Este fue el grito que emitió Karl Schleienmaier tras volver de una sesión de hipnosis regresiva y descubrir que era su propio hijo. (En la fotografía Karl posa en su propia compañía satisfecho de haber recuperado a su única familia)
En mil novecientos setenta y ocho, Karl era un hombre solitario, sin familia. Debido a su condición física (feo) Karl no tenía posibilidad de relacionarse con el bello sexo, estaba habituado a la soledad y a resolver sus propios problemas. Tras una sesión particularmente gratificante de auto satisfacción sexual (Él la describió como “una paja gloriosa”), Karl concibió un hijo. Pero en aquellos días nuestra ciudad adolecía de un exceso de puritanismo, y Karl, como todo hombre solitario, era muy sensible al rechazo; así que hubo de tomar la única decisión que en aquellos momentos le estaba permitida, sin convertirse en un paria entre los parias, entregar a su hijo al convento de las Hermanas de la Concepción.
Las hermanas acogieron al niño con asco, porque lo encontraron tirado en el suelo junto una chapa y un chicle masticado. Pero a pesar de su condición de vírgenes supieron diferenciarlo, y lo criaron durante veinte años. Lo sometieron a una disciplina y un aislamiento tal que anularon completamente las habilidades sociales de Karl y así lo echaron a la calle, cumplida su mayoría de edad, cuando consideraron que sus obligaciones caritativas se extinguían legalmente. Karl sufrió mucho hasta que consiguió adaptarse a aquella sociedad hostil de la cual había estado a salvo desde poco después de su nacimiento, y para la cual el entrenamiento en la aún más terrible compañía de las monjas no le sirvió para nada. Pero consiguió integrarse en el ramo de los Tipos Ordinariamente Raros Pero EncajableS y consiguió estabilizar su vida.
Fue entonces cuando empezó a sufrir de terribles jaquecas y profundas depresiones que lo llevaron de bar en bar, de psicólogo en psicólogo y luego, cuando se le acabó el dinero, de psiquiatra en psiquiatra, a medida que era ingresado y expulsado de casas de reposo financiadas con dinero público, y clausuradas por falta de financiación.
Fue así como dio con el doctor Froilán Ramírez, un licenciado cubano de la escuela de las Gestalt Rusa que había trabajado con la KGB, como asesor de interrogatorios y luego, después de la Perestroika, había decidido continuar sus investigaciones a la par que devolviendo a la sociedad lo que ésta había hecho por él, como le dictaban sus ideales.
Prestó atención a los problemas de este hombre indiferente a todos, y supo diagnosticar en él un profundo remordimiento. Tras unas cuantas sesiones preparatorias de electroshock, que hubieron de interrumpirse por la súbita irrupción de la policía, a causa de las denuncias de la vecindad por los continuos cortes de luz, y los gritos de Karl que, pese a todo, respondía magníficamente al tratamiento, Froilán decidió recuperar otras líneas de investigación, de su época con los servicios de inteligencia soviéticos, que habían quedado repentinamente abandonados, y sometió al paciente a una hipnosis regresiva de la cual se obtuvo información suficiente para comprender el origen de sus padecimientos.
Hoy, gracias al injustamente despojado de sus titulaciones, doctor Froilán Ramírez, Karl es feliz consigo mismo, desarrolla una vida normal, y contribuye a la sociedad asistiendo como enfermero voluntario para ayudar en un centro de asistencia psiquiátrica sin ánimo de lucro que el doctor Froilán regenta en uno de los barrios más necesitados de la ciudad. Dios los bendiga a ambos.
EPÍLOGO
Tras este episodio regresivo, y el feliz reencuentro, Karl no interrumpió sus sesiones de auto satisfacción sexual, pero empezó a tomar precauciones higiénicas que le permitieron salirse de la rueda del Karma y alcanzar un estado de plenitud de conciencia más allá de toda existencia unitaria y fundirse con el cosmos.
El doctor Froilán se casó con su enfermera. Ambos siguieron trabajando en el centro de asistencia psiquiátrica sin ánimo de lucro hasta que se los comieron sus pacientes, poco antes de comerse entre ellos en una orgía gastronómicaníbal inexplicable hasta hoy. La policía llegó en el momento en que la bota del último hombre desaparecía por su propia boca sanguinolenta, la boca se relamía y se tragaba la lengua.
9 Óbolos Verbales:
¿El onanismo provoca la maldición de autoreproducirse uno mismo infinitamente? ¿Es esto una maldición o una bendición? A juzgar por el espantoso final, una maldición.
Yo os digo, sin empero, masturbaos a vosotros mismos porque si no, por su propia definición, ya no es masturbación.
Esa última frase destila la más arcana sabiduría
Chulísimo :)
Me ha gustado mucho.
Gracias C, P, esa era la intención. La parte filosófica es residual, nos sale sin querer a todos los grandes escritores
Freud haría una buena teoría del papel del subconsciente con este relato.
Lo que está claro es que hemos empezado el año pletóricos, ¡joder que sigamos así!
Conozco a unos cuantos pisquiatras/piscólogos muy eficientes...
Y si con ellos no es suficiente, puedo añadir algún cirujano...
Dejo una canción:
http://www.goear.com/listen/13b815e/cancion-de-amor-propio-ismael-serrano
Bien, esperemos a ver cómo evoluciona el paciente. Quiero decir que está en una fase del trastorno en la que no vale la pena gastarse un duro en su recuperación.
Publicar un comentario en la entrada