jueves 26 de febrero de 2009

Crisis

Escribió "tengo miedo de morir aplastado por una cobra". Luego lo leyó varias veces, varias veces, varias veces hasta que terminó por preguntarse "¿una cobra?", por un momento había perdido el significado de la palabra. Levantó la vista del papel y la paseó por la habitación. Al fondo, en un rincón, al final de la grieta que partía desde el techo, recorría toda la pared y se abría un poquito más a la altura del suelo un ratoncillo sacudía la nariz. Arrugó el papel con la intención de tirárselo, pero el ruido bastó para asustarlo y desapareció dentro de la grieta.
Se levantó y paseó hasta la ventana.
Dos cristales faltaban completamente, otros tres faltaban en parte. Uno estaba entero. Y por lo tanto era el que más polvo tenía encima por ambas caras. Con el dedo dibujó una cruz por el lado interior. Le pareció que hacía bonito la superficie que había quedado limpia y siguió limpiando con el dedo. La cruz se convirtió en un rectángulo. El dedo en un desastre. Se lo limpió en el pantalón y siguió marcando en lo sucio del cristal.
Al rectángulo le salieron brazos de los vértices que luego unieron sus trazos para formar un solidario círculo. Luego limpió el interior hasta convertirlo en una circunferencia de inmaculado cristal en medio de un mar de suciedad. ¿inmaculado? no, aquello no estaba inmaculado. Sacó un pañuelo del bolsillo, escupió dos veces en él y se aplicó a limpiar el cristal con minuciosidad. Cuando estuvo satisfecho sacó la mano por fuera, a través de uno de los huecos sin cristal y limpió la cara exterior con igual cuidado. Luego sacudió el pañuelo hacia la calle, lo doblo hasta formar un cuadrado y se lo guardó. El cristal estaba magnífico en medio de tanta mugre. Ahora se podía ver la calle a través de él.
Volvió a donde estaba sentado, que no era una silla sino una antigua caja de botellas de refresco Royal Crawn situada ante un bidón de plástico con una tabla encima que hacía de mesa. Sobre la mesa había un lápiz, unas cuantas hojas blancas y aquella arrugada que ponía "tengo miedo de morir aplastado por una cobra". La alisó como pudo, cogió el lápiz y escribió debajo.
"ya no te quiero"
luego más abajo
"a quién pueda interesar, ..." y un poquito más allá "a nadie" y nada más.
Se quedó mirando el hueco de la puerta. Era una habitación vacía bastante deteriorada, algunos cascotes en el suelo caídos del techo y de la pared. El hueco de la puerta no tenía puerta. Aunque la había tenido alguna vez si es eso lo que significaban las bisagras medio arrancadas que aún colgaban de la jamba. Más allá daba a un pasillo del cual solo veía una pared, pues transcurría paralelo al plano de la puerta. En medio de la habitación estaba él sentado a su improvisado escritorio.
Se hacía de noche y "la luz se escapaba por los huecos de los cristales rotos" pensó, y pensó que tenía que escribir eso también, pero no movió un músculo para hacerlo.

3 comentarios:

Juanjo Rodríguez dijo...

El texto éste me parece magnífico. ¿por qué? No sé bien. Crea un ambiente completo y sin embargo, deja incógnitas abierta sobre muchas cuestiones que he rellenado con suposiciones.

Mararía dijo...

Igual que en televisión interrumpen la emisión
para anunciar un brebaje o un masaje,
interrumpo mi canción y coloco aquí un mensaje.
Nos ocupamos del mar
y tenemos dividida la tarea
ella cuida de las olas
yo vigilo la marea
Es cansado, por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado
mis ojos en su costado.
No habrá parecido mal ya que no fue comercial
y es cosa que se agradece me parece,
en este mundo infernal
lo quien no compra perece.
También cuidamos la tierra
y también con el trabajo dividido
yo troncos, frutos y flores
ella riega lo escondido
Es cansado, por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado
mis manos en su costado.
Raro es que la verdad mediante publicidad
alguna vez se habrá paso
por si acaso ahora es la oportunidad
cuando el publico hace caso.
Todas las cosas tratamos
cada uno según es nuestro talante
yo lo que tiene importancia
ella todo lo importante
Es cansado, por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado
y mi voz en su costado.

Pues veras creo que la letra es de Joaquín Sabina y Mandrágora, pero no me hagas mucho caso...que gracias
a veces soy muy lenta, pero segura

Mararía dijo...

ja ja já sí estoy loca, loca, loca pero a qué me entiendes??