal punto que, en las condiciones de nuestra época, ocurre muy frecuentemente que el trabajo llega a tomar un carácter que, sin ninguna exageración, se podría calificar de «infrahumano». Lo que nuestros contemporáneos parecen ignorar completamente, es que un trabajo no es realmente válido más que si es conforme a la naturaleza misma del ser que lo hace, si se resulta de ella de una manera en cierto modo espontánea y necesaria, de suerte que no es para esa naturaleza otra cosa que el medio de realizarse tan perfectamente como es posible."
René Guenon. Iniciación y Realización Espiritual.  Sobre la "glorificación del Trabajo".

4 comentarios:

  1. Creo que te voy a pedir prestado este libro.

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  2. Bueno, esto ya lo decía la biblia: el trabajo es un castigo divino.

    ;P

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  3. La frecuente exaltación del trabajo, es decir, de la rutina, del horario fijo, de la limitación de la actividad humana a un cierto número concreto de tareas en un ámbito limitado también, sólo puede ser enaltecida, para que la asuman los demás, en interés propio o, solamente, por uno mismo si se es poco Persona.

    Hace siglos que dejamos de ser monos recolectores. Limitar a un Ser Humano, aunque sea durante no más de 8 horas diarias, a eso que llamamos trabajo es una humillación. No hablo de esas otras profesiones, tan poco habituales, que no merecen el nombre de trabajo. No me estoy refiriendo a esos. Me refiero a trabajos como el tuyo y el mío. ¿Saben de qué les hablo?. Imaginen a Picasso limpiando pisos, un día tras otro, por supuesto, no tiene tiempo para pintar; a Aristóteles, montando relojes en una factoría; a Einstein archivando contratos en un banco, a Madame Courie sonando mocos en una guardería con 70 niños.
    No, lo hacemos porque no nos queda otro remedio. Pero no hay derecho. ¡¡¡Son trabajos dignos!!! Gritarán los que se sientan ofendidos. No, no lo son. No nos quedan más narices pero no son tareas que deba hacer un Ser Humano. Estoy seguro de que el archivero es un gran poeta.

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  4. Y yo también, Juanjo, te lo puedo asegurar.

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